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Desperté, me sentí como si hubiese ingerido alguna sustancia tóxica, quizá solo era un sueño, mis padres lloraban, ¿qué está pasando?, ¿acaso ese era un policía?, ¿dónde estoy?; pasó el tiempo y me acordé, aunque… ¿Dónde está Yirabi?
Me intervino un oficial, tenía que dar mis declaraciones, a paso de reloj, recordé con lágrimas en los ojos. Agache mi cabeza y con un bulto en la garganta dije:
Era un hermoso día de vacaciones, había terminado mis quehaceres en el hogar y los trabajos en el colegio, tenía el día sólo para mí. Mamá salió temprano, creo que mi hermana saldría con sus amigas, empecé a planificar lo qué haría, lo que me costó trabajo, fue decidir si pasarla en casa o disfrutar el aire de la mañana saliendo a la calle, opté por la segunda opción, antes llame a mi madre: Saldré al parque de la calle 20 de Abril, el sí de mamá, concretó y dio el permiso.
El sol avanzaba y el día se hacía corto, jugué con mis amigos del barrio, conocí a un muchacho, se llamaba Yirabi, creo que su buena impresión concordó con mi personalidad, era como conocer a tu hermano gemelo que claro, nunca existió, en todo caso Yirabi parecía alguien nuevo en la zona, su piel era de un tono más oscuro que el mío, parecía ser de otra parte del país, diría Iquitos, volviendo al tema, estaba a punto de despedirme del muchacho, cuando dos hombres con un aire intimidante se nos acercaron y de pronto, Yirabi me dijo ¡corre!
Me asusté demasiado, quise ir en dirección a casa, pero uno de los sujetos me alcanzó, creí que alguien me ayudaría, sin embargo tuve mala suerte, estaba en un callejón, no había personas. En mi mente solo cabía el nombre de Yirabi, ¿lo habrán alcanzado a él? El sujeto me metió atropelladamente a una casa de por ahí, en la misma calle 20 de Abril, solo que un poco más escondida; al entrar, encontré a varios niños, todos eran notoriamente diferentes, como el caso de Yirabi, todos al parecer eran de diversas partes del Perú, ¡rayos! Estaba secuestrado, intenté abrir la puerta a trompicones, pero los secuestradores la habían reforzado muy bien y mi fuerza era poca. Uno de los chicos me dijo que sólo conseguiría que me maten, una vez así cuando esperábamos la comida, un chico casi logra escapar, pero antes de que pisara la calle, uno de los hombres lo interceptó y se rumorea, que en el cuarto del costado derecho lo asesinaron.
Sólo con lo relatado por aquel niño con quien compartía mi suerte, las ganas de intentar escapar me abandonaron, pero reflexionando encontré una solución y al mismo tiempo un problema, si nosotros, aunque no nos conozcamos bien y seamos tan distintos, si confiásemos el uno en el otro y todos nos uniésemos, podríamos salir, el problema es convencerlos de infundirles valor. Así fue que expliqué mi idea, y los animé a tener coraje, puesto que si no lo hacíamos, tarde o temprano o moriríamos o enloqueceríamos, el discurso apenas pudo convencerlos, lo importante fue eso, en consecuencia, nos organizamos, realizamos la hazaña cuando uno de los hombres entró a darnos de comer, lo agarramos y lo dejamos inconsciente golpeándolo entre todos, la puerta estaba abierta. Rápidamente corrimos a la salida, todos logramos escapar, la sorpresa fue que la policía estaba allí, aunque todos pudimos salir, en un momento, uno de los criminales me detuvo, me usó como rehén, cuando creí que estaba perdido, Yirabi apareció de pronto y golpeó al sujeto, luego ordenó que me fuera, que corriese, mientras su cuerpo parecía jugar con el viento, mientras su cuerpo parecía desvanecerse y desaparecer, era muy raro pero salí, algo me empujó, no lo sé me sentí débil; y cuando ya estaba a salvo caí desmayado.
El oficial dijo: ¿Conoces al chico que te llamó, entonces? Ya que alguien me llamó.
Yo muy sorprendido recordé a Yirabi, y ahora pude entender dos cosas, una que él fue el chico que murió y me salvó; dos, que no lo hubiese logrado sin la unión y fuerza de todos.
Finalmente, las noticias reconocieron la hazaña en la ahora heroica calle 20 de Abril, ya que al parecer cuando una serie de chicos trabajan juntos por un bien común, logran prevalecer sobre los actos de maldad.

Seudónimo: Gonza