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La música entra en mi alma 
y calma mi puño,
tranquiliza mi espíritu,
me da una sensación única 
en este catastrófico mundo,
y hace reaccionar mis labios
para pronunciar la mágica emoción.

Borran de mi mente aquellos parásitos
que eliminan mi alegría,
un remedio contra el mal  de mi vida.

Agradezco a mi Dios por crear la música,
porque ahora la música me salva de la muerte,
su sonido me libera de mis tristezas,
es una gigantesca lámpara en el callejón oscuro,
casi perfecta como la existencia de Dios.

La música es la armonía que manifiesta
las verdades de mi vida:
magníficas y fascinantes melodías.

Esa eficiencia que transmite lo que siento,
de exponer la alegría,
y controlar al animal que llevo dentro, 
dormido con tristezas y enfados,
con amarguras y mentiras.

La música es una fuerza que llega 
a mi acongojado y mustio ser, 
con significado de paz y bienestar,
a pesar de sus diferentes sentimientos dispersados,
de penas y desgracias,
de amores y tragedias,
su principal propósito 
es siempre llegar al alma,
de expandir esa sensación de majestuosidad,
de poder ser el mensaje de Dios.

Yo soy el mensaje de Dios con la música.

Mi guitarra abre la puerta de poder,
de poder poseer la música con seis cuerdas,
de poder expresarme de la manera más melodiosa
y ser el primero en oír la esencia de su melodía,
su armonía como la sinfonía de la vida,
una armonía con seis mensajes supremos de Dios.

Seudónimo: El Mensajero