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La luz de la mañana se filtraba a través de mi cortina, eso no me hacía muy feliz -nada feliz- y el ruidoso sonar de la alarma no estaba ayudando a mejorar mi humor. Hoy era lunes, debía ir a trabajar.
Me levante lo más pronto posible y al instante me arrepentí, mi mundo empezó a girar; esos mareos me tenían harta cada vez que eran más frecuentes y no tenía idea del porqué. Estaba a punto de perderme en esos pensamiento que parecen ilógicos, inventando cosas locas para explicarlos pero, me obligue a dejarlo sino se me haría tarde; para mí mala suerte el hombre que firmaba mis cheques y yo parecíamos no congeniar tanto ¿Por qué no me despedía? ¿Por qué no renunciaba? Fácil él me necesitaba y yo la paga.
Apresurada empecé con mi rutina diaria: abrir las ventanas, poner música, encender la cafetera, alimentar al gato, ducharme, alistarme, desayuno, llaves, folios, bolso… ¿Bolso? ¿Dónde está mi bolso? Fui a mi habitación nuevamente y allí estaba en mi cama, descansando tranquilamente como si tuviera todo el tiempo del mundo; ni idea de cómo llego allí pero, no había tiempo para esos cuestionamientos, estaba por cruzar el umbral de la puerta y vi algo que no encajaba.
Había una rosa en mi mesita de noche,  no podía explicar su color, pero sin duda es el más hermoso que te puedas imaginar, me quede sin aliento eso no era mío, eso no estaba cuando desperté. Me mudé hace poco -un mes para ser exactos- no sabía que sentir ¿Miedo? ¿Fascinación? ¿Sorpresa? Me acerque con recelo, mi boca estaba seca de pronto, nada de esto tenía sentido; la rosa estaba sobre una elegante cajita que combinaba a la perfección, sin más la abrí y únicamente había un notita:
Es momento Jane
Estaba en definitiva confundida, qué significa esto. Mi teléfono empezó a sonar era Adam de la oficina, contesté agradecida.
—¡Jane! Más vale que estés llegando, Gabe está furioso —genial lo que me faltaba, ya podían declararme muerta.
—¿Notó mi ausencia?-dije esperanzada¬
—Aún no, date prisa no se cuanto más podré distraerlo —parece que aún no estoy muerta, ¡yupi!
—Estoy de camino- dije saliendo por la puerta con mis cosas y entre en el elevador.
—Tienes 10 minutos- dijo antes de cortar.
Iba por el tercer piso y el elevador se detuvo entró un tipo; era atractivo sí, pero tenía cara de idiota uno de esos que se cree superior a todos; se hizo un silencio incomodo al cerrarse las puerta, podía sentir su mirada sobre mí como si me evaluara. Finalmente el elevador se detuvo donde debía, estaba por salir cuando él salió chocando con mi hombro haciéndome perder el equilibrio, de alguna me las arregle para no caer de cara contra el suelo.
—¡Imbécil, ten cuidado que no sabes caminar o…! —al instante enmudecí cuando giro a verme, solo me miró y puso un odiosa expresión de burla y desapareció por la puerta.
Salí de mi trance, ya solo tenía 7 minutos por suerte vivía cerca. De milagro llegué justo a tiempo, entre en mi oficina podía respirar tranquila no había rastro de Gabe, me dirigí a mi silla dispuesta a comenzar con mi trabajo o como yo le decía mi tortura personal, estaba por girarla y sentarme pero alguien entro por mi puerta. Con mi suerte sería Gabe, me giré resignada y lista para lo que viniese o al menos eso creí, frente a mi estaba el mismo sujeto del elevador, no estaba de humor para soportar a un tipo con tendencia acosadora, claramente hoy no era mi día.
—¿Qué haces en mi oficina? No tienes autorización para estar aquí, márchate ahora mismo o llamare a seguridad, me has seguido y eso es un delito, ahora ¡largo! —dije energética. Eso debería bastar para que se fuera pero, solo sirvió para hacerlo reír.
—Aclaremos algo, yo no acoso ni mucho menos sigo niñitas como tú —¡Era tan arrogante!— Anda llama a seguridad o la policía —dijo socarronamente— y no te olvides de mencionar que quien irrumpió en tu oficina es tu jefe.
Estaba a punto de gritarle unas cuantas cosas nada propias de una “niñita”, hasta que entró Adam en mi oficina. Ahora era yo quién lo miraba con superioridad, definitivamente tendría que irse ahora.
