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En un pueblo al sur de nuestra ciudad un abuelo contaba a sus nietos esta historia y pasó de generación a generación hasta que llegó a mis oídos y luego puedo contar lo siguiente.
Cierta  vez un señor que tenía una hija que ya estaba señorita, iba a lavar la ropa al rio que pasaba cerca de la humilde casa donde vivían, un león la miraba de lejos y casi un buen tiempo contemplaba su belleza,  se enamoró de esta bella señorita,  este tramaba robarla hasta que lo consiguió, se la llevó a una cueva y la encerró en ella, entonces la joven que vivía en la cueva casi a oscuras noto que le empezó a  crecerle lana, luego con el paso del tiempo este la tomo como mujer y pasaron los días meses hasta que ella concibió un hijo del  león al cual lo llamaron Oso.
Pasó el tiempo y creció y quiso salir al campo a conocer lo hermoso que era pero el león celoso los tenía encerrados a él y a su mamá en la cueva, para que no pudieran escapar, entonces a la mañana siguiente Oso le dijo a su papá.
Papá, papá quiero que me compres una vaquita de siete colores y el león como quería a su hijo se fue muy temprano en busca de la vaquita de siete colores.
En ese momento la madre y Osito salieron de la cueva logrando escapar junto a su madre, temerosos pero con las ganas inmensas de ser libres comenzaron la caminata,  luego de largas horas de camino  encontraron un pueblo donde había una hermosa  iglesia entraron en ella y temerosos llamaron al párroco.
La mamá de Oso le pidió trabajo al señor cura, y este le pregunta:
—Y  ¿este niño?
Ella responde:
—Es mi hijo.
—Y cuál es su nombre —pregunta el cura.
A lo que ella responde:
—Se llama Oso.
—Hay que bautizarlo y le pondremos de nombre Juancito el oso.
Sorprendido el cura por el aspecto de Osito la madre entristecida conto la triste historia. (Osito tenía aspecto de niño solo su cabellera era la de un león).
Juancito el oso tenía que tocar todos los días las campanas, subía muy de prisa al campanario y se deslizaba cada vez con mucha más  fuerza las campanas, debido a que  este comía demasiado, entonces el cura ya no podía seguir teniéndolo en el campanario, es así que le encargo otro trabajo,  lo mando a traer leña al monte con el fin de que ahí las fieras se lo comieran Juancito paso un día,  dos y no venía.  Su madre lloraba por la ausencia de su hijo pero  el cura se alegraba al   pensar que ya no regresaría, pero al amanecer del tercer día el cura se sube a lo alto de la iglesia y con su larga vista mira hacia al monte  ve que Juancito el Oso venia y para su sorpresa venía con leones y tigres cargados de leña.
El cura cerró la puerta y cuando llegó Juancito el Oso no le abrían la puerta, entonces Juancito el Oso los empezó a lanzar uno, por uno a cada león y tigres por encima de la puerta.
Sorprendido pero temeroso el señor cura pregunto lo que paso a lo que Juan contestó. Estos animales se comieron mis burros y por eso les cargué la leña y los obligue a que la trajearan, el cura sorprendido y preocupado le dice:
—Llévatelos de retorno  al monte.
Creyendo que en el camino se lo comerían a Juancito el Oso pero no fue así.
El cura contrato a cien hombres para que lo desbarranquen de la torre del campanario y el cura le dice Juan corre y toca las campanas y Juancito sin saber lo que le esperaba subió a tocar las campanas en ese momento los cien hombres se acercan para desbarrancarlo pero no pudieron y el con su fuerza animal los desbarranco a los cien hombres y toco la campana y bajo y le dijo al cura, padrecito unos hombres  me quisieron matar lanzándome del campanario hacia el vacío, pero me defendí y yo los maté.
El padre sorprendido dijo:
—Pero Juan, ¿qué has hecho?  Ahora abre un hueco y entiérralos y vienes que tengo que hablar contigo.
Juancito el Oso con sus uñas abrió un profundo hueco y los enterró y fue donde el señor cura y  le dijo:
—Hijo ya no tengo trabajo para ti que puedo hacer para que te vayas.
