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En muchas mañanas de letanías tristes y amargas,
vi sonreír la vida, la dulce vida llena de congojas
y en mis entrañas más profundas e inexorables,
sentí el dolor de la indiferencia en esta dura vida,
una dura sociedad donde el justo termina en la hoguera.

En cada latir extraordinario de mi corazón entristecido,
el duro sentir de la injusta vida, lloraba aquella indiferencia,
y a mis ojos veía crecer la alegría de la inefable maldad,
y en cada paso de mi alma sentí la carencia de la solidaridad
a mi tristeza estrujada por la decidía de las personas.

Los valores… ¿de qué valores me hablas tú?
si a cada pedido de bondad siempre volteas la mirada,
si a cada pedido de humildad elevas tu arrogancia al infinito,
si a cada pedido de amor, la maldad en tu corazón sonríe,
si a cada pedido de gracia, haces la desgracia en el mundo.

Cuanta insania dura existe en este mundo,
plagado de inocencia en las miradas de las personas,
mirar no quisiera lo que ya he mirado… tu arrogancia
y donde queda … la humildad?
se nos perdió en la inexistencia de la bondad tal vez?… No lo sé.

Pero hoy… hoy hago un llamado desde mi noble corazón,
a aquella juventud perdida en los antivalores,
a aquella juventud hambrienta del quehacer digital,
a aquella juventud que de vidas pasadas,
aún no sabe nada,
hago un tórrido llamado:
la vida ya no es lo que antes era,
la vida ya no es el mismo sendero existencial
la vida, hoy es el camino al cruel destino, 
hermanos míos cambiemos el sendero,
rehuyamos a aquel mundanal camino
aprendamos… 
¡aprendamos a vivir como hermanos y en armonía
¡Aprendamos a practicar nuestros valores!

Seudónimo: Antoniana