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En las frías tierras de Inland donde el viento sopla y la nieve cubre todo con su manto habitaba la tribu de los Dvergar, grandes señores enanos, dedicados a la búsqueda de grandes tesoros en las profundidades, orientados en la magia y en el arte de la guerra pero en tiempos de paz, grandes bebedores y almas de la fiesta.
Un día en una fiesta de la tribu Dvergar. Durin un joven enano se levantó ante la multitud y con voz potente gritó: ¡Ante ustedes hermanos, he de mencionar que la esmeralda escarlata voy a encontrar! La multitud quedó sorprendida por tal declaración, inmediatamente Dvalin uno de los soldados más aguerridos exclamó: ¡Si tú la esmeralda escarlata has de buscar, entonces yo la tanzanita he de encontrar! Los aplausos no se hicieron esperar apoyando a los enanos por la proeza que iban a realizar, mas un tercer enano la voz se oyó alzar. Nadur el más débil de la tribu declaró: ¡Si ustedes riquezas buscareis, entonces… la jadeíta traeré para la tribu salvar!
Ese día se proclamó que tres enanos salieron de la tribu a buscar las tres grandes gemas que a las criaturas se les pudo encomendar:
La esmeralda escarlata una piedra tan preciosa capaz de conceder toda la riqueza que pudieras desear, custodiado por los dragones en lo profundo de la montaña
La tanzanita impotente joya que brinda la capacidad de controlar a todas las criaturas vivientes, escondida en las profundidades del mar donde al Kraken debes despertar
Por último, resguardada por los sabios elfos en las profundidades del bosque esta la jadeíta, piedra capaz de brindar vida a un lugar en decadencia y Nadur era consciente de ello porque pese a que la tribu estaba en tiempos de paz, el crudo invierno seguía y con ello su destrucción.
Y con esto en mente los tres enanos emprendieron su viaje.
Durin fue el primero en llegar y parado al borde de la montaña exclamo: ¡Yo soy Durin y la esmeralda escarlata he de reclamar! Su eco se oyó por todas partes despertando a los dragones que custodiaban el lugar. Ellos al ver a Durin se enfadaron muchísimo pues lo único que pudieron observar fue un corazón poseído por la ambición y en coro exclamaron: ¡Si la piedra te queréis llevar, antes tu corazón deberás dejar! Durin quedó perplejo, no podía cumplir con aquel reto, desganado emprendió su regreso.
Casi similar pasó con Dvalin quien entusiasmado navegó por los impotentes mares consiguiendo al Kraken y con voz prepotente exigió: ¡Yo soy Dvalin y exijo que la tanzanita me has de entregar! La impotente bestia molesta por su repentino despertar y más al ver aquel cuerpo podrido de ambición rugió: ¡Si la tanzanita deseas obtener entonces tu fuerza debes perder! Dvalin se enojó bastante, cómo entregar su fuerza si era lo que más resaltaba ante sus compatriotas, resignado navegó directo a su hogar
Por último Nadur después de internarse por el traicionero bosque al fin al reino de los elfos pudo llegar y con voz apacible declaró: ¡Yo soy Nadur  Señor gran elfo y vengo a pedir si vos podéis entregarme la jadeíta para mi tribu salvar!
El rey de los elfos lo mira impasible no está en su naturaleza confiar, mas este enano era diferente a las criaturas que a la jadeíta se quisieron llevar y con voz monótona declaró: ¡Si la jadeíta queréis llevar, tu alma para la salvación de tu pueblo debes entregar!
Nadur suspiró pero con voz decidida exclamó: ¡Si por la salvación de mi tribu mi alma ha de entregar pues tómala y así mi tribu se podrá salvar!
El rey quedó sorprendido por tal declaración, viendo la pureza de su corazón, cuerpo y alma; proclamó:
¡Tomad la piedra y conservar el alma, porque en ella encuentro bondad; salva a tu tribu protege la piedra y esta nunca te fallará!
Nadur agradeció a los elfos y emprendió su camino a casa.
Al llegar la aldea se encontraba en miseria, pues el crudo invierno avanzó con potencia destruyendo todo a su paso. Nadur convocando el poder de la jadeíta hizo que los vientos cesaran y la nieve fuera reemplazada por un manto verde convirtiendo a las tierras de Inland en un lugar próspero y cálido para vivir.
Los enanos agradecieron a Nadur por haber salvado su hogar. Durin y Dvalin avergonzados por su acción pidieron disculpas y se ofrecieron para mantener la paz de la tribu.
Desde ese día las leyendas cuentan la gran hazaña de un enano que no necesitó la fuerza, sino la valentía y un corazón decidido para así la tribu salvar.

Seudónimo: Rizu