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En mi corazón había antes
 una oquedad irregular 
esa imperfección denotaba 
tu ausencia a grandes rasgos.

El tiempo de particular monotonía 
y los días de habitual noluntad
le daban a mi vida 
matices de naturaleza trivial.

Descubrirte fue un hecho singular 
de obrajes subrepticios
e inevitable fortuna
indescriptible causalidad
e imperturbable certeza.

Mi corazón espera tu llegada
y tu demora es responsable
de sus desmedidos lamentos,
pero al verte en el umbral
la tristeza y la melancolía
quedan relegadas en un rincón.

Mientras veo que la distancia entre nosotros disminuye 
quedó sumido en tu mirada.
Eres perfecta.

Hermosa como flor al descubierto,
suave de rostro sublime,
linda como cielo constelado 
y delicada de movimientos acompasados.

Tus ojos como estrellas rutilantes
emanan paz y alegría,
pero al momento del viaje
dejan dolor en la partida.

Ahora que te tengo 
doy cuenta de la felicidad que me embarga,
la realidad quizá utópica
de fantasía inefable.






Verte me complace tanto
 los días y recuerdos de aspecto mustio
se desvanecen con tu presencia  
tu forma de ser
 como me atrae como me fascina.

Contemplarte me complace tanto
cuando de repente nuestras miradas convergen
y te aproximas dulcemente,
la expresión en tu mirada 
es entre risas y llantos 
la muestra de tu encanto.

En lo hondo de la noche 
me cuesta trabajo encontrarte,
pero guiado por la necesidad,
el recuerdo prospera 
y me hallo de nuevo en tarea de buscarte.

Si por momentos sientes dudas 
del afecto que te pueda dar,
ven acércate a mí, olvida 
el mundo si es preciso
 y lleguemos hasta los linderos que separan
lo efímero de lo perpetuo
dándole a este amor significado sempiterno.

Sí, aunque kilómetros distanciados 
sin poder vernos 
el viento se pondrá de nuestro lado 
llevando los recados de mi abatido corazón.

Si, aunque años separados sin poder reunirnos 
el tiempo se pondrá de nuestro lado
 convirtiendo la prolongada espera
 en días de reducida duración.

Si, aunque mundos alejados 
Sin poder encontrarnos 
Los cielos se pondrán de nuestro lado 
Enviando en cada estrella 
Los vestigios de nuestro infinito amor.

Seudónimo: Mermadara