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Lo había conocido hace un par de años, cuando asistía a mis clases de francés. Habíamos entablado una buena amistad, salíamos a comer en grupo, él me acompañaba cierta parte del camino. Bromeábamos y hacíamos los trabajos en clase juntos. Era perfecto, nuestra amistad era la mejor del grupo, sobre todo cuando solo éramos los dos. Ya íbamos a terminar el curso, era hora de las despedidas. Una de nuestras compañeras nos facilitó un viaje al Colca, nuestro “viaje de promoción”  Pasamos un buen fin de semana juntos. Antes de no volvernos a ver él me besó, supongo que a modo de despedida. Lo que él no sabía es que yo estaba enamorada de él, y que sabía que probablemente no volvería a verlo, por lo que guarde su recuerdo.
Había pasado ya un año y creía verlo en todos lados. Pero al observar mejor, me daba cuenta de que no usaba negro o sus rizos no eran tan definidos.
Una tarde mientras caminaba con mi amigo Bryan, lo divise en la lejanía. Algo dentro de mí me decía que era él. O podía ser el hambre, pues ese día aún no había almorzado. Mientras lo observaba, al parecer se dio cuenta de que lo estaba observando. Nuestras miradas se cruzaron y a pesar de que fue solo un segundo, ese segundo fue suficiente para reconocerlo. Me intente acercar a él, pero mi voz de la razón, en este caso Bryan increpó mi actitud.
—Acaso te has vuelto loca —dijo enojado— Ni siquiera he podido ir a comer, ni hablar de ir a buscar a tu no tan seguro “Jon Snow”.
—¿Jon Snow? —intrigada le pregunté.
—Siempre hablabas y decías que se parecía a él —me dijo Bryan.
Recordé aquellos tiempos en los que solo pensaba en André, el chico de mi clase de francés. Recordé ese instante en el que cruzamos miradas. Tomé mis cosas, deje a mi amigo atrás, y fui en su búsqueda. Después de varios minutos, en los que no vi un indicio de su presencia, decidí ir a comer algo y volver a mi casa. Resignada, caminaba sola, ya que Bryan se había ido sin mí, estaba por salir de la universidad y en eso sentí que alguien tocaba mi hombro, era él.
No podía creerlo, después de tanto tiempo buscándolo, al fin lo había encontrado. O bueno él me había encontrado a mí. Solo podía verlo, porque no sabía que decirle, al parecer él tampoco, estaba nervioso.
Traté de calmarme, e intente que él también lo hiciera. Después el me acompaño, hasta que llegó el momento de la despedida. Personalmente, yo no sabía si esta iba a ser la última vez que lo veía, o solo iba a ser el comienzo de algo más grande. Supongo que adivinando mis pensamientos, él murmuro algo que no alcance a escuchar. Él vio mi cara de confusión y lo repitió, esa vez solo lo escuche y no lo entendí, pero ahora entiendo que la respuesta siempre estuvo en mi corazón, y esa respuesta no iba a tardar en demostrarme que era él de verdad.
Una semana después de aquel encuentro, Bryan ya había conocido a André. Según sus propias palabras no era tan “especial” como yo se lo había hecho creer. Le comente eso a André, el solo se río y dijo
—¿Qué cosas le habrás dicho de mí?, quizás hasta lo ilusionaste y ahora busca a alguien como yo —dijo entre carcajadas. No pude evitar reírme con él, pues estábamos en medio de la facultad riéndonos, mientras Bryan nos miraba con cara de pocos amigos.
Unos meses más tarde, habíamos ido a comer, siempre con Bryan, pues la única persona en la que mi madre confiaba era en él.
Pero una  noche, Bryan salió con su novia Mabel, después de haber estado varios años intentando ser tomado en cuenta por ella, por lo que André y yo decidimos ir juntos al Colca, para recordar aquel 1er viaje que tuvimos juntos, llegamos, fuimos a visitar los baños termales, y un día después de haber llegado, decidimos bajar hacia el cañón del Colca, por la ruta de Ciro Castillo. Decidimos no ir con un guía para hacerlo más real, al comienzo todo iba bien, comenzamos bajando por diferentes sitios, pero poco después nos perdimos.
Estuvimos una semana desaparecidos, perdimos clases, estuvimos a punto de desaprobar el semestre, nuestras familias estaban preocupadas. Tratamos de mantener la calma. Fueron a buscarnos, pero André estaba muy débil. Creí que sería la última vez que lo vería. Antes de separarnos le di un último beso de adiós, y solo le dije “La respuesta está en tu corazón”.
Me pareció verlo sonreír. Sabía que probablemente no lo volvería a ver. Por ahora solo vive en mi memoria, mientras él esté bien, yo estaré bien, pues la respuesta siempre estuvo frente a mí. La respuesta estuvo en mi corazón.

Seudónimo: MAFQ