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—¡Ésta es la última vez que te perdono Tom! —gritó su padre ebrio.
Los tres estaban en el cuarto de Mike por alguna razón, discutiendo sobre lo que sucedió aquella espléndida mañana, ese monumental problema que lo condujo a la expulsión de su institución educativa.
—¡En estos momentos estarías en prisión si el muchacho hubiera muerto! —las venas le sobresalían de la cara y su piel tornaba un color rojo cada vez más oscuro.
Tom el hermano menor de Mike estaba inmóvil como un soldado pero con la cabeza abajo dejando caer una lluvia de lágrimas mojando la alfombra, escuchaba atentamente los robustos rugidos que producía su padre íntegramente dolorido por la conducta execrable de su hijo, como si fuera un general dando estrictas llamadas de atención pero esto era mucho…mucho peor. Inquietante, aterrorizado, temía que en cualquier momento recibiría un fuerte golpe, pero uno de tal forma que de seguro jamás tendría que comportarse incorrectamente. Lo que le llevó a tal grado de ira fue la noticia que recibió esa mañana en el colegio, cuando atendía a un cliente en el restaurante, mientras trabajaba, su abdomen vibrando por el celular y sus manos ocupadas anotando la orden sin poder contestar, pensaba que seguramente lo llamaban del banco para hacerle recordar pagar el préstamo que suplicó el año anterior, o seguro una llamada de esas en las que te ofrecen productos “Tenemos ofertas de aparatos electrodomésticos que te harán la vida más fácil” pensó en la frase sacando una pequeña sonrisa; no le daba tanta importancia que siguiera vibrando pero tenía que colgar para no ser hostigado y pueda trabajar con comodidad, frotó sus manos en el mandil y sacó el celular de su gigantesco bolsillo, observó el número y sus ojos se abrieron como dos enormes perlas, no era el banco, tampoco era “productos electrodomésticos”, la llamada provenía del colegio de su menor hijo, claramente lo llamaban de emergencia, una llamada de esas es porque algo le habrá sucedido a su pequeño, una fractura, una enfermedad, una migraña o quizá un fuerte dolor de estómago; tragó saliva que había acumulado y se alejó de los clientes para poder contestar, oprimió el botón verde y lentamente se lo acercó a la oreja con el corazón en la garganta y su frente sudorosa como si hubiera salido de un gimnasio.
—¿Hola?
—Buenos días Señor Miller, disculpe por llamarlo a estas horas, sabemos que está trabajando.
—No se preocupe, ¿algo le sucedió a mi hijo? —contesto preocupado.
—No, a él nada pero a su compañero sí.
—Gracias a Dios —suspiró aliviado pero… ¿a su compañero si? ¿a qué se refería? —¿Qué sucedió?
—Sería mejor que lo hablemos detalladamente si usted viene ya que su menor hijo realizó un acto que incumple gravemente las normas educativas.
Cuando escuchó lo que la directora mencionó su corazón se detuvo por unos segundos, sus oídos se taparon y solo podía oír esas palabras que por primera vez las había escuchado, “su menor hijo realizó un acto que incumple gravemente las normas educativas”, ¿Qué pudo haber hecho?, nunca antes lo habían llamado por algo malo, es más, siempre lo llamaban para felicitarlo, por ser un buen padre, por tener un hijo muy talentoso e inteligente, o a veces para ayudarlo con su problema de alcohol pero nunca por algo malo. Empezó a escuchar los latidos que se aceleraban poco a poco como un motor, luego su respiración estaba en un ritmo que nunca antes le había sucedido y finalmente la ronca voz de la directora que parecía un eco sin salida.
—¿Hola?... Señor Miller… ¿Está usted ahí?... —El eco encontró salida y escuchó todo a su alrededor.
—¿Eh?... Si aquí estoy, lo siento… voy para allá.
—Lo esperamos… hasta luego.
—Hasta luego —se despidió tristemente.
(…Lamento decirle que su hijo ya no vendrá más a esta escuela, está oficialmente expulsado)
Cada vez se acercaba más a su rostro, las cejas tan fruncidas de la rabia que apenas se podía mirar la pupila del ojo, sus manos cerradas formando puños y las venas visibles.
