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Era una oscura noche de luna llena, estaba caminando tranquilamente en la calle después de salir de mi trabajo como vigilante del banco, eran las 3 de la mañana cuando escuché los gritos agudos de una mujer no muy lejos de donde yo estaba. Corrí lo más rápido que pude con dirección a donde provenían los gritos, una casa vieja en la calle Winston, las luces estaban encendidas y las puertas abierta. Entre sin pensarlo dos veces, no me imaginé que estaba a punto de convertirme en testigo de uno de los peores crímenes que alguna vez sacudieron la  ciudad.
La víctima era Marie Beltrán una mujer de aproximadamente 25 años, de estatura media, cabello castaño y  de clase acomodada. Los motivos del crimen eran desconocidos. Nadie podía creer que alguien había sido capaz de tal crimen en contra de una mujer como ella, una activista de los derechos de los animales, buena con los niños y que le gustaba apoyar en su comunidad.
Al amanecer de ese mismo día, ya me encontraba en la estación de policía siendo interrogado por un detective.
—¿Qué fue lo que vio?—me preguntó.
—La verdad no mucho —respondí
—¿A qué se refiere con eso? —volvió a cuestionarme.
—Lo único que vi en la escena del crimen fue el cuerpo ensangrentado de la señorita Marie tirado al lado de la chimenea del salón principal.
—¿no pudo ver al sospechoso?
—No
Después de esto nos despedimos y pude regresar a casa con mi familia, ya no quería tener nada que ver con este macabro crimen.
Unos días después llego a mi buzón de correo una carta sin remitente que decía:
“no creas que estás a salvo, tú podrías ser el siguiente o tal vez tu queridísima familia”.
Obviamente esto me asustó, por lo que acudí a la estación de policía, ahora este asunto era personal, no podía dejar que alguien le hiciera daño a mi esposa o a mi hijo. Entre a la oficina del jefe de la estación.
—Quiero ayudarlo en la investigación —dije al entrar.
— ¿En serio cree que estoy para bromas? —añadió exaltado— toda la prensa esta sobre mí, no estoy de humor para escuchar las tontería de un vigilante de banco entrometido.
—usted no lo entiende mi familia…
—Qué familia ni nada —me interrumpió.
—si quiere que su familia este a salvo, lo mejor será que no se entrometa —finalizó.
No logré siquiera que me escuchara, pero estaba dispuesto a arriesgar incluso mi vida con tal de mantener a mi familia a salvo del asesino de la calle Winston que es como los medios habían bautizado al asesino de Marie.
Adelanté mis vacaciones del trabajo para poder investigar por mi cuenta la escena del crimen que yacía abandonada por la policía por alguna razón que desconocía, aun así, entre a hurtadillas por precaución. Al interior de la casa estaba marcado el lugar donde había estado el cadáver, nada parecía haber cambiado desde la noche en la que encontré a la señorita Marie, las cortinas y vidrios rotos, los cuadros y retratos de las paredes seguían regados en el piso y por supuesto las manchas de sangre en las paredes.
Intenté buscar algún indicio pero aparentemente la policía se había llevado ya lo más importante a excepción de un papel un tanto quemado que yacía cerca a la chimenea. Lo levante con cuidado y al observarlo detenidamente pude constatar que la letra de esa carta era idéntica a la que me había llegado a mí días antes, pero esta decía:
“si crees que te tengo miedo estas muy equivocada, no dejaré que le cuentes a nadie lo que sabes de mí”.
Pero, ¿qué podía saber Marie que impulsaría a alguien a asesinarla tan cruelmente?, le habían cortado el cuello y luego le dado 10 puñaladas en el pecho, querían asegurarse de silenciarla para siempre.
Al día siguiente, regrese al departamento de policía con el fin de informarle al detective de mis hallazgos en la escena. Por supuesto, no me quiso recibir y solo mandó a un agente a sacarme por la fuerza del lugar.
Al salir de allí me dirigí a la morgue donde trabajaba un amigo que conocía desde que estábamos en la escuela secundaria, había estudiado medicina forense y ahora trabajaba en la morgue de la ciudad. Le pregunté si podía decirme algo sobre la autopsia de la señorita Marie —No creo que pueda decirte mucho, pero lo más interesante que pude ver durante la autopsia fue que en una de las manos de la víctima había un poco de cabello —dijo.
—¿Cabello?, pero ni los medios ni la policía ha informado nada de eso —le respondí.
—Esa ya no es mi rama, de eso se encarga el departamento de investigación —finalizó.
La escena del crimen abandonada, evidencias de las nadie que sabe nada, ¿qué está pasando aquí? Me pregunté mientras me dirigía a casa.
—Hola querido —me saludó mi esposa al llegar a casa— ¿Cómo te fue hoy?
—Bien —respondí.
Mientras hablaba con mi esposa escuche en las noticias de la televisión:
“Esta tarde fueron hallados los cadáveres de 2 policías que investigaban el caso de la noche roja”.
—¿La noche roja? —dije sorprendido.
—Es el nombre que le dieron los medios al asesinato de la señorita Marie —me respondió mi esposa.
Policías que investigaban estaban muriendo, esto demuestra que el asesino no quiere que nadie investigue, pero ¿cómo sabía exactamente qué agentes estaban asignados a la investigación?, la única respuesta que se me ocurrió en ese instante fue que el asesino debía ser un policía, pero que motivos tendría un policía para asesinar. Tuve que ordenar mis ideas.
Recordé que días antes del asesinato la señorita Marie había participado en una marcha pacífica contra los actos de corrupción dentro del departamento de policías de la ciudad, recordé las declaraciones que dio a la prensa:
“No podemos seguir apoyando a una institución que está podrida por dentro, he estado investigando y en los próximos días haré pública una lista con los nombre de los policías implicados. Concluyo diciendo: cuando la reina caiga las obreras le seguirán”.
Por fin pude entender todo. Cuando la reina caiga las obreras le seguirán, eso fue lo que dijo, no había entendido nada hasta ahora. Por eso la escena del crimen estaba abandonada, la reina ordenó no investigar y a los que se negaron a obedecer, también tuvo que silenciarlos.
Salí presuroso de casa sin despedirme, corrí hacia el departamento de policías con el fin de encarar al culpable de tan macabro crimen. Entre intempestivamente a la oficia del jefe de policías.
—¿Por qué lo hizo? —pregunté gritando.
—¿A qué se refiere? —respondió.
—No se haga el loco conmigo, sé que usted asesino a la señorita Marie —grite.
La oficina se quedó en silencio. Lo único que pude ver después fue al detective apuntándome con un arma.
—Le dije que no se entrometiera en asuntos que no son de su incumbencia —gritó el detective— no dejaré que un estúpido vigilante destruya todo lo que he logrado.
Después de esas palabras, sentí un impacto en mi pecho, la sangre brotaba a borbotones.
—Se acabó el juego señor Johnson —dijo antes de dispararme nuevamente.
En mi agonía, solo puede ver unos policías entrando a la oficina donde estaba, hablaban entre ellos sobre como deshacerse de mi cuerpo. El jefe ordeno que cremaran mi cuerpo y que desaparezcan todas las evidencias.
Pude resolver el caso, pero el costo que tuve que pagar fue mi vida. Lo único de lo que me arrepiento es de no haberle dado un último beso a mi esposa, decirle por última vez que la amo, decirle que protegerla a ella y a mi hijo fue la razón por la que decidí resolver el caso de la noche roja.
Seudónimo: Therminus