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Mi sociedad cruel, infame verdugo:
Solía de pequeña imaginar que sería al crecer, las aventuras que me esperaban, me ilusionaba pensar que se sentía ser fuerte y feliz a la vez, quería que sea mi turno de ganar  o tal vez aprender algo. Y entonces pasa… creces y te das cuenta que todo es falso, los amigos se van, el amor es solamente una palabra y peor aun los que dicen hacerlo terminan rompiéndote el corazón, mientras tu juegas con nuestras mentes, volviéndonos a todos igual y si acaso alguien intenta ser diferente, tú te encargas de que desaparezca. Tal vez leas esto porque necesitas respuestas, y las necesitas porque aún no comprendes porque  lo hice, y no comprendes porque en realidad nunca me conociste, así que por supuesto no sabrías que formaba parte de ti, fui tu mariposa de alma entre tus podridas orugas, ellas no hablaron de mi belleza sino que como su lastimero corazón criticaron mi rareza, no pude darme cuenta que ya tenía alas, podría haberme ido y salvado pero no las use.
Me fragmenté…mis miedos y buenos recuerdos se separaron, los miedos se hicieron cada vez más grandes y los buenos recuerdos fueron desapareciendo, sabes, al inicio resolví aferrarme a ellos, lo juro lo intente de verdad, y con todas mis fuerzas quise creer que no eras tan mala como pensé, me grite a mí misma para que volviese en sí, pero comprendí que no estaba equivocada que la cruel eras tú, solo tú.
Quisiste imponer tus reglas, decirme que tenía que hacer, con quien estar e incluso que vestir, complejos ridículos que hoy los reconozco como tal, pero eso no evito que cayera en ellos, me empezó a importar como es que me veías tú, que pensabas de mí, fue muy duro complacerte, empezaste a llamarme ¡Gorda!, ¡Fea!, fueron tan constantes tus palabras que mi débil corazón se las creyó, creyó cada palabra y cada átomo de mi ser también lo creyó, decidí cambiar, tal vez así me querrías, me amarías, sería aceptada, busqué desesperada la manera de encajar, me mire al espejo, la gorda estaba allí, prometí ante ella que algún día no la volvería a ver jamás, y fue así como empezó mi camino al infierno.
Poco a poco deje de comer, la cocina era un lugar prohibido para mí, los ayunos se hicieron cada vez más constantes, pero ni eso hizo que cambiaras conmigo, supe que lo estaba haciendo mal, debía esforzarme, encontrar la manera, la encontré, el filo de la navaja cortante como tus palabras me sirvió por un tiempo, el dolor sublime que sentía, calmaba un poco esa ansiedad de agradarte. Sufrí y agonice por ello los últimos años, el dolor me hacía sentir viva por ellos comprendí que jamás  podría cambiar este dolor por felicidad, comprendí que el dolor es solo dolor, tal vez si buscara la razón del porque duele tanto algo cambiaria, pero mi esperanza se esfumo cuando dijiste que era mi culpa, claro todo es mi culpa. Nadie se dio cuenta de este dolor por más que mis entrañas gritaron con todas sus fuerzas, ¿Acaso tenía que ser más dramática para que al fin me aceptaras? ¿Necesitaba acaso tener mejores razones?, grite tanto, que me quede sin voz, así que solo miraba como cortabas mis alas, ya no podía volar, así que caí con tus orugas y sus males, esta vez las drogas fueron mis consuelo, las necesitaba tanto como a ti,  y con su efecto creí ser feliz ya no las podía dejar, pinchazos llenaron mi cuerpo formando las cicatrices que no puedo superar, mi vida de ayunos y drogas  tampoco llegaron a  agradarte, desesperada no sabía que más hacer.
Llegó el día en que mi imagen fantasmagórica no podría serlo más, me presente ante ti, ¿tampoco te agradaba?, tu mirada de reproche juro casi me mata, ¿acaso no es esto lo que querías?, ¿acaso no te gusto ahora?, la gorda ya no está como prometí, ya no me rechaces, ¿qué quieres de mí?, no lo digas más, no digas si no lo entiendes,  no lo digas más por favor.
Rota y vacía estaba en un rincón, ya sin lágrimas en los ojos con mi tonto corazón, si es que acaso he desaparecido, no lo sé, pero es que ya nadie me ve, solo escucho mi grito ahogado entre tus risas, este dolor ya no me calma, solo me recuerda lo débil que soy.
Hoy lo comprendo y al escribirte esto entiendo que todo fue tu culpa, cruel sociedad algún día no tendrás a quien manipular, sé que ya es tarde para mí,  este latido es molesto y mi respiración es insoportable, supongo que no estaba destinada para ti, no estaba destinada a amar, ni mucho menos ser amada. Es absurdo haber llegado hasta aquí y lo es más incluso haber nacido, odio lo que veo enfrente, lo débil que me veo, ya  no veo aquella niña soñadora que esperaba lo mejor de ti, te llevaste la pureza de su alma, la que no te correspondía, sé que todo ya ha acabado,  pero por más que sé que todo es culpa tuya, aun me importa lo que digas tú, antes de irme, solo quiero escuchar que por fin me aceptas, que por fin lo hice bien, quiero sentí tu cariño, incluso si sonríes mientras me despides, quiero sentirlo, no tengo miedo, jamás  me acobarde de la muerte, ella es mi amiga, solo le temo, al olvido, al no escuchar que me aceptas, a no escuchar nunca que lo hice bien.
Adiós.

Seudónimo: Anne