—Quisiera que puedas ver a ese pequeño, quisiera que vieras lo que le hiciste —habló con su aliento apestando a alcohol.
Tom era muy pequeño a comparación de su padre, muchos centímetros más alto, y se veía más pequeño por tener la cabeza agachada, deseaba pedir perdón para que no lo lastimara pero estaba convencido que si lo hacía el golpe sería con más fuerza, además estaba ebrio, sería imposible hacerle entrar en razón en ese estado; nunca antes había tomado, sus inicios de alcohol empezaron cuando su madre falleció, hace 7 meses, por una enfermedad destructora que acaba con muchas vidas “cáncer”, dejándolo viudo y solo, educando a dos hijos muy queridos. Muchas veces regresaba tarde a casa, con la ropa llena de grietas y oliendo a trago, con una botella en su mano y los zapatos desamarrados, entraba lentamente en su habitación oscilando como si fuera un péndulo de un lado para otro, trancaba la puerta para que no lo molestaran y encendía su radio escuchando una grabación de teatro “Mozart, la flauta mágica”, no se cansaba de oírla, una y otra vez a todo volumen, recordando a su esposa, recordando aquella noche en el teatro cuando ella cantó con su magistral voz de soprano y todos aplaudiendo de emoción, en especial él, muy orgulloso y feliz de haberse casado con la mujer indicada, pero todo eso había terminado, desde su muerte el mundo de los tres cambió por completo, Mike se volvió más agresivo de lo que era, el padre un vicioso de alcohol y Tom cambió drásticamente su conducta, en especial ese día, en la escuela hizo algo espantoso, algo que nunca antes había hecho, golpeó a uno de sus compañeros con una roca en el rostro, uno tras otro sin detenerse, la sangre que brotaba no era un obstáculo para él, dejándole ciego y con la nariz rota, sus manos manchadas del líquido rojo que antes recorría por las venas de la víctima y la roca impactando la delicada piel del niño, los maestros lo detuvieron y quedaron impactados por tal acción que realizó un adolescente de 14 años, casi lo mata, si no llegaban a tiempo seguramente su rostro sería un pedazo de carne sin forma; cuando estuvo en dirección y la directora contándole lo sucedido a su padre él no lo podía creer, esa era la primera vez que había hecho daño a alguien, ni siquiera mataba hormigas o moscas porque pensaba que tenían un propósito en la vida. Los padres de la víctima no harán la denuncia porque son muy comprensivos, saben que seguramente lo lastimó porque le estaba molestando quizá con su madre ya fallecida y eso lo lleno de furia; le contaron otra historia a los doctores, sin embargo los progenitores quieren un informe psicológico de Tom para saber que le sucede, saber su problema, “una conducta así no es normal en un niño a esa edad” fue la explicación de la directora.
—Ahora si… ¡Ya fuiste! —Estuvo cara a cara con su hijo.
Acercó su mano pausadamente y agarró su suave cabello jalándolo y con la otra la cerró formando un puño apuntando al rostro, la retrocedió para tomar impulso, la cara de Tom reflejaba miedo y terror pero a su padre no le importaba, cerró los ojos para no ver lo que le haría pero sentiría de todas formas el golpe, temblaba de turbación y respiraba por la boca.
—Por favor… papá… te lo pido… no me hagas daño… por favor —suplicaba.
Sus ojos reflejaban hambre, hambre de llanto y dolor, como si fuera un animal a punto de devorar a su presa, el puño ya con su objetivo, cinco dedos enroscados a punto de ser disparados con una fuerza impredecible.
—Papá perdóname… por favor… por favor —imploraba Tom cerrando los ojos llenos de lágrimas.
