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En estos tiempos, una joven de 15 años regresaba a casa después de un día pesado, esta vez más que los otros días. Al llegar a casa buscó a su madre, no la encontró así que se fue a su recamara. Suspiró cansada, miró la hora, eran las casi las 5 de la tarde, sus padres y hermanos no demorarían mucho en llegar, se metió al baño para cambiarse y tratar las heridas del día anterior.
Son 8 de la noche, acababa de terminar con sus deberes de la casa y escolares, cuando entraron sus dos padres, aparentemente habían tenido una discusión, decidió regresar a su habitación en silencio e ignorarlo ya que no podía hacer nada, ya lo había intentado.
Al entrar a su habitación cerró con seguro la puerta y se sentó frente a su ventana a mirar la luna, tan redonda y blanca acompañada de pequeñas estrellas, suspira de nuevo, sentía cansancio pero no tanto físico, sino emocional, estuvo aguantando 5 años eso. ¿Podrá aguantar más?
Una niña de 10 años, llamada Marco, caminaba al paradero con su hermana mayor, Cloe de 15 años. Al llegar se sentaron en unas bancas mientras esperaban el bus que las llevaría a casa; como casi todos los días se preguntaban cómo había sido su día, si hubieron problemas, si tenían hambre o cualquier cosas que se les ocurriera para que no estuviera muy aburrido el ambiente mientras esperaban. Una hora después llegaron a casa, pero solo estaba su hermano mayor sentado en el sofá, Fabricio tenía 17 años, su mirada estaba perdida en el techo.
—¿Dónde está mamá? —preguntó la hermana mayor.
Su hermano las miro.
—Está en su habitación —dijo, se levantó y se fue a su cuarto en silencio.
Desconcertadas se fueron a su habitación para cambiarse y después ir a comer el almuerzo que esperaba en la cocina. 8:30 pm, las tareas y los quehaceres estaban terminados, pero el ambiente era inquietante, sobre todo porque estaba en silencio, no se escuchaban ni la risa de la más pequeña, ni las peleas tontas de “a ti te toca lavar los trastes” que  tenían los hermanos mayores, y tampoco los regaños de su madre cada vez que estos peleaban; el ambiente parecía una música pesada, no como el rock que dicen los anti fans del rock, sino un sonido que hacía que tu ánimo bajara varios metros bajo tierra. Todo quedo estático cuando la presencia de su madre se presentó, tenía sus ojos rojos y apagados, ella había llorado pero, ¿por qué razón? Simple, lo que casi siempre sucede hoy en día, ruptura familiar, el padre de ellos 3 tenía otra familia. Enterarse que tu padre tiene otra familia, que siga viviendo en el mismo techo que ellos, que las discusiones se hicieran más frecuentes, la hermandad que había en los 3 hermanos se había desgastado como si se hubieran separado por muchos años, la relación padre hijo se perdió, todo eso sumado otros problemas como el famoso bulling; todo se ponía de mal a peor, eso estaba más claro que el agua, Marco solo pudo abrazarse a sí misma y mirar con desprecio su reflejo por la ventana.
A las 6 de la mañana ella ya estaba despierta y vestida con su uniforme escolar, se hizo costumbre salir muy temprano de casa para que nadie viera sus heridas, aunque nadie le ponía atención, llegó a un parque que estaba cerca de su institución, se sentó en el pasto a esperar a que abrieran el colegio. Pero de la nada escucha que alguien se acerca, al voltear se encontró con 2 chicas de su edad, Marta y Shirley.
—¿No crees que es muy temprano? Digo, faltan una hora para que abran —pregunto con falsa simpatía.
—¿No te aburres estando aquí? Yo sí me aburro ¿Qué tal si jugamos? —sugiere con una sonrisa, eso puso más nerviosa a Marco que empezó a correr para escapar de ellas, pero esta la seguían casi pisando sus talones; una vez la atraparon jalándole el cabello la arrojaron al piso, Marta sacó de su bolsillo unas cintas de cabello y la amarró a su cuello casi asfixiándola.
—Marco, no te duermas —dice Shirley jalando su cabello hacia atrás— ¿Recién estamos comenzando y ya te vas a desmayar? Para nada sirves —la arroja de nuevo al piso haciendo que se golpee la frente ocasionando que sangrara un poco.
— Paren, duele por favor —dice intentando aguantar sus lágrimas.
—¿Tengo cara de que me importe? —dice sarcásticamente Marta. Shirley saco unos lapiceros y miro a Marco.
—¿Sabes? He visto unos bonitos diseños de tatuajes, me gustaría crear bocetos así, tú serás mi lienzo ¿Si? —Shirley sostiene uno de los brazos con fuerza y en el antebrazo comienza a dibujar presionando con fuerza, Marco grita por el dolor pero es callada por un trapo que Marta le metió en la boca, dios sabe dónde lo saco.
