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Era mi niñez la cual recuerdo con dulces momentos, alado de mi familia, esos momentos felices, momentos donde la palabra tristeza se convertía en alegría.
Pero hasta la persona más feliz, encuentra un mínimo dolor dentro de él, uno que de poco a poco lo va carcomiendo, hasta llegarlo a matar muy lentamente.
Fue en mi dulce juventud a la edad de 13 años donde mis problemas empezaron, todo mi mundo de felicidad fue destruido por un horrible destino inesperado, el cual me llevo a la infelicidad. Fue con un desconcertado momento, un momento donde pierdes a las personas que amas, que aprecias, y para mí esos fueron mis padres, ellos no murieron, ellos se divorciaron, ese pequeño problema entre ellos fue lo que me destruyo, ese pequeño problema fue lo que me mato.
No entendía como entre tantas personas, pudo haberme pasado esto, con un dolor en el pecho, sentía que mi felicidad se extinguía, como una dulce llama de fuego que siempre es cada vez más grande y ardiente, pero eso siempre llega a consumarse dejando humo con recuerdos olvidados que van volando por todo el cielo, cada vez más lejos de mí, esos recuerdos me dejan sola, dejándome con un corazón destrozado.
Mientras transcurrían los días yo no pude ser fuerte, esas palabras me atormentaban y no me dejaban en paz, y hasta el día de hoy me siguen atormentando, “nos divorciaremos” esas eran las palabras que no salían de mi mente, esas que no me dejaban respirar.
Noches de infelicidad, noches de tormentos, esas noches donde no podía descansar, y solo escuchaba gritos que provenían de la otra habitación, con tan solo parpadear las lágrimas salían de mi cara como gotas de lluvia esas que te mojan muy rápidamente, esas lagrimas que brotaban de mí, hacían que mi almohada estuviera empapada, muchas veces para evitar el dolor o evitar llorar, agarraba mis audífonos y me ponía canciones, esas canciones de mis novelas, las cuales me hacían imaginar un mundo mejor, una vida mejor, donde mis pesadillas se convertían en dulces sueños.
Yo sabía que no podía ser fuerte, pero para que nadie supiera de mis problemas me puse una máscara, una máscara donde solo se reflejara mi felicidad, y donde la tristeza solo quedara atrás de ella. Todos los días que iba al colegio veía a mis compañeras, ellas siempre eran alegres, una tal vez era más alegre que la otra, pero tenía una duda, como podían ser tan alegres, acaso el dolor no había tocado la puerta de su casa, pero mientras las iba conociendo me daba cuenta que muchas de ellas usaban una máscara, esa mascara que ayudaba a ocultar la infelicidad. Con esa sonrisa falsa en su cara me pude dar cuenta que muchas de ellas tenían peores problemas que los míos, problemas que las hacían fingir ser felices.
Mientras transcurría el tiempo me topaba con más desgracias, las cuales me llevaron al colapso, me llevaron a la depresión, pero hubo una persona que me pregunto si estaba bien, y sin poder resistir las lágrimas, me agarre la cabeza y empezó a salir todo ese dolor, toda esa tristeza que se encontraba dentro de mí, esa persona era mi profesora, ella me ayudo a liberar todo ese dolor, ella me enseño en confiar en otras personas, personas que en vez de lastimarme me podrían ayudar a calmar aún más este dolor, pero eso no fue lo único que hizo, ella me dijo que toda mi tristeza, todo mi dolor y toda mi infelicidad eran una prueba, y era la prueba de Dios, él quería saber si podía súper esa prueba o tan solo iba a fracasar. No entendía como Dios puedo haberme puesto esa prueba, pensaba que él era realmente malo, pensaba que él era una persona egoísta, pero mi profesora me dijo que él no era cruel, que hasta mi problema era la prueba más fácil, sin decir nada le agradecí y ella antes de que me fuera me dijo:
—Pide por tu familia, pide para que tú y tus papas dejen de sufrir, pide por todas las familias para que haya  amor en lugar de sufrimiento acuérdate que Dios siempre escucha a sus hijos —Después de haber escuchado estas palabras me puse a pensar que Dios no era el egoísta, que la persona egoísta era yo, ya que solo pensaba que yo era la única persona con dolor, pero nunca pensé por mis padres, o por esas personas que sufren por problemas muchos más grandes que los míos o muchas de ellas por enfermedades.
