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Años atrás en la sierra del Perú donde reinaba el silencio y las penurias se cuenta de la existencia de un niño llamado Titi Minis, quien era curioso, travieso y aventurero.
A él le gustaba mucho explorar el campo. Titi no se satisfacía con lo que descubría, con decir que se atrevió a jugar con zorrinos a pesar de su repugnante olor; pues a él eso poco le importaba; puesto que amaba todo lo que veía.
Él amaba tomar sol  todos los días, bebía el agua de los manantes, también consumía fresas silvestres y eso era suficiente para el pequeño estómago de Titi.
Este niño tenía por compañía un insecto a quien le llamaba K´eshkento, este era su fiel compañero con quien hacía sus exploraciones.
A veces a Titi se le ocurría tomar un baño de lodo, aunque a K´eshkento no le agradaba porque al bañarse en el fango los renacuajos danzaban alrededor de ellos. Titi amaba ese lugar, en cambio eso enfadaba al insecto.
Un día, Késhkento insistía en explorar otros lugares y así empezaron su nueva aventura. Entonces cerca del atardecer  Titi observó un gran número de arañas que se le acercaban sigilosamente e intentaban hacerle daño. Aunque Titi trataba de huir no podía, pero su amigo K´eshkento intentó ayudarlo, sin embargo tampoco pudo.
Sin poder hacer nada, los arácnidos atacaron al K´eshkento jalando sus alas desde la punta. Era una desgracia, K´eshkento no podía volar más, de modo que  solo su cuerpo giraba como trompo en círculos de manera desesperada. Mientras que Titi no sabía qué hacer,  solo lloraba. En ese instante el niño conoció el dolor del alma por primera vez.
Titi observaba con lágrimas la desgracia de su amigo K´eshkento. El insecto empezaba a respirar lento, sus ojos se entrecerraban; tampoco podía mantenerse de pie. No comprendía lo que sucedía. Solo gritaba entre lágrimas maldiciendo lleno de rencor. Por primera vez su alma pura había experimentado el odio y ver de cerca la muerte lenta.
Pasado un tiempo, el insecto dejó de moverse, cerró los ojos haciendo el siguiente sonido: Késh, k´esh, k´esh, k´esh… como quien se despedía de un amigo. Fue así que Titi enloqueció de rabia al sentirse solo y abandonado.
Sin saber qué hacer, se quedó en el lugar donde falleció su mejor amigo cantando melodías muy tristes que decía:
Sonk´oy nanahua mi corazón me duele
llaquishan k´an ripuctiqui estoy apenado por tu partida
sonk´oy llaquikun mi corazón sufre
mana kaypi kactiqui. cuando tú no estás.
Ay sonk´ollay Ay corazón
kutiy vuelve

Con esas canciones llenas de dolor, Titi pasaba los días donde solo el viento se conmovió y decidió llevárselo.
Desde entonces cuentan los pobladores de la sierra, que cerca de las cuatro de la tarde aparece el K´eshkento buscando a su amigo Titi Minis, anunciando su dolor en el atardecer con sonidos lastimeros diciendo Késh, k´esh, k´esh, k´esh… 

Seudónimo: Mayhua