(1790-1815)
Época : Emancipación
Movimiento literario : Pre-romanticismo
Género literario : lírico, narrativo (Fábula)
Nombre completo : Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso

Nacido en Arequipa el 10 de agosto, poeta precoz, se cuenta que a los diez años traducía versos de Cicerón y los leía a sus compañeros de colegio.
A los 17 estaba ya en el Seminario de Arequipa listo para iniciar su teología, y es allí donde el Obispo Chávez de la Rosa le impone la primera tonsura y asciende a profesor de Retórica, Física, Matemática y Filosofía.
Más tarde en el Seminario San Jerónimo donde estudiaba con el propósito de seguir la vocación sacerdotal, traduciría a Virgilio, y bajo la influencia de estos y otros escritores empezó a escribir sus primeros versos. Siendo muy joven tuvo un idilio fugaz con Melisa (Manuelita Paredes) y después conoce a María Santos Corrales (Silvia) de quien se enamora, viaja a Lima, pero a su regreso se decepciona, su amante lo había olvidado.
Tuvo que romper los moldes de la educación clásica que recibió (Horacio, Virgilio) para encontrar en su voz un temblor romántico, estimulado por un amor imposible y un ardor patriótico. En 1814 se enrola en la huestes de Pumacahua; por eso viaja a Chuquibamba y milita como auditor de guerra.
Es un caso de poeta y mártir, pues murió fusilado por los españoles debido a sus actividades insurreccionales. Al juzgar su obra hay que tener en cuenta que es la de un hombre que murió a los 24 años, el 15 de mayo es fusilado luego de la batalla de Huamachiri (por estar comprometido en la sublevación de Pumacahua). Aunque escribió poesía filosófica, cívica y epigramática, es recordado sobre todo por su poesía amorosa, en la que destaca su Carta a Silvia (Ayacucho, 1827) y sus yaravíes. Silvia fue el gran amor de su breve vida y la idealizó e inmortalizó en versos doloridos. El mérito de sus yaravíes es haber adaptado al lenguaje lírico culto una forma popular mestiza, proveniente de fuentes indígenas y ya asimiladas al folclore musical de Arequipa, donde había nacido. Traspasados de simple emoción y dulzura, los del autor suenan con un timbre de sinceridad: la de un joven que confiesa, entre púdico y arrebatado, sus cuitas de amor. Su defecto es el limitado registro de esa voz: es una poesía de una sola nota y, siendo auténtica, tiende a resultar algo monótona.
YARAVÍ: (del quechua haraui, ‘canto’ o ‘poesía’) Forma de expresión lírica profundamente enraizada en nuestra idiosincrasia, su yaravíes manifiestan con marcado tono melancólico, el sentir dulce, tierno y triste con que le hombre de nuestras serranías expresa sus sentimientos amorosos.

PRODUCCIÓN LITERARIA

Soneto: A Silvia, A la mujer

Odas:
Al conde de vista florida
A la libertad, Al sueño
A la soledad, A autor del mar

Traducciones
El arte de olvidar – Ovidio
Geórgicas – Virgilio

Fábulas
El cantero y el asno
El ruiseñor y el calesero
Las abejas
El asno carnudo
La ballena y el lobo
Las cotorras y el zorro
El sol
El murciélago
Los gatos

Otros
1827 Carta a Silvia
Elegía I, II, III, IV, V

Leer para disfrutar...
EL ÚLTIMO ADIÓS
Si dos con el alma
Se amaron en vida
Y al fin el destino
Separó a los dos

Ya ves que es tan honda
la pena sentida
Que nada hay mas triste
que el ultimo adiós.

En esa palabra
que leve murmura
Y en ese gemido
que lanzan los dos

Adiós mi adorada
mi fiel compañera
Ya no volveremos
a vernos los dos.

Ni verse prometen
ni amarse se juran
Y en ella se dicen
para siempre adiós.

ELEGÍA I
¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¡Ay Triste! ¿Para qué? ¡Para trocarse
Mi dolor en más triste despedida!

Quiere en mi mal mi suerte deleitarse;
Me presenta más dulce el bien que pierdo:
¡Ay! ¡Bien que va tan pronto a disiparse!

