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Aún estoy acá, tratando de olvidar
la primera vez que te aprecié,
esa vez en la que tu sensualidad
estaba atrapada por ese miserable uniforme,
esa vez en la que tu voz sonaba como aquel soneto celestial
que ningún músico logro descifrar,
esa vez en la que cada uno de tus cabellos negros
representaban un camino hacia mi locura y perdición.

Como puedo sacar de mi mente cuando por casualidad roce tu piel,
cuando tu figura se convertía en mi medicina para morir,
cuando decías que te gustaba la soledad y yo quería responderte:
“Tú no puedes vivir sola, pero debes dejar esos placebos
que se hacen llamar tus amigos,
ese placebo mortal que dice quererte...”

Quédate conmigo una noche más,
solo una…
para poder mostrarte el potencial que tienes pero que nadie ve,
para poder hacer cosas que no deberíamos,
para prometer frases que no cumpliremos,
pero… por favor… déjame verte sonreír una vez más,
déjame verte con ropas que no aprisionen tu belleza.

Sin embargo, no importa las condiciones… si al final de cuentas…
siempre quedare hipnotizado por la luz de tu mirada
que alumbra débilmente en mi corazón,
esa mirada con ojos castaños,
castaños con iris color noche,
noche que se hace escarlata
por tus tan sensuales labios.

Aún suena en mis manos el jazz que juntos tocamos,
y en cada canción me encuentro…
preguntándome porque tuvimos que enterrar nuestro amor,
preguntándome si aún me recuerdas,
preguntándome que hubiese pasado
si tú no le hubieses pertenecido a él,
preguntándome por la posibilidad de abrazarte
si es que yo no le hubiese pertenecido a ella.

Desearías que te bese como él nunca lo hará,
desearías que él te abrace como yo lo haría,
desearía ser él… para poder ignorarte,
desearías ser ella… para que nuestro amor dure para siempre.

Seudónimo: Tinker