Cubría su cara con sus manos y apretaba los labios, abrió los ojos para observar si lo perdonó, si la piedad funcionó, pero el puño seguía e impacto contra su estómago haciéndolo gritar, sentía fuego en la parte abdominal, intentó apretarse la parte dolorosa pero fue interrumpido por otro golpe, esta vez en el rostro entre la boca y la nariz, sintió como un hilo de sangre que le corría por la nariz y sus labios comenzaban a hincharse como si le hubiera picado una abeja, ya iba a ser el tercer golpe pero se detuvo, abrió la mano y lo soltó, cayó al suelo sollozando apretándose el abdomen, literalmente Miller el padre tenía los ojos color rubí y parecía que botaba humo de sus fosas nasales, se alejó del cuerpo de su hijo como si fuera un saco de arena, abrió la puerta y salió Mike con una larga sonrisa dibujada en su rostro, ignoró a su hermano y siguió su camino desapareciendo en la oscuridad de la noche probablemente encerrándose en su cuarto para escuchar alguna grabación mientras se desahogaba tomando una cerveza comenzó a reírse a carcajadas diciendo: “Mi hermanita es un asesino” repetía la frase burlándose de él, entró a la habitación para botarlo.
—Te hago recordar que estas en mi propiedad pequeña perra —le hablo sonriente.
Su respuesta fue unos suspiros porque Tom aún no podía hablar por el daño en su abdomen.
—¡Sal! —comenzó a molestarse —¡Que salgas!
Pero seguía tirado probablemente esperando otra golpiza.
—Muy bien... no vas a salir, entonces me toca darte una buena paliza —crujió sus nudillos— espero que así entiendas.
Pero no le dio puñetazos, fueron patadas en el mismo lugar que le dio su padre aumentando el daño, “¡Sal, sal, sal de mi cuarto!” gritaba mientras daba patadas, imaginando una pelota de fútbol o un bote de desperdicios. Frenó al darse cuenta que si seguía nunca se iría de allí, se quedaría tirado por más golpes que reciba, la mejor solución se le ocurrió, cogió su polo y lo arrastró hasta la puerta botándolo como basura.
—Gracias por tu colaboración —cerró su puerta.
Tom estaba furioso, odiaba a su padre con todo el alma; tirado en las tinieblas con moretones y sangre, pensando en su madre, recordando esos bellos momentos que pasaban juntos en familia, cuando su padre no era un alcohólico y su hermano era controlado por ella, protegiéndolo de cualquier intruso, la extrañaba mucho y deseaba verla otra vez, quería volver a sentir ese perfume a rosas, sentir nuevamente sus abrazos  escuchando su canto angelical, a ella no le importaba la edad que tenía, siempre era su bebé por más que él reclamaba diciendo que ya era grande para escuchar una canción de cuna, pero la verdad nunca se cansaba “Duerme mi angelito, el día cayó y la noche llegó… Sueña mi pequeñito que llegarás a la luna… Duerme… duerme….” Se imaginó un espectro de ella cantándole frente a él, desordenando su cabello y sobando su boca para desinflamar su hinchazón, sonriendo y mirando sus bellos ojos. ¡CRASH!... su fantasía desapareció al escuchar el ruido de una botella estrellándose y provenía del cuarto de su padre, se prendió su curiosidad y quería ver que sucedió, el dolor había disminuido y con un poco de esfuerzo pudo levantarse, se acercó a la habitación y ojeó por la pequeña grieta que tenía esa puerta, vio a su padre escuchando la grabación y tomando sentado en su escritorio, parecía que escribía algo, algo en una hoja, se detenía para tomar un sorbo de la botella y continuaba escribiendo, mientras la grabación finalizaba, él la repetía y seguía, ¿Qué estará escribiendo con tanta prisa? Se preguntaba, parecía muy inspirado, nunca antes había visto esa agilidad en sus dedos tan apresuradamente, no se detenía con nada, salvo frenaba cuando tomaba un sorbo u oprimía el botón de repetir pero eso no duraba ni un segundo. Su curiosidad crecía poco a poco, lo que hizo  no le importaba, es más, perdonó a su padre aunque él era el que tenía que disculparse por casi matar a uno de sus compañeros; no lo odiaba, al contrario, lo amaba, quería saber qué era lo que expresaba en ese papel, ¿será un artículo, una novela o una carta? Tenía que averiguarlo. Retrocedió un poco al ver a su padre levantarse del escritorio, pero se elevó con un entusiasmo inmenso, alzó la botella bebiendo los últimos sorbos y la lanzó con fuerza a la pared, despedazándose y dejando una mancha que seguramente si lo dejaba secar sería difícil de borrarlo, levantó los brazos como símbolo de victoria y gritó con alegría:
- ¡Terminé… por fin termine!