—Me saliste gritona, chillas como una rata —la abofetea tan fuerte que le rompe el labio inferior —Me ensucie con tu sangre, que asco —se limpia en la rompa de Marco. Cuando Shirley termina con su “arte” suelta su brazo que estaba rojo por la presión.
—A que quedo bien Marta —la nombrada se acerca y mira.
—Quedo bien —levanta el pulgar como los likes de Facebook, de un momento a otro Marco las empujo liberándose del agarre, se levanta e intenta escapar de nuevo pero Marta, que tenía más fuerza, la jala del tobillo y la arrastra— ¡¿Adónde crees que vas bastarda?! —grita y se levanta del suelo y le da una patada en el estómago.
—¿Qué te pasa idiota? Si gritas nos encontraran y nos meteremos en problemas —Shirley le reclama a Marta— Si quieres darle de puntapié hazlo pero no grites como demente —dice guardando sus cosas en su mochila.
—¿Porque me hacen esto? —Marco pregunta sobando su abdomen mientras lloraba.
—¿Por qué? Porque eres fea, aun si no tragas sigues igual de fea —le da otra patada pero en la espalda ¬—Simplemente nos da la gana, no hay mucho misterio, ese es tu destino Marco, entiéndelo —después de esa aclaración le siguieron más patadas por todo su cuerpo por parte de Marta mientras Shirley miraba el espectáculo recordando cómo le habían cogido “cariño” como ellas decían, la primera vez que la conocieron era una niña muy feliz, de la noche a la mañana se volvió distante, ellas como mejores amigas se preguntaron “¿Porque el nombre de niño estaba así?” Ellas por su propia cuenta sacaron conclusiones e investigaron y dieron con que sus familia se estaba dividiendo, y de la nada se les ocurrió jugar con ella, pero no de manera sana, primero empezaron con notas anónimas,  después con desaparición de materiales escolares, después con falsos accidentes de educación física, y no faltaba las bromas con respecto a su nombre, frecuentaban decirle travesti y los profesores no hacían mucha justicia respecto a eso, ahora son golpes y heridas, ¿Qué faltaba? Quizá falta la muerte, pero eso no estaba en los planes de las agresoras. Una última patada en el rostro rompiendo le la nariz y dejándola medio inconsciente, hablo.
—Ya vámonos que tocaran la campana —Shirley toma su mochila y la de Marta— arréglate la ropa ¬— Marta le obedece y se acomoda la ropa que se salió de su sitio por las patadas que dio. Una vez que se fueron y la dejaran allí sola, Marco se preguntó.
—¿Será así para siempre? —pregunta en un susurro a punto de caer inconsciente totalmente.
Al cabo de unas horas largas despertó pero no en aquel parque, sino en un hospital. Una enfermera se acercó a chequearla y hacer unas cuantas preguntas, pero no respondió, cuando la enfermera decidió llamar a un especialista ella escapa, corría todo lo que su cuerpo adolorido le permitía pero choco con un joven.
—Perdón no te vi —la ayuda a levantarse— ¿Qué te pasó porque tienes tantos vendajes? ¿Estás bien? —preguntó intentado saber que le pazo, la conocía porque eran compañeros de hace 4 años, ella no ya que era antisocial y se encerraba en su mundo¬— ¿Te llevo a un hospital? ¬—Sigue preguntando.
—No, estoy bien —dice intentando sonreír.
—No, no lo estás y se te nota —dice con preocupación.
—Estoy bien, tengo que irme gracias por querer ayudarme pero estoy bien ¬—se suelta del agarre del chico y vuelve a correr a su casa. Como si fuera un ladrón , entra a su casa en completo silencio, cierra con cuidado la puerta de su habitación con seguro y se sienta en el suelo, se sentía un poco feliz de que alguien preguntase su estado sin fingir interés, no sabía quién era ese chico pero le agradecía su ayuda; al ver su habitación se fijó recién en su escritorio, estaba desordenado, ella no es de dejar todo desordenado, le molestaba dejarlo así, se acercó y no faltaba nada, solo estaba desordenado, lo ordeno y se sentó en su escritorio a pesar que iba a hacer ahora, no podía salir así por así, sus padres la verían y le echarían bronca. Suspiro y se recostó en el suelo con cuidado, estiro un poco su cuerpo para relajarse, pero se vio interrumpido por una discusión que se escuchaba cerca de su habitación, lo que escuchaba no era nada agradable, pero lo que más le sorprendió fue lo que escucho a su padre decir unas palabras muy hirientes, no era la primera vez que lo escuchaba pero esta vez sonó con mucho más real.
