[Volver al índice de obras]

¡Malditos terroristas! ¡Cuánto más de nosotros quieren! se llevaron todo de nosotros .Ya ni chocitas existen, todo está muriendo de a pocos, las hermosa flor de retama va volviéndose amarilla, va marchitándose, los pastizales, las casas se van volviendo de negro. Así se desaparecía Soras lentamente cada uno de sus paisanos morían, como las hermosas flores de retama ,amarillas como el amanecer en las montañas ,que irradiaban felicidad, morían  lentamente en manos de una ola de injusticias.
Ya son otra vez las siete de la noche, Soras luce lúgubre, el sol apenas salió otro día de lucha por sobrevivir, me encuentro solo sin ningún motivo para vivir  solo como los perros en la plaza, que ya saben cuál es su final; morir en manos de esos malditos  o morir de hambre, porque ni cancha, ni mote hay; el hambre acecha con todos sin distinción alguna.
Aquí en mi tierra Soras, donde crecí, donde mi padre se sacaba la mugre por darme un pan para comer, donde encontré el amor y en un descuido se desapareció, se esfumó, se marchitó por culpa de ellos. Chaska ñadi piñacha mi gran amor, los dos éramos felices, ella era mi flor más hermosa que  irradiaba felicidad en mi corazón, pronto sería taita de una hemosa wawa que aún no nacía, pero ella, sufrió el atentado; yo no pude hacer nada, me encontraba en los maizales era temporada de cosecha y me había quedado dormido, era demasiado tarde, de pronto, algo me susurro al oído como si el viento me tratara de avisar algo, me despertó, me levanté y vi el horizonte, y notaba que el cielo estaba oscuro, los pájaros cantaban nostalgia y el aire susurraba un silencio profundo, no lo pensé más y corrí, fui a buscar a mi Chaska ñadi piñacha que estaban esperándome, en mi corazón sentía que me apuñalaban ,sentía que una parte de mí moría, quería verla; llegué y todo estaba oscuro, la neblina bajada y no se divisaba nada, el silencio era muy profundo y la  brisa llevaba consigo  un olor a muerte, todos estaban amontonados, en la iglesia, las casas, las escuelas; mientras avanzaba, el escenario era peor, miraba niños, ancianos que yacían muertos ,ensangrentados, fueron atacados por un furioso zorro, que solo buscaba satisfacerse como dé lugar ,caminaba y no podía creer lo que miraba ,era una escena de terror, y la encontré tirada ella, estaba cubierta  de sangre, la abracé y lloré no podía creerlo, se llevaron a mi hermosa flor, Chaska ñadi piñacha, ellos me quitaron todo lo que tenía; ahora no hay nada, no hay nada para mí, aquí es tierra donde el más furioso y hambriento zorro ataca y no tiene misericordia de nadie, ¡malditos terroristas! Zorros que  van por ahí matando para satisfacer su ira, para hacer de este país suyo, dando miedo a todos, con sus coches bombas causan grandes dolores en nuestras familias, mi wawki quien iba ser padre de un hermoso bebé, yace muerto, tirado así como a él y a mí nos quitaron todo; nuestras familia, nuestra vida .Muchas personas que yo conocía pagaron con sus vidas el solo hecho de estar  allí, frente a ellos,  esta incapacidad de este gobierno jodido .Me escondí en mi casa y  llevaba  muchos días sin poder probar un pedazo de carne, me alimenté tan solo de un poco de cancha y mote, que  mi esposa cocinó la última vez, aún ya recuerdo los días de carnaval en mi casa, mi esposa cocinando su exquisito Hapchi y el cuy , ese cuy chactado que jamás volveré  a probar .Ay mi chaska ñadi piñacha ,tú eras mi motor de vida; mi niñucha no te pude conocer, tan solo faltaba unos días para poder verte mi niñucha, hubieras sido la más hermosa de todas , hubieras sido como tu mamitay .
Pero esto no se va a quedar así tomaré justicia por ti .Por todos los que murieron en manos de esos malditos. Me arrancaron mi vida, se lo llevaron todo, y aquí me tienen sufriendo como perro callejero.
Me levantaré para hacer justicia, así  poder sentir esa paz que mi alma me clama, haré que todos se den cuenta de ese dolor que las familias soreñas sentimos, haré que la verdad se sepa.
Decidí salir en busca de justicia, hacer notar el dolor que mi pueblo de Soras grita y que nadie logra escuchar. Aunque esto sea lo último que haga, lo haré, haré pagar tu muerte y la de mi niñucha.
Las calles se ven calladas ya casi nadie pasa por ahí solo algunas personas, no se quienes podrán ser ¿serán senderistas? ¿Militares o personas que tratan de encontrar a los cuerpos de sus familiares?, pasaron ya pocas semanas del ataque, y muchos cuerpos aún no se encuentran pareciera que la tierra se los hubiera tragado, y sin poder encontrar ningún rastro, desaparecieran.