Saltaba e intentaba cantar como su mujer pero salían puros gallos, bailaba con unos pasos inventados por él, moviéndose de un lado para el otro. Tom tuvo una teoría, la forma en la que se emocionó al finalizar lo que escribió, tendría que ser una novela, pero aún tenía sus dudas; la forma tan tierna de saltar y bailar llenó su corazón de cariño y odio, una combinación muy mala, como si los golpes que recibió eran de amor y odio, tuvo una pequeña sonrisa involuntaria y pensó que ese era el momento indicado para un lo siento y destruir el rencor que le tenía a su progenitor, frotó su mano en la nariz para limpiarse la sangre y la preparó para tocar la puerta, “Es mi padre, tengo que pedirle perdón, sé que esta borracho pero… pero… pero me dio fuertes golpes, me dolió y no le interesó, soy consciente que lo que hice en la mañana estaba mal, muy mal, pero creo que ha exagerado mucho, creo que cometió el mismo error que el mío”, ya tan cerca se detuvo y bajo la mano arrepintiéndose, observó a su  padre jalando  una caja grande debajo de su cama, al sacarla  la abrió, estaba vacía o eso era lo que aparentaba.
—No… no… ¡no… se acabaron mis botellas! —hizo un gesto de ira pateando su escritorio, dio pequeños brincos y levantó su pierna acariciando su pie, la patada le había causado dolor — ¡Aaahh… idiota… eres un idiota!
Apago la radio y se encaminó a la puerta con el pie cojo, Tom salió corriendo y se escondió detrás de la puerta de su habitación observando como la puerta se abría poco a poco dejando la luz escapar y reflejando su sombra como una bestia; caminó rumbo a la sala de estar en la oscuridad, intento encender la luz pero no atinaba el botón ¡Al diablo! Mareado con una mano se sostenía de los sillones y la otra la levantaba como una guía, a ratos se tropezaba con sus propios pies y renegaba con un insulto, de repente tropezó con un carro a control remoto que estaba tirado ahí cayendo al suelo y desmayándose, Mike apareció de su cuarto como un fantasma, al parecer también lo estaba ojeando; al principio parecía que lo quería ayudar pero en realidad recogió su auto para asegurarse que siguiera como nuevo, Tom salió de su escondite para juzgarlo:
—¿No lo vas a ayudar? —susurró, Mike volteó y esforzó la vista para ver quién era, pero quien más iba a ser si solo los tres vivían en esa casa.
—No has visto que esta borracho, es mejor que duerma hasta mañana.
—¿En el suelo?
—Levántalo tú si puedes, no tienes fuerza ni para defenderte.
