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Había una vez un niño llamado Josué que observaba desde muy lejos y tímidamente a sus amigos del barrio que se llamaban Juan, Carlos, Pedro y Bruno, que en la tarde cuando terminaban de hacer sus tareas se reunían para jugar canicas llamándose uno a uno con un pequeño silbido que tenía el sonido de un pajarito, saliendo animosamente cada uno de sus casas, en sus manos cada uno llevaba sus canicas en bolsas, en latas, en botellas bacías el cual yo me quedaba asombrado como ellos jugaban canicas al ver caras tristes, caras felices esa era la rutina de cada día yo me preguntaba cuanto costara una yo no tenía para comprarme un pan una tarde mamá me sorprendió muy tímidamente observándonos por detrás de la ventana ese día mamá llego temprano y me pregunto si te gustaría salir a divertirte con tus amigos yo le respondí espontáneamente con una voz suave ¡Sí! Y a la vez ¡No! Porque sabía que teníamos solo para comer y pagar deudas y otras cosas más que yo no entiendo por ser un niño mamá dijo que no me preocupara y tenía que divertirme es así como me da una moneda y me envió a la tienda a comprarme una canica, entonces fui a la tienda saltando alegremente y me dije yo no iba a estar mirando detrás de la ventana sino iba salir a divertirme, y yo no iba a practicar con piedritas sino iba a tener una canica.
Llegué a la tienda y pregunte al señor Juan si vendía canicas y el me respondió creó que viniste con suerte porque tengo de tres tipos lecheras, perlas, las minis y yo me pregunte cual será el que me dará suerte y el señor Juan riéndose me entrego una canica lechera y me dijo suerte Josué y Josué le pago con la moneda que le entrego su mamá.
Es así donde empieza mi aventura me faltaron patitas para correr hacia mis amigos que se encontraban en la esquina de mi casa preguntándoles si yo podía participar en su juego y ellos me respondieron que sí, tu turno será después de Bruno, terminó Bruno de lanzar; me toca, les dije, tengo una apuesta si le doy desde la otra esquina me darán cada uno cinco canicas, entonces Juan, Carlos, Pedro y Bruno aceptaron el reto. Bruno dijo es tu primera vez jugando canicas que oportunidad tendrás dijeron riendo, pero Josué astutamente no sabían que yo jugaba con piedritas Josué lanzo fuerte y seguro de lo que hacía teniendo en suspenso de Bruno, Pedro, Juan y Carlos quedándose asombrados del tiro que lanzo Josué diciendo suerte de principiante picones le dieron las canicas y ganando limpiamente sin trampas ganando su veinte primeras canicas siendo así que juego tras juego llego el momento que apostara su lechera en el cacho todos primero querían sacar la lechera Josué empujo a Bruno hasta el cacho saco su lechera y comenzó a tira la canica a Carlos, Juan, y a Pedro, Josué gano muchas canicas ya era hora de almorzar su mamá de Josué lo llamo a almorzar y Josué empezó a narrar a su mamá todo lo sucedido muy emocionado y feliz… Josué sabía que tenía que esforzarse más para seguir ganando.
A la mañana siguiente sus amigos de Josué lo buscaron para la revancha pues querían recuperar sus canicas Josué acepto el reto uno de sus amigos Bruno se estuvo preparando toda la noche para jugar Josué en el enfrentamiento Josué perdió su primera canica la lechera eso deprimió a Josué estaba triste cuando su mamá retorno por la noche lo encontró en la oscuridad llorando y ella le pregunto que había sucedió Josué le contó a su mamá lo que pasó con Bruno y su mamá le explicó a Josué que así es el juego abecés se gana y abecés se pierde y no por eso se tiene que malograr la amistad hay que ser buenos jugadores.
Josué entendió y al día siguiente fue a buscar a sus amigos Carlos, Pedro, Juan, y Bruno… Les dijo puedo jugar y ellos lo aceptaron pasaron horas de juego y entretenimiento, terminaron de jugar temprano y se sentaron a contar sus canicas y a conversar, hasta ese momento el que tenía mayor número de canicas era Bruno, le seguía muy cerca Josué, después estaba Carlos y en último lugar estaba Pedro. Josué exclamó, que extrañaba mucho a su primera cámica, pues era muy especial para el porqué su mamá se la compró al escuchar eso Bruno decidio devolver a su amigo Josué su canica lechera logrando afianzar una bonita amistad. Ya era hora de retornar a sus casas y todos se despidieron con un fuerte apretón de manos esperando al día siguiente para iniciar una nueva aventura ellos y sus canicas.

Seudónimo: El Didier