—Marco me ha decepcionado, ¿cómo sus hermanos no son así?
Marco se levanta del suelo, toma un cuaderno y entra a su baño.
—Nunca pensé que mi padre dijera eso, pensé que era solo enojo o algo del momento pero parece que es verdad —habla en voz baja, “¿porque tanto empeño con compararme?” escribe en su cuaderno, seguido de lo que pensaba acerca de la situación que pasaba su familia, como ella veía a sus hermanos que parecían no importarles nada, cuando por dentro estaba totalmente apagados, como su madre a pesar de estar en casa los abandonó, como es que se siente cuando su padre está presente, por qué ella no se dejaba ver por sus múltiples heridas que tenía, los moretones, las cortadas, su cabello que estaba un poco dañado por el maltrato que recibía de sus dos agresoras, sus ojeras de falta de sueño, su cuerpo que había adelgazado bastante; concluyo la carta con tres palabras “te odio padre”.
La discusión parece que había cesado, sale del baño y deja el cuaderno en la mesa, con manos temblorosas coge el frasco que había escondido en su cajón.
—Solo no quiero sentir nada —seca sus lágrimas, bebe todo el contenido y lo deja caer en suelo ocasionando un fuerte sonido, acto seguido sale de su recamara y se dirige a la azotea— es tarde, no sabía que esto me hubiera tomado horas —dice mirando el cielo que ya estaba casi oscuro — mi cuerpo tiembla a pesar de no sentir frio — susurra al viento suave, otra vez estaba empezando a llorar sin darse cuenta que su madre la observa.
—¿Hija que haces aquí? —pregunta dudosa— no te escuche llegar —habla sin moverse de su lugar.
—Mamá, no me pasa nada —dice aun dándole la espalda.
—¿Porque tu ropa está sucia? —Pregunta un poco dudosa por la situación.
—¿Paso algo no? — pregunta dando unos pasos lentos.
—Solo estaba enojada, lo juro mamá lo que dice aquella carta es mentira yo no siento repulsión por ustedes, solo estaba enojada, lo juro mamá por favor créame — dice dándose vuelta, lo que su madre vio fue a su hija en un amargo llanto, con vendajes en sus piernas, manos, brazos, uniforme un poco rasgado y desordenado, unos pequeños parches que cubrían sus mejillas y parte de su cuello. Ahí fue que entendió todo, sabía que algo pasa pero no hizo caso, ahora ve las consecuencias en su hija, sintió su corazón estrujarse al verla en tal mal estado, corrió hacia ella y la abrazo.
—Estarás  bien cariño, todo estará bien  — segundos después como si sus padres se llamaran telepáticamente aparece su padre, que al verlas solo pudo poner cara de no entender la situación.
—Llévame al hospital – susurra, su madre la mira sin entender muy bien la petición, porque ella puede curarla sin necesidad de asistir a emergencias — por favor, aun no quiero morir — se abraza más a su madre, pero es separada bruscamente por su padre.
—¿Qué hiciste? — Pregunta tomándola de los hombros — ¡Responde! — el ya sospechaba lo que ella había podido hacer.
—¡Me envenene! ¡Contento?! Déjeme que me hace más daño — intenta separarse pero  dejo de intentarlo al ver que él la abrazaba, segundos después la carga y baja casi corriendo hacia su auto, sube con su madre y conduce, de rato en rato su madre le preguntaba si le podía escuchar, a lo que ella respondida con un “si”. Cuando llegaron al hospital así como su padre la metió, también la saco y pidió a gritos ayuda médica para Marco, unas enfermeras lo condujeron a una habitación donde la dejo y tuvo que irse ya que lo obligaron, una enfermera que estaba fuera de la habitación la había reconocido, era la misma chica que llego en la mañana, se sorprendió mucho al ver a los padres pálidos, tan pálidos que parecían nieve.
El reloj marca 7 de la mañana, y despierta la joven un poco confundida ya que había olvidado todo lo que pasó el día anterior, pero en un dos por tres lo recordó al ver a su madre observarla con sorpresa, se acerca y la abraza con cuidado.
—Ya paso todo — dijo, ella solo asintió y conto lo que había pasado, su padre estaba en una esquina escuchando atentamente lo que el provoco con su egoísmo, se sintió la peor cosa.
Han pasado 3 meses desde ese día, los cuales fueron complicadas para Marco. Primero casi la separan de sus padres por ser menor de edad, pero les ofrecieron una solución, ir a sesiones psicológicas familiares; en esas sesiones no solo era para ver sus errores, sino también a cómo afrontar las situaciones, como el hecho de aceptar lo que su padre hizo. Durante ese tiempo no vivieron con su padre pero cada fin de semana salían con él, también la relación con sus hermanos mejoro, su madre les ponía más atención y no se encerraba en sus problemas; cada día que pasa aprenden a quererse a sí mismos.