Tom estuvo de acuerdo con él aunque con rabia, se dio cuenta que la puerta estaba abierta y era su oportunidad de leer lo que escribió, antes de entrar se aseguró que su hermano no lo esté viendo, camino despacio y de puntas para entrar en silencio, ya dentro sintió un olor espantoso a alcohol, con sus dedos se tapó la nariz y continuó, el escritorio estaba mojado y sucio, había pequeños trozos de comida y saliva, la hoja estaba ahí entre toda esa mugre, con mal olor y gotas de cerveza, la recogió y trato de limpiarla, la letra parecía jeroglíficos pero era legible:
          “Para mis queridos hijos:
Recuerdan aquellos días, donde reinaba la felicidad, cuando mamá estaba viva. Recuerdan la vez que fuimos a Disney cuando eran pequeños y subimos a esa montaña rusa “Expedition Everest” donde salieron asustados y deseaban no volver a subir. Recuerdan esa vez que fuimos al concierto de Tommy de su banda favorita y su madre estaba loca, saltando y gritando porque también era su banda favorita. Recuerdan cuando mamá se despidió de nosotros, cuando apenas se podía entender lo que decía, escuchamos el pequeño discurso que había preparado a cada uno de nosotros haciéndonos llorar, ahora todos esos recuerdos parecen ser extraviados en la nebulosidad del olvido intentando encontrarnos. Todo ha cambiado, los problemas crecen como guisantes sin nadie que los recoja, sin solución, o quizá la haya pero aún no lo descubrimos. Escribí esta carta tomando una botella de alcohol y escuchando la voz de su madre, recordando esos bellos momentos, espero que pronto todo se arregle y podamos volver a ser una familia, como antes. Mike, lo siento pero creo que tendré que mandarte a un colegio militar para que aprendas a tratar bien a la gente, sé que tu actitud empeoró por la muerte de tu madre pero tienes que mejorar, te prometo que si cambias tu actitud seguirás en el colegio con tus amigos, pero si no puedes ya te advertí. Tom, el pequeño Tommy, en verdad lo siento, la verdad no sé cómo puedo estar escribiendo esto ebrio, después de lo que te hice no me lo puedo perdonar, estoy muy triste y arrepentido, perdóname Tom, en verdad lo siento, te prometo que nunca más volverá a pasar eso, pero quiero que también me prometas que nunca volverás a lastimar a las personas, si hubieras matado a tu compañero en estos momentos estarías en un reformatorio y eso no te gustaría. Y yo prometo dejar de tomar, la muerte de su madre me destruyó por dentro y el alcohol me ayudaba a olvidar, me hacía sentir mejor, pero cada vez que terminaba  los recuerdos y el dolor regresaban y deseaba tomar más y más, pero ahora entiendo que el alcohol no me va ayudar, va a empeorar, por eso prometo no volver a tomar. Los quiero mucho”.
Tom quedó impactado por lo que escribió, pensó que sería una novela o un cuento, incluso un artículo, pero era una carta para él y su hermano; no estaba seguro si todo lo escrito era verdad, lo escribió ebrio y quizá una que otra palabra no eran ciertas, tal vez las promesas, la carta no le convencía, pensaba más que era una carta de suicidio y eso le preocupaba; guardó la carta en su bolsillo y fue a revisar la caja que supuestamente estaba vacía, no lo estaba, levantó una manta que cubría un revolver y 4 balas en él, se asustó bastante, eso afirmaría que la carta era de suicidio, la levantó con las dos manos, era pesado para él, se fijó los detalles de la arma, era la primera vez que veía y sujetaba un arma sólo las había visto en internet, se sentía bien, se sentía como un personaje de su programa de televisión favorito, levantando el arma y apuntando la pared “Arriba las manos”. De la puerta apareció su hermano y se inquietó.
—¿Qué haces con eso?
Tom volteó y se le ocurrió una idea peligrosa, una idea macabra, su hermano siempre lo maltrataba y nunca se llevaban bien, recordaba todas las veces que lo golpeó y lo humillo en la escuela, las veces que se llevaba una sorpresa cuando comía su refrigerio y encontraba un insecto, estaba cansado de la forma en que lo trata ¿así que? Puede asustarlo y quizá no lo vuelva a molestar o mucho mejor, puede matarlo y así nunca más podrá lastimarlo, la segunda opción le vino más conveniente, podía matarlo, sería rápido, no sería como en la mañana que demoró en asesinar a su compañero, pues si, él quería asesinar a su compañero, no era porque lo molestaba o porque estaba insultando a su madre, quería hacerlo por satisfacción, algo crecía dentro de él desde que murió la persona que más amaba, al igual que su padre y su hermano, uno se volvió alcohólico y el otro mucho más agresivo, y la razón fue el deceso de un ser muy… muy querido. Levantó el arma apuntando a Mike
—¿Qué haces? No es un juego baja eso —lo dijo preocupado.
—¿Qué se siente… sientes ese miedo? —habló con maldad.
—Baja eso… entiende no es un juego —levantó las manos.
—Podría matarte y así nunca más volverías a lastimarme.
