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En una calle común como cualquier otra, había una casa en la que se veía por la ventana la triste soledad y el vacío. Las personas cuentan que cada vez que pasaban por allí se sentía un profundo escalofrío. Nadie quería pasar cerca de esa casa, pues daba cierto temor, ya que era una casa vieja y abandonada.
Es así que, uno de aquellos días, una familia se había mudado cerca de aquella casa. En esa familia, había un niño capaz de hacer todo lo que se proponía, se llamaba Paul. Era una tarde tranquila, y en uno de esos días de juegos, Paul jugaba con su cometa que su madre le había regalado; resulta que su cometa, se había enredado en el tejado de la casa abandonada, como él no quería perder su cometa, tocó la puerta muchas veces y en un momento a otro la puerta fue a dar al suelo, él sin pensarlo entró, llamó y dijo:
—¡Holaaa!, hay alguien aquí —nadie respondía.
La casa era de dos pisos, así que subió al segundo piso, en el encontró un gran tesoro, pero jamás pudo imaginar que tal tesoro estaba resguardado por una niña especial, Paul le preguntó:
—¿Cuál era su nombre?
Ella respondió con otra pregunta:
—¿Cuál crees que sea?
El niño asombrado se quedó con la boca abierta al escuchar la respuesta; después de una larga conversación muy amena se hicieron amigos, ella vivía sola y su misión era resguardar aquel tesoro, pues no estaba autorizada a revelar el secreto.
La noche caía, el cielo estaba lleno de estrellas, y el viento soplaba. Paul se tenía que ir, estaba un poco triste, pues, quería nuevamente volver hacia aquel lugar. Ya en casa, sin hacer ruido, subió a su habitación, se acostó en su cama y seguía pensando en aquel momento. Al día siguiente volvió a ir al encuentro de la niña y así fueron todos los días.
Al ir a visitar nuevamente a su amiga, se dio con la sorpresa que había muchas personas congregadas en la puerta de la casa; todos reclamaban y decían:
—¡Fuera de aquí! ¡No te queremos más!
La jovencita miraba por la ventana a la gran multitud enfurecida, mientras tanto Paul decía:
—Por favor ¡cálmense!, ella no les hará daño, no tiene un lugar donde ir.
Las personas que estaban allí no eran nada razonables, es así que decidieron demoler la casa.
Paul se escabulló en medio de la multitud subió las escaleras y en una de las esquinas Laura estaba acurrucada, tenía en la mano aquel tesoro, él le pidió a Laura que saliera de la casa y que se fuera con él. Vámonos de aquí le decía, pero Laura no lo quería hacer, ya que cuando era niña prometió que jamás saldría, porque si lo hacía las personas que ella amaba morirían.
Laura le pidió a Paul que se llevara aquel tesoro y que lo cuidara como su propia vida, ya que era lo único valioso que tenía y antes de que muriera Laura, él aceptó y se fue. Paul mientras bajaba las escaleras lloraba desconsoladamente, su corazón latía y sufría, pero pudo escapar de aquella gente, corrió sin detenerse, hasta llegar a un campo, ahí se detuvo y descansó.
Mientras tanto la población demolía la casa. Laura al no tener el tesoro a su lado murió.
De la casa solo quedó trozos de madera. La gente que fue partícipe de la destrucción de dicha casa empezó a morir.
Paul, al alejarse de aquel lugar y con el tesoro en manos lo abrió, ahí encontró un hermoso collar con piedras preciosas, pues este indicaba el amor y la alegría.
—Paúllllllll —llamaba su madre.
Pues no sentía aquella voz, así que su madre seguía llamando, hasta que finalmente, Paul despertó, al levantarse sintió que algo tenía en el cuello; era el collar que su amiga especial le había dejado.

Seudónimo: Bianca