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Cuenta mi abuela hace tiempo de la existencia de dos hermanas lagunas. Una se llamaba Q´ueullacocha y la otra Q´omercocha.
Q´ueullacocha tuvo una hija producto de un rayo, esta hija era humana, muy hermosa a diferencia de las otras muchachas del lugar.
La joven un día salió de su mamá Q´ueullacocha a un corral a hilar y tejer. Por otro lado, un mensajero que pasaba por allí llevaba de Coyllurqui a Occoruro una carta.
Al pasar el joven cerca del corral vio a la chica que estaba tejiendo con lanas de llama. Cuando la vió, el mensajero quedó profundamente enamorado de la chica y entonces empezó a coquetearle, molestarle y finalmente la chica también le correspondió.
Después de este enamoramiento, un día la chica le dijo al joven que fueran a Ccochapata a entrenerse en un juego que consistía en vendarle los ojos al joven. Entonces de esa manera sin que se diera cuenta el mensajero, la chica lo metió en las profundidades de la laguna de Q´ueullacocha para presentarles a sus padres. Estando dentro de la laguna, vino su padre, el rayo y mientras  Q´ueullacocha y su hija cocinaban, el rayo  preguntó:
—¿Qué está oliendo tan feo? Pofff , ¡apesta!…
—No, no es nada —decían la madre y la hija; sin embargo era el olor del joven humano que para el rayo era insoportable.
Después el rayo se retiró y Q´ueullacocha  de inmediato les dijo que se fueran y no vuelvan nunca más, porque si su padre le encontraría al joven lo mataría. Pero antes que se retiren le entregó a su hija 12 costalillos de oveja;  introduciendo en cada uno de ellos “Quillinza” (brasa o carbón), incienso y coca; para que luego los entierre en Huaraccopata dentro de la pachamama.
Al día siguiente al amanecer aparecieron de la nada un montón de llamas, ovejas y chozas.
Por un tiempo la pareja vivió muy feliz. Tuvieron un bebé y al mismo tiempo una llama había parido una hermosa llamita de colores intensos como el oro en el cuello y le llamaron Q´ori Kuncata. Nunca antes habían visto una llamita con esos rasgos.
Así que el mensajero muy emocionado fue a comprar coca y vino para hacer el “Tinkaska” en señal de agradecimiento a los Apus. Mientras tanto la mujer se quedó tejiendo y no le cuidó a la llamita y por desagracia el cóndor se la comió.
Cuando el mensajero regresó ya no encontró a su pequeño camélido, echándole la culpa a la chica por su descuido. Entonces el mensajero empezó a golpearle a la mujer y a su pequeño y de tanto miedo la joven se escapó con su bebé dirigiéndose a su tía Q´omercocha porque su madre Q´ueullacocha le había advertido que nunca más volviera donde ella.
Luego la joven mujer sacó su huancar y tocó para advertir a sus llamas y ovejas que estaban en peligro. Todos sus animales siguieron tras ella.
A lo lejos el mensajero intentaba alcanzar a la joven y cuando ella se aproximaba a la laguna de Q´omercocha el mensajero trató de jalarla, solo cogió a su hijo. La chica se hundió en la laguna y su hijo se convirtió en sapo y este también se metió a la laguna.
El mensajero seguía intentando atajar para que las llamas no sigan pasando, por el contrario, eso fue imposible. Hasta las llamas más enfermas lo pisaban. Este al no poder hacer nada, se arrepintió de haber golpeado a su amada y a su hijo y entonces lloró desconsoladamente en su cabaña.
Finalmente de tanto llorar y recordar los momentos felices que pasó con la joven y su hijo, el joven se convirtió en una roca a la que hoy llaman Q´atay rumy que está al frente de Q´omercocha.

Seudónimo: Relámpago