Traté de buscar a mamá Theodora, me escabullí, corrí lo que más rápido que pude fui a su casa ella se encontraba muy mal, ya no tenía ganas de vivir, se hallaba viviendo sol; el tata Máximo había sido fusilado por unos terroristas en frente de su mujer, tan solo por no aceptar las reglas senderistas. La pobre quedó desconsolada por su muerte, él fue el único que ella amo; ahora que se encontraba sola creía que ya nada tenía sentido, quería ir al hanaq pacha junto al taita,su corazón dentro de ella iba m uriendo, se veía muy flaca, ya hacía mucho tiempo que tampoco comía; lo único que llegaba a tomar era un poco de chicha malograda y algunos panes secos que guardaba por ahí. La vi; le dije lo que iba hacer, le prometí que tomaría justicia por su esposo y por todas esas viudas campesinas.
Dejé a mamá Teodora y me fui para la plaza, por ahí pasaban algunos camiones que se iban para Lima, me escabullí entre los demás y logré entrar al parecer, llevaban sacos de trigo, esos malditos se están llevando la cosecha de las pobres viudas que con tanto esfuerzo lograron cosechar. Pasaron las horas, para mi suerte el camión no paró. Por un pequeño huequito se podía ver que ya era de mañana, el sol salía para irradiar calor a esas personas desconsoladas que iban gritando justicia, escuché que el conductor  se bajó y de un vuelo me bajé del camión. Nadie lo notó, corrí lo más rápido que mis piernas puedan resistir .Me escondí, por dentro de las multitudes no conocía a nadie era una inmensa ciudad, pude ver a un hombre que al igual que yo se escabullía, es así que conocí a Marco, primero cuando me vio pensó que era un senderista; entonces me empezó a pegar y yo como sonso me quedé, inconsciente.
Al parecer al final se dio cuenta porque me llevó a su casa donde me curó, ni vi por dónde me llevó, solo escuchaba una paz infinita como las que se escuchaban allí en Soras, cuando subía por las montañas a tocar los vientos, donde el aire cantaba, donde los pájaros jugaban por lo muy lejos, donde las más hermosas flores pintaban los suelos de amarillo, donde todo era felicidad.  Al rato reaccioné, me pidió perdón, me dijo que tenía rabia se sentía impotente de lo que estaba sucediendo, el al igual que yo perdió a su hijo de tan solo cinco años, me contó que el pobre niño salió por las calles mientras que se estaba realizando un ataque senderista, y  una bala lo alcanzó.
Vi como sus ojos se empaparon de lágrimas y su dolor le rompía el alma, yo también le conté mi historia y lo que iba hacer porque la justicia se cumpla. Me miró y se rió, me dijo que así no lograría nada, que aquí las cosas se arreglan a puños y el que más fuerte e inteligente  lograra vencer.
Los dos teníamos hambre de justicia, los dos perdimos a lo que más queríamos en manos de unos malditos, que piensan que matando gente lograran conseguir dominarnos; así que él me propuso un plan  que parecía descabellado, pero eficiente, solo los valientes lo harán me dijo entonces hagámoslo le respondí.
La mayor autoridad de los senderistas era Abimael Guzmán, un hombre frío y sin corazón .Él me dijo que si queríamos que todo termine deberíamos terminar por la cabeza; me propuso ir a vigilar a su casa, no recuerdo el nombre de donde quedaba, así que una noche junto al logramos ir la vi era una casa enorme, allí se encontraban los cabecillas.
Marco me dijo que se adueñaron de varios lugares y uno de esos era Surquillo, entonces, nos trepamos por  las paredes; eran casi las once, ya todos se encontraban ya durmiendo. Miraba el horizonte y todo estaba destruido, todo había sido por culpa de esos malditos zorros, que buscaban saciarse con lágrimas, con dolor con muerte. Miramos  un cuarto con la luz en encendida, entonces Marco me mostró un par de  dinamitas que él llevaba en su mochila me dijo que quería tomar justicia, y que haría que las personas que sufrieron tengan paz, en ese momento pensé en mi pueblo ,en mi chocita, en mi chaska ñapi niñacha, en mamá Theodora, en las almas desconsoladas de esas madres, mujeres, que buscaban a sus flores arrancadas, tiradas y maltratadas, entre los pastizales de Soras, buscaban a sus hijos, a sus esposo, flores hermosas que sufrieron las furia de unos malditos zorros que querían poder, que querían manchar de negro a un país, que querían arrancar almas para sentir esa felicidad que causaba dolor a los demás; se  fue corriendo yo lo seguí me dio la dinamita y sentía mi corazón acelerase en ese momento pensé en mi hija en mi esposa y en todos los soreños. No lo dudé entramos y vi su rostro, nos vio, se sorprendió y le grité ¡maldito ahora sufrirás tú! la furia me ganó y Marco y yo prendimos las dinamitas. Logré vengar a mi pueblo y a todas las familias que sufrieron. Las almas con sed de justicia pudieron ir al hanaq pacha, para disfrutar la gloria disfrutar la paz, desde ahí deslumbrarían  paz a sus familias desconsoladas; La luz brillante del sol acariciaba a las personas para darles fuerzas para seguir, las familias se juntaron y los pueblos dejaron de ser negros para volver a ser de colores como los carnavales; los pájaros cantaban cánticos de gloria y el paisaje se pintaba de felicidad.
Desde aquel momento las heridas se van cerrando poco a poco, aunque en los corazones aún queden cicatrices que dejarán profundas marcas.

Seudónimo: Isabell