—¿Estás loco? Si lo haces papá te enviará a un reformatorio y además serias un asesino. Sus latidos aumentaban.
—Lo sé, pero me libraría de ti, me sentiría bien, además estarás con mamá.
—Baja eso ahora o juro que despertaré a papá —se preparaba para correr.
—Adelante… él prometió que nunca más me volvería a lastimar.
—¡Papá!..¡Papá! —gritaba pero no despertaba— ¡Papá!
Tom ya estaba listo para disparar, disfrutaba los últimos segundos viendo a su hermano sufrir, su mente grababa ese lujoso momento, se había vuelto totalmente loco, él fue el más afectado de los tres, no se dirigió al suicidio ni a la agresividad, se dirigió a la sangre y el placer de la muerte, él fue el que más amo a su madre y él fue el más querido por ella, ahora que no estaba le afecto demasiado. Mike seguía gritando pero no despertaba, temblaba de miedo ante la muerte, no podía correr porque sus piernas no le respondían, el grito cada vez se hacía más bajo y silencioso, petrificado no podía seguir gritando, su hermano apuntándolo y sonriendo deseaba nunca haberlo lastimado, en ese momento sintió el verdadero miedo, hasta que jaló del gatillo… disparó… El disparo se oyó fuerte, capaz de despertar a su padre pero no fue así, estaba tan borracho que seguía durmiendo. La bala cayó en la cabeza embadurnando las paredes de sangre y sesos, el cuerpo cayó y creó un charco del líquido rojo que brotaba de su frente, Tom seguía sonriendo, jamás se sintió tan bien desde hace 7 meses, desde el trágico día, esa emoción que sentía era nueva y le encantaba, parecía haber descubierto los ingredientes secretos de su felicidad, amaba a su madre y difícilmente a su padre, estaba obligado a detener el suicidio, claro que anhelaba que muera al igual que su hermano, pero lo amaba, era extraño querer que muera alguien pero a la vez no, porque lo amas, esa sensación también era reciente.
El Señor Miller despertó con un fornido dolor de cabeza, quiso frotársela porque sentía como si recibiera pinchazos en el cerebro pero no pudo, sintió sus manos amarradas al igual que sus tobillos, se dio cuenta que estaba atado en el suelo en forma de estrella, el peso provenían de los muebles que estaban a su alrededor, a su lado había una vela encendida que apenas iluminaba la habitación.
—¡Mike! ¡Tom! —vociferaba pensando que mientras dormía un asaltante entró y lo dejo atrapado – ¡Hijos respondan!
No había respuesta, entró en pánico e intentaba escapar de los nudos pero no podía, hizo tanta fuerza que parecía una bomba a punto de estallar “Tengo que ver a mis hijos” pensaba, intentó nuevamente escapar pero los nudos eran perfectos.
—¡Hijos… hijos por favor respondan! —gritaba, pero se detuvo al ver a Tom emerger de la oscuridad, aliviándolo al ver que estaba bien – Gracias a Dios... ¿Y tu hermano?
—Él está bien —respondió.
—¿Qué pasó porque estoy amarrado?
—Yo te amarré —se escuchó todo siniestro.
—¿Qué? —preguntó desconcertado —Quiero ver a tu hermano.
—Ya te dije que él está bien, ahora está con mamá.
—¿Pero qué estás hablando? —pregunto preocupado— ¡Quiero verlo!
—Lo traeré —se levantó y fue al cuarto a traer el cadáver de su hermano, lo arrastró manchando el suelo un camino de sangre, lo dejo a la vista de su padre y al verlo con la cabeza destrozada gritó del horror.
—¡Oh por Dios! ¡Dios! ¡Pero que le paso a mi hijo!
—Yo lo maté – respondió Tom como si nada hubiera pasado.
—¿Que?... no puedo creerlo, ¡No puede ser!
—Resulta que yo también cambié, al igual que tú y él, tú te volviste un ebrio y él más agresivo, quizá, en un futuro él iba a ser igual que yo, pero daba pasos lentos, yo di el paso grande, el magistral —habló orgulloso.