—Sr. Hermsword le presento a la Srta. Juno Levesque, editora en jefe —qué demonios estaba sucediendo - Srta. Levesque; le presento al Sr. Nathan Hermsword, él acaba de adquirir la compañía y ha decidido supervisar personalmente todo a partir de ahora —lo miré incrédula, no podía ser cierto, esto era un mal chiste.
—Gracias por las presentaciones puede retirarse —dijo mi nuevo jefe hacia Adam— necesito hablar con la Srta. Levesque— Adam no tardo ni medio minuto en desaparecer por la puerta.
—Debo disculparme por todo lo dicho anteriormente Sr. Hermsword, yo no tenía idea —me sabia a ácido la boca haber dicho eso.
El solo se burló y dijo que lo comprendía aunque yo no me lo creí, toda mi semana se convirtió en un infierno total. Parecía que se divertía con mi sufrimiento y el trabajo se me había duplicado y acumulado como nunca.
Por fin había llegado el domingo había dormido hasta tarde, no tenía que ver a mi petulante jefe, eran las 11:17am; fuí a la  cocina y me preparé algo para desayunar, desperdiciaría mi tarde viendo películas acurrucada en mi sofá comiendo. Sería un gran día, estaba feliz.
A la mañana siguiente era lunes nuevamente, una vez odiaba al mundo. Comencé mi rutina debía apresurarme, mi nuevo jefe no era nada tolerante, Gabe a su lado hasta parecía amable, estaba por salir pero había dejado mis llaves en la mesita de noche, fui corriendo y me encontré con la misma escena una vez más una cajita y una rosa, dentro una nota. Se me había olvidado todo ese asunto con la llegada de mi nuevo jefe, decidí rápidamente ignorar el asunto y me fui a trabajar. Toda la situación se repitió durante un dos semanas más, lunes-rosa-cajita-nota, mis mareos habían incrementado; era domingo y no lo soporte más, leí las notas eran cuatro en total:
Es momento Jane
El tiempo se acaba Jane
Tú decides permanecer o saltar Jane
Recuerda Jane
Esta última me hizo girar la cabeza, ¿recordar qué? Nada tenía sentido que significaba todo esto. Mi vista se nublo.
Me vi a mi misma, estaba en el campo había una casita y una laguna pequeña, era muy sencillo pero perfecto y Nathan conmigo pero, actuábamos raro, nos sonreíamos, él me abrazaba, hablaba pero no le entendía, estaba hablando en francés creo. J’et aime dijo por último y todo se desvaneció.
Era la primera parte lo supe inmediatamente de alguna manera. ¿Primera parte de qué? No lo sé.
Todo cambio nuevamente, ahora yo estaba en medio de una gran salón era hermoso, de marfil y oro, llevaba un vestido blanco de seda y brazaletes que parecían de oro; mi rostro destilaba terror. Nathan entro corriendo, vestía extraño también, me tomo de la mano y me dijo en español.
—Nos descubrieron debemos huir, ¡hay que saltar ya! —entraron unos tipos aún más extraños si era posible
—Soldados imperiales —dije.
—іGraecae! іSpeculatores! —gritaron corriendo hacia nosotros, de pronto hubo un brillo enceguecedor blanco. Huíamos nuevamente.
Ahora estaba en la sala de una casa gigantesca pero, era como una de las fotografías antiguas, vi por la ventana había llegado un carruaje; yo llevaba un vestido extravagante falda acampanada y seguramente un corsé, Nathan entraba por la puerta con traje elegante y un sombrero alto entre sus manos, se veía nervioso, yo me sentía nerviosa. Una señora entró en la habitación y dijo:
—My lady, he is Lord Hermsword her future husband.
—My lady I know it's the first time we see each other but I promise to take care of you and respect you as my wife– dijo con vehemencia arrodillándose. Ese era nuestro primer encuentro allí. ¿Qué cómo lo sabía?, no me preguntéis
Desperté en mi cama no tenía idea de cómo había llegado, mis sueños eran confusos, que tenía que Nathan con todo esto, no tenía idea de lo que había sucedido, gire mi cabeza con temor y vi sobre mi mesita de noche lo que me temía la cajita y la rosa. Me sorprendí cuando la abrí, en el interior ya no había solo una notita, estaba también una pequeña y delicada llave, antigua sin lugar a duda. Tomé la nota que decía únicamente:
Te espero Jane
Una vez más no entendía, opté por averiguar más sobre la llave luego de descartar todas mis teorías acerca de las notas ya las descifraría más tarde. Junte las notitas y las guarde en la cajita.