A lo que Juan contestó:
—Señor cura cómpreme un traje de fierro, zapatos de fierro un casco de fierro y un látigo.
El cura quedó estupefacto a tal petición pero con tal de deshacerse de él se lo compro con el único fin de que se vaya. Paso  los días hasta que el cura lo consiguió  y Juancito el Oso se fue. Luego de caminar varios días llego a un pueblo donde toda la gente vivía asustada y Juancito les pregunto a unos de los aldeanos ¿por qué viven asustados? A lo que ellos contestaron:
 —Es que hay un condenado.
Juancito el oso les dijo:
—Yo les ayudaré.
Y  lo que la gente  le dijeron que ese condenado se comía a los animales y a la gente. Entonces el jefe converso  con él y le dijo:
—Nosotros te daremos todo lo que pidas a cambio de que mates a ese condenado y Juancito el Oso les dijo solo quiero cinco corderos, cuatro gallinas y una vaca  para comérmelos.
Ellos juntaron lo que este pedía, Juancito se fue a descansar a la iglesia porque ahí estaba el condenado y se Puso a descansar y cuando el cansancio lo venció se quedó dormido y a eso de las doce de la noche el condenado comenzó a llorar lanzando unos tristes aullidos  comenzó a decir:
—Cuando estaba vivo me comía estos higos ahora que estoy muerto me lo como al tuerto, “hay caigo no caigo”.
Y Juancito dice estos santos no me dejan dormir y se va para otro lado y otra vuelta el condenado comienza a llorar y decía “cuando estaba vivo me comía estos higos ahora que estoy muerto me lo como al tuerto”, “ hay caigo no caigo” y Juancito el oso sin moverse de donde estaba le dice cae pues y cae la mitad del cuerpo del condenado y seguía repitiendo la misma frase  y Juancito le dice cae pues  y cayo todo el cuerpo y Juancito se sentó y el condenado comienza a pegarle a Juancito el Oso y Juancito a látigos lo hizo hablar y el condenado hablo.
Yo he robado mucho le debo a medio pueblo corre a mi casa detrás de puerta escarba hay  tres chombas de oro y dos de plata paga a todos los que les debo y lo demás es para ti y luego el condenado le dio las gracias y le dijo me has salvado y  el condenado se desvaneció y se convirtió en polvo y desapareció.
 Juancito el oso alegre por su triunfo subió a lo más alto del campanario, toco las campanas y les dijo a todos los pobladores.
—Escuchen ya el condenado nunca vendrá a molestarlos ahora ya pueden vivir felices  ya llegamos a un acuerdo con este. Juancito el Oso fue a la casa de este hombre que se condenó y saco las tres chombas y las repartió entre la gente del pueblo siguiendo las instrucciones que le dio el condenado, todos en el pueblo se pusieron felices  y fue Juancito el oso se desapareció en medio de los matorrales del pueblo y se perdió.
Después de mucho tiempo de soledad pensaba y se preguntaba el porqué de su aspecto y a la añoraba el recuerdo de su madre y cierto día decide ir a buscarla cuando regresa su madre abre los brazos y estrecha a su hijo. Ella le pregunto sobre lo que hizo todo ese tiempo, él le conto todas sus hazañas pero la  inquietud que lo acompañaba lo hizo que le preguntara a su madre sobre su apariencia.
La madre conto aquella terrible historia pero él le pregunto si ella amaba a su padre a lo que ella respondió con llanto en los ojos que sí. Entonces los ojos de Juan se llenaron de alegría y decidieron regresar en busca de su padre.
De regreso a aquel pueblo ella narraba todas las experiencias que paso con su padre. Cuando ya estaban cerca de la cueva ingresaron en ella y encontraron a un triste león que alimentaba a una hermosa vaquita de siete colores y al verlos este respondió.
—Hijo mío llegaste aquí esta lo que tú un día me pediste.
Juan abrazó a su padre y con llanto en los ojos le dijo:
—Padre discúlpanos por abandonarte yo planee  esa huida para que mi madre deje de llorar.
 La madre lo abrazó y le dijo que se quedaría con él; paso los días y este enorme león murió quedándose solos Juancito del oso su madre y la vaquita de siete colores.
Seudónimo: Luis