—¡Estás loco! Ya verás cuando salga de aquí, te daré un golpe tan pero tan fuerte que terminarás en el hospital antes de estar en prisión o en el reformatorio.
Tom sonrió y recordó la carta, en donde estaba escrito que prometía jamás hacerle daño.
—Prometiste no volver hacerme daño, lo dice en tu carta, en tu pequeño discurso, además soy tu hijo.
—¿Lo leíste?
—Claro que sí y estoy sorprendido, la gran cantidad de mentiras.
—Esto es diferente y lo sabes.
—Quizás…
Desapareció en la oscuridad de la habitación y como un truco de magia reapareció con un bate de béisbol en sus manos.
—¿Qué haces? —preguntó Miller.
—Cuando disparé, sonó tan fuerte que creí que vendría la policía por alguna llamada de los vecinos, pero recordé que la mayoría estaba trabajando a esa hora… ahora escuché estacionar el auto de la Señora Brown, creo que la mayoría ya está en casa descansando, así que tengo que ser más silencioso.
—¿Pero qué te paso hijo? —de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas— ¿Que le paso a mi pequeño?
—Çç
—Tranquilo, guarda tus lágrimas que las necesitarás para lo que viene.
—Mi hijo… ¿Qué le paso? – siguió llorando.
—Yo mismo llamaré a la policía cuando termine, les contaré una mentira o varias como las que dice en tu carta, sé que es una carta de suicidio que intentas camuflarla…
—¡No es una carta de suicidio! – interrumpió – ¡Es un compromiso y una carta de amor!
—Como decía… llamaré a la policía y les mentiré, al igual cuando mentías a mamá, cuando le prometiste que nunca nos lastimarías o cuando la llamabas diciendo que llegarías tarde porque el carro se averió, pero en realidad estabas con tus amigos jugando apuestas, o cuando le prometiste que tú y ella envejecerían juntos, que nunca dejaría que muera… Yo… ¡yo también mentiré!
—¡Basta… desátame y arreglemos esto!
- ¿Cómo? ¿Dándome puñetazos y rompiendo tu promesa… enviándome al reformatorio y tú seguir bebiendo hasta que caigas de un edificio hacia la muerte, hacia el suicidio?... no… no permitiré que suceda eso.
—¡Que no es una carta de suicidio!... ¡entiende!
—Solo quiero asegurarme, no quiero que mueras… yo te quiero aunque no lo parezca y tampoco quiero ir a un reformatorio, en tu carta dice que no me gustará —Arrancó un trozo de su polo y se acercó para colocarla dentro de su boca.
—¿Qué estás haciendo? Por qué haces est… —interrumpido por el trapo en su boca.
—¿Recuerdas este bate?... recuerdas en mi cumpleaños que me lo regalaste y me alegré muchísimo, recuerdas esas puestas de sol que me enseñabas a batear pero no lo lograba, sacando unas risas burlonas entre los cuatro por no lograrlo, tú me alentabas… me decías “Batea con fuerza hijo” y en una de esas logré hacer un Home— Run que nunca volvimos a encontrar la pelota, estabas orgulloso de mi… ahora volverás a estarlo con la fuerza que lo haré, lo más fuerte posible —Levantó el bate apuntando la mano derecha— Tranquilo solo quiero asegurarme que no mientas.
Estrelló el bate impactando su mano como si fuera una pelota, destrozándola, los gritos que emitía eran tapados pero era notable el dolor que sentía. Levantó por segunda vez el bate.
—No me darás más golpes —impactó nuevamente y esta vez los dedos estaban en una posición fuera de lo normal, despedazado y el brazo convulsionando— ¡Buen tiro muchacho un poco más para lograr el Home—Run!
Intentaba escapar con movimientos bruscos pero nada servía; Tom se dirigió a la mano ilesa para repetir el proceso.