Tan solo sostuve la llave un poco y  una vez más me estaba mareando pero esta vez fue distinto, vino a mí a una velocidad de vértigo, no sabía cuánto tiempo había transcurrido pero no importaba debía apresurarme antes de que llegasé la tarde. Todo cobró sentido, recordé quien era, definitivamente asesinaría a Nathan por ser un idiota. Salí presurosa de mi apartamento y literalmente aporreé su puerta, tenía la cajita con las notas la delicada llave en mis manos. Me había parecido raro desde un principio que mi “jefe” viviese en el mismo complejo de apartamentos cuando estaba segura que podía pagar por algo mucho mejor que eso. Finalmente me abrió la puerta con una sonrisa tonta y  ligeramente temerosa en la cara, por lo visto descifró bastante rápido mi estado de ánimo y el porqué de mi aparición.
Entre abruptamente sin darle tiempo a hablar y le di un buen regaño acerca de lo idiota que se había comportado, por hacerme perder el tiempo con sus jueguitos y todas esas notas, casi me daba un infarto ¡pensé que era un acosador o un asesino! Logré calmarme rápidamente, pero definitivamente me las iba a pagar en el siguiente salto.
—Debemos hacer el salto pronto, ya casi es hora ¿estás listo? —el miro como si quisiese decir algo, era tan fácil de leer— dilo.
—Sí estoy listo, es solo ¿no encontraste nada en este viaje tampoco? —se me había olvidado por completo lo de la llave y preguntarle por mi primera visión, era la primera vez que la veía.
Sin lugar a dudas no reconocía esa vida. Le conté todo y le mostré la llavecita. Él me miró esperanzado, incluso aliviado. Seguramente pensaba que esa llavecita detendría todo esto y sería el fin de nuestra misión, ya no más viajes en al pasado, presente o futuro dependiendo de dónde lo veas.
—Volveremos a nuestra línea finalmente, sabremos quienes éramos, al fin todo estará solucionado- no quería ser augur de mal presagio pero aun así lo dije.
—Nathan no es la primera vez que la encuentro y lo sabes, no servirá de nada ya lo intentamos todo.
—Sí, pero ese recuerdo es nuevo.
—Sí, pero… —la tierra tembló y ambos nos miramos.
—Están cerca —dije yo.
—Demasiado cerca —dijo serio, se nos había pasado la tarde teníamos poco tiempo antes de que nos atraparan, una vez más teníamos que huir de las protectores del tiempo— prepárate para el salto, hoy tu elijes.
—Me vengaré por hacerme trabajar —dije mientras una burbuja de energía brillante traslucida se formaba a mi alrededor— y también por intentar casarte conmigo, aun no lo he olvidado.
Estaba todo casi listo cuando para el salto, ya estaba mi burbuja completamente formada y la suya empezaba a cerrarse, la puerta estaba siendo forzada pronto se abriría; entre en pánico, debíamos saltar ya mismo, pero no sucedió así.
Nathan salto fuera de su burbuja y yo empecé a llorar, porqué era tan estúpido. Él sabía que moriría dentro de poco, nunca debes interrumpir el proceso, tan solo tenía un minuto. El dolor debía ser agonizante pero, aun así acercó a mi burbuja, me miro con dulzura, me entregó una cajita hecha de adamas y oro, y me dijo:
—Tenías que recordarlo —dijo con un suspiro doloroso como si compartiera un secreto—  N'oublie pas que je t'aime.
La puerta se abrió de golpe y él se desplomó, yo solo gritaba y lloraba mientras mi burbuja ascendía y la luz brillaba cada vez más. Abrí los ojos estaba en un campo como el de mi sueño/recuerdo, tomé torpemente la cajita con mis manos y logré abrirla con la llavecita. Únicamente encontré una nota, una última rosa y un anillo del color de la rosa, era bellísimo indescriptible; las palabras que lo acompañaban fueron:
Parece que recordaste nuestra historia,
Somos libres de amarnos mi dulce Jane,
Entonces ¿te casas conmigo?
Me acerque a la pequeña laguna y vi mi reflejo, podía ver la aflicción en mi rostro, mi dolor era palpable, recordé todo. Nathan, mi Nathan, nuestra casita, nuestra vida, y luego el suceso desafortunado del bosque; socorrimos a unos viajeros pero vimos su viaje a escondidas a pesar de ser advertidos y eso no estaba permitido. Fuimos condenados a viajar eternamente, encontrarnos y creer que estábamos en busca de algo, condenados a solo uno recordar todo.

Seudónimo: Lizzy54