¡Oh, memoria infeliz! ¡Triste recuerdo!
Te vi... ¡Que gloria! Pero, ¡dura pena!
Ya sufro el daño de que no hice acuerdo.

Mi amor ansioso, mi fatal cadena,
A ti me trajo con influjo fuerte.
Dije: "Ya soy feliz, mi dicha es plena".

Pero, ¡ay! de ti me arranca cruda suerte;
Este mi gran dolor, este es mi duelo;
En verte busqué vida y hallo muerte.

Mejor hubiera sido que este cielo
No volviera a mirar y sólo el llanto
Fuese en mi ausencia todo mi consuelo.

Cerca del ancho mar, ya mi quebranto
En lágrimas deshizo el triste pecho;
Ya pené, ya gemí, ya lloré tanto...

¿Para qué, pues, por verme satisfecho
Vine a hacer más agudos mis dolores
Y a herir de nuevo el corazón deshecho?

De mi ciego deseo los ardores
Volcánicos crecieron, de manera
Que víctima soy ya de sus furores.

¡Encumbradas montañas! ¿Quién me diera
La dicha de que al lado de mi dueño,
Cual vosotras inmóvil, subsistiera?

¡Triste de mí! Torrentes, con mal ceño
Romped todos los pasos de la tierra,
¡Piadosas acabad mi ansioso empeño!

Acaba, bravo mar, tu fuerte guerra;
Isla sin puerto vuelve las ciudades;
Y en una sola a mí con Silvia encierra.

¡Favor tinieblas, vientos, tempestades!
Pero vil globo, profanado suelo,
¿Es imposible que de mí te apiades?

¡Silvia! Silvia, tú, dime ¿a quién apelo?
No puede ser cruel quien todo cría:
Pongamos nuestras quejas en el cielo.

El sólo queda en tan horrible día.
Único asilo nuestro en tal tormento.
El sólo nos miró sin tiranía.

Si es necesario que fatal momento
Llegue... ¡Piadoso Cielo! en mi partida
Benigno mitigad mi sentimiento.

Lloro... No puedo más... Silvia querida,
Déjame que en torrentes de amargura
Saque del pecho mío el alma herida.

El negro luto de la noche oscura
Sea en mi llanto en solo compañero,
Ya que no resta más a mi ternura.

Tú, Cielo Santo, que mi amor sincero
Miras y mi dolor, dame esperanza
De que veré otra vez el bien que quiero.

En sola tu piedad tiene confianza
Mi perseguido amor... Silvia amorosa,
El Cielo nuestras dichas afianza.

Lloro, sí, pero mi alma así llorosa,
Unida a ti con plácida cadena,
En la dulce esperanza se reposa,
Y ya presiente el fin de nuestra pena.

PUES NO PUEDEN MIS CLAMORES
Pues no pueden mis clamores
mis cariños, mis suspiros,
cruel, ablandarte,
llegará el día fatal
en que pueda mi desgracia
horrorizarte.

Ya en eterno sentimiento
mis caricias has trocado
como inhumana
contenta estás con mi llanto
con mis martirios y penas
vives ufana.

Ya tu bárbara sentencia
tu crueldad y tu rigor
estoy cumpliendo;
mas me exiges que te olvide
y esto no podré cumplir
sino muriendo.

Y si después de la muerte
y en el funesto sepulcro
amor reinara
desde allí cual fino amante,
reunido con los muertos,
yo te adorara.

Al fin, cuando entre las ruinas
me mires, por tus rigores,
hechos cenizas,
no olvides, yo te lo ruego,
que fuiste el único objeto
de mis caricias.

SONETO: A SILVIA
Bien puede el mundo entero conjurarse
contra mi dulce amor y mi ternura,
y el odio infame y tiranía dura
de todo su rigor contra mí armarse.

Bien puede el tiempo rápido cebarse
en la gracia y primor de su hermosura,
para que cual si fuese llama impura
pueda el fuego de amor en mí acabarse.

Bien puede en fin la suerte vacilante,
que eleva, abate, ensalza y atropella,
alzarme o abatirme en un instante;

Que el mundo, al tiempo y a mi varia estrella,
más fino cada vez y más constante,
les diré: «Silvia es mía y yo soy de ella».

III. ANÁLISIS LITERARIO DE "A SILVIA"  .....................  [-- LEER MÁS --]

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