Empecé a acercarme a Dios, todos los días le pedía por mi familia, lo primero que le pedía era que estemos juntos, eso era lo que más deseaba, también pedía que por la salud de todas las personas, y al final deseaba que Dios siempre se quede conmigo que nunca se aleje de mí.
Mientras pasaban los días, me empezaba a desanimar ya que empecé a suponer que Dios no escuchaba mis plegarias, y eso para mí fue muy doloroso, y fue ahí donde volvían mis problemas, estaba cansada, harta de que nadie me pueda ayudar, harta de este maldito dolor, pero en el momento menos inesperado, fue donde alguien dijo:
—Dios siempre nos escucha, muchas veces pensamos que él no nos escucha, pero el si lo hace, tal vez no te ayude en tus problemas, porque tal vez eso que pides puede llegar a convertirse en más dolor, el hace las cosas por algo, el busca que tú seas feliz, él no quiere tu infelicidad, y por algo el no cumple tus peticiones, porque sabe que eso te hará aún más infeliz.
Esas palabras fue lo que realmente me cambio, pude entender que Dios me estaba ayudando, y me decidí a vencer este dolor, hasta el día de hoy mi dolor bajo de un 100% a un 45% para mí eso fue mucho, pero aún me duele ver a mis padres, claro que no odio a ninguno de los dos por haberse divorciado, me tranquiliza porque ahora podrán estar felices, ya no pelearan, ahora podrán tener una vida tranquila, esa vida que tanto desee, lo que yo realmente deseaba era paz, paz para mí y para mis padres.
Pude notar como algunas personas muy cercanas a mí me lastimaban, esas personas solo querían que el dolor volviera, pero de inmediato pedí por ellos, pedí que Dios los ayudara, que les haga ver el dolor que hacían a otra personas, y que la maldad que tenían en sus corazón desaparezca.
Ahora con el transcurrir de los días, empecé a ver que de poco a poco mi vida iba cambiando, claro que no todo era como un arcoíris, todo tornado de colores, claro que no, también habían tristezas y dolores, pero esos dolores eran muy leves, y sabia como superar ese dolor, trato de no acordarme del pasado, ya que si lo hago empiezo a llorar, así que tratado de olvidar esos recuerdos y seguir adelante, ya que tengo mejores cosas en que pensar, ¿Qué carrera estudiare? Pensar en terminar el colegio para poder ir a la universidad y lograr muchos de mis sueños, yo debo pensar en eso, no debo mirar atrás, debo mirar hacia adelante, ya que mejores cosas vendrán a mi vida.
Ahora veo a las personas que realmente me querían, veo a esas personas que estuvieron a mi lado, una de ellas será mi profesor, a ella le agradezco por aconsejarme y estar siempre conmigo, luego mis tíos y mis primas que siempre me apoyaron, ellos realmente me apoyaron bastante, fue la única familia que tenía en ese momento, y amigos que me siguen apoyando y lo seguirán haciendo, pude notar a mis amigos verdaderos de los falsos, los cuales solo eran materiales, pero por otra parte, esta Dios él siempre me apoyo y me cuido, y yo sé que no me dejara, si me pone otra prueba, yo sé que podré superarla ya que el estará conmigo para ayudarme a superarla.
Luego de haber contado algo de mi historia yo sé que habrá muchas donde los casos sean peores, mucho peores, porque esas personas muchas veces no encuentra ayuda, y su única salvación es lastimarse, o tal vez, acabando con su vida podrán tener esa paz que buscan, pero recordemos que Dios está ahí con nosotros, él no nos abandona, él está hasta en los momentos en donde cometemos errores, para mí esto es un cuento, donde empezó con algo alegre, pero que luego esa alegría se tornó en maldad, pero en los cuentos siempre habrá un final feliz, ese final con el que todos deseamos, pero que tal vez no vemos, nosotros mismos podemos lograr ese final que queremos, lo único que necesitamos es felicidad y tratar de olvidar esa tristeza que nos carcome, no usemos una falsa sonrisa, no usemos una máscara para esconder la tristeza que tenemos, solo tratemos de buscar ayuda de Dios.

Seudónimo: Eiael