Eso es lo que sucede en su vida personal de Marco, pero en la escuela no cambio como ella planeaba, pero cierto día en que escapaba de Marta y Shirley, en que la acorralaron en uno de los salones apareció el mismo joven de aquella vez.
Marco corría por los pasillos del tercer piso y se esconde en uno de los salones pero ellas la encuentran.
—Sí que corres rápido travesti — dice Shirley con fastidio entrando en el salón, pero se queda un poco sorprendida al ver que ella no estaba sola, sino estaba siendo abrazada por un chico, José María un chico un poco popular en el colegio por lo inteligente que era.
—No vuelvan a acercarse a ella o me veré obligado a tomar otras medidas – no solo su mirada era amenazadora, su voz sonaba como una advertencia.
—¿O qué? No puedes hacer nada contra nosotras — habló Marta un poco intimidada por su mirada y voz.
—¿Eso crees? Creo que no sabes jugar a este juego ¿No? ¿No quieres jugar conmigo? Para que veas como se siente un clavo siendo golpeado por un martillo — dice sin dejar de abrazar a Marco, Shirley disgustada jala del brazo de Marta.
—Pasamos — y se retiran. Una vez que sintieron que ellas se fueron él suelta suavemente a Marco — ¿No te hicieron nada verdad? — ella un poco nerviosa y no sabiendo que hacer exactamente lo mira.
—Estoy bien no te preocupes. ¿Tú eres el mismo chico de la otra vez verdad? — pregunta viéndolo fijamente.
—Sí, te conozco desde hace 5 años — dice con obviedad.
—Lo siento no te recuerdo —baja la cabeza un poco avergonzada por no recordar su nombre.
—Nunca habíamos hablado hasta ese día, casi no prestas atención a tu alrededor, solo te centras en ti y en ese par de idiotas — dice poniendo sus manos en sus hombros.
—Lo siento, pondré más atención —dice rápido, el levanta su rostro y seca sus lágrimas.
—No te estoy reclamando, solo te digo lo que te estás perdiendo, ellas no son tu mundo, solo son basura que tienes que desechar, tampoco tienes que disculparte por esto, no es tu culpa, todo lo que ellas te dicen es mentira, tu eres una linda chica inteligente —dice sonriendo.
—Yo no — él le interrumpe.
—¿No qué? Tú eres todo eso y más. ¿Acaso no te vez? Tienes unos lindos ojos color avellana, una piel suave, una sonrisa muy linda que dejaría a cualquiera enamorado —ella se sonroja por lo último que dijo — lamento no haberte ayudado antes, no sabía qué hacer, tampoco sabía que tan grave era el problema que tenías — dice un poco triste.
—No soy fuerte, pero lo seré de ahora en adelante — ella por primera vez dice segura, el solo asiente con la cabeza y la braza.
—Yo quiero ayudarte, quiero ser tu amigo y quizás más adelante algo más, bueno no te estoy presionando ni nada solo —se calla, se sentía muy avergonzado.
—Quizá más adelante eh tú —dice intentando recordar su nombre inútilmente.
—José María, ese es mi nombre —ella lo mira un poco sorprendida— lo se Marco, un nombre peculiar ¿no? A mí también me molestaban pero pude salir adelante, apuesto que tú también puedes — dice sonriendo de manera motivadora.
—Sí, tienes razón, podre salir adelante, no solo con el apoyo de mi familia si no también con el tuyo, gracias por ayudarme, enserio te agradezco mucho —el solo niega con la cabeza.
—No me lo agradezcas, solo ayudo a una chica que necesitaba un empujoncito para salir de ese hoyo — toma su mano y la jala a la salida del salón — ya es de salida, te acompañare a tu casa —dice mirándola.
—Pero tus padres se preocuparan si llegas tarde —el solo se ríe.
—No te preocupes, luego les diré el porqué de mi retraso —le sonríe para tranquilizarla.
—Está bien, te agradezco tu compañía —agradece y ambos caminan mientras tienen una charla muy tranquila, esa no fue la última vez que él le acompaño a su casa, se hicieron grandes amigos y el con esa escusa la acompañaba todos los días, a sus padres no les molestaba, al contrario le gustaba la relación que ellos dos tenían, esperaban que siguieran así apoyándose en momentos difíciles cómo lo que paso; uno no está solo, siempre hay alguien que te estará apoyando incondicionalmente, uno no debe rendirse por las caídas que tiene, al contrario esas te hacen fuerte.

Seudónimo: Helem Castello