—Sin manos no hay arma para disparar… Ahora amigos aquí viene de nuevo ¿Sera más fuerte que la anterior? —se escuchaba el crujir de los huesos, como si pisará gran cantidad de hojas y ramas secas caídas de los árboles de otoño, y por última vez le dio el golpe definitivo torciendo por completo los dedos – ¡Oh si… la pelota voló a una velocidad increíble!... ¡A punto de lograr que salga la cancha!...Sin manos no hay horca que preparar para el suicidio, no beberás más, no más cartas, no más golpes, ¡no… no más!
Se agitaba bruscamente, su cara estaba roja de dolor y se podía oír los pequeños gritos que intentaba producir; Tom estaba feliz, sintió la misma emoción cuando disparó a su hermano, ese sentimiento de la muerte.
—Ahora… el segundo paso papá, ¿no estas orgulloso de mí?, bateé como nunca antes, como tú lo deseabas —Se acercó a su pierna y como todo un jugador de béisbol levantó el bate para continuar con el juego, la impactó —¡Oh no… y se vino su primer strike! ¡Esperemos que en la siguiente no suceda lo mismo!
Golpeó nuevamente.
—¡Demonios! ¡Segundo Strike! ¡esta vez no puedo fallar! —Impactó por tercera vez y los huesos sonaron como si partieran dos lápices—¡Y por fin le dio a la pelota… como suele decir el padre del gran bateador “La tercera es la vencida”!
Todo su cuerpo estaba en convulsión, el dolor que sentía era inigualable; se encaminó a la última extremidad y dio sus últimos ataques para terminar el juego.
—¡Home—Run….Home—Run… increíble… la pelota sobrevuela la cancha y todos cargan a Tommy por ganar el juego! —Festejaba lleno de alegría— Sin piernas no conducirás el auto para estrellarte.
Parecía que su padre se había desmayado o quizá habrá muerto, Tom apresurado le sacó el trapo, mojado y ensangrentado por la forma tan brutal de sus gritos, seguía vivo y despierto.
—Que… ¿Qué estás haciendo hijo?… — apenas podía hablar.
—Gané el juego papá, te he salvado… ¡hice un Home —Run!
—Por… por favor detente – suplicó
—¿Por fin lo sientes? ¿Qué se siente ser golpeado? ¿Qué se siente suplicar? ¿Todas las veces que supliqué y ustedes nunca se detuvieron… ¡así me sentí!
—Hi…hi…hijo por favor ya no sigas.
—Te dije que gané el juego, ya todo acabo —dentro de él sentía que algo le faltaba – Creo que me olvide de algo…
—No… por…favor detente
—Ya vuelvo papá… no te muevas… —se rio y soltó el bate dirigiéndose a la cocina.
Su padre estaba a punto de cerrar los ojos, posiblemente para morir y sí, los cerró.
—Papá… papá despierta —sus ojos se abrieron poco a poco— Sabes… es increíble que sigas vivo, tenía miedo que mueras, este juego no es para matarte, es para asegurarme como ya te lo mencioné antes, y…. ya llamé a la policía, ya vienen con una ambulancia así que resiste que estamos en la parte final.
—¿Qué…que?... no…de…detente por…favor.
—Es lo más importante —en su mano sostenía una navaja y la acercó a su boca— Sin lengua no podrás hablar y jamás mencionar lo que sucedió aquí… jamás volverás a decir lo mucho que me amas.
Comenzó a llorar cuando terminó de hablar, recordaría su voz, es como si lo matara, su corazón estaba roto no quería que su padre nunca volviera a hablar pero tenía que hacerlo, la navaja ya cerca del objetivo se detuvo, cerró los ojos dejando caer lágrimas “Tengo que hacerlo”, de un movimiento brusco le cortó la lengua, la sangre le escurría por la boca llegando a la garganta produciendo gárgaras, estaba ahogándose con su propia sangre, al darse cuenta lo desató y lo levantó para que pueda escupir, el líquido le cayó en la cara y se la limpió frotándose con su mano; escuchó las sirenas acercándose y estacionándose velozmente fuera de su casa, la luz roja y azul reflejaba la habitación venciendo la vela que ya casi se apagaba; lo abrazó fuertemente y le susurró al oído:
—Ya todo terminó padre… Te amo.

Seudónimo: Jerome