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Érase una vez un niño que se llamaba Renato, él era huérfano de padre y vivía con su madre Sonia en Puno. Al pasar el tiempo el niño empezó a preguntar a la madre quién era su padre, pero la madre nunca le respondía y cambiaba de tema. Unos años más tarde, su madre volvió a comprometerse. La nueva pareja de su madre era una persona joven llamada Enrique.
Sonia y Enrique tuvieron tres hijos, quienes eran los preferidos de Enrique, casi siempre tenía ropa nueva y más comodidades que Renato. Al pasar el tiempo, Renato se dio cuenta de que su padrastro tenía más preferencia por sus hermanos y él se resentía mucho, todas las noches lloraba bajo las estrellas preguntándose quien era su papa y porque lo había abandonado, sin obtener ninguna respuesta. Por las mañanas, ayudaba a su mama, la acompañaba a dar de comer a sus animales, y en medio camino le preguntaba donde estaba su papá, pero ella le cambiaba de tema.
Renato era un buen estudiante, casi siempre ocupaba el primer lugar de su salón de estudios, sin embargo, comenzó a bajar sus calificaciones. La insatisfacción que sentía por los privilegios de sus hermanos y la soledad por la ausencia de su padre cambiaron su comportamiento, se había convertido en un niño rebelde y sin esmero. Sus profesores, muy preocupados por la situación, empezaron a indagar en su vida, a lo que Renato respondía con agresividad e ironía.
Renato comenzó a tener malas juntas que le enseñaron a beber licor y a fumar. Todas las mañanas bajaba a la plaza con sus amigos para embriagarse. Muchas veces él no deseaba hacerlo y quería pensar que todo era una pesadilla; sin embargo, la presión del grupo lo obligaba a cumplir “su deber de amigo” y de embriagarse junto a ellos, todo para no ser llamado “Gallina”, “Mariquita” o simplemente perderlos.
A pesar de ello, en el fondo de su corazón deseaba volver a su anterior vida, por lo que cumplía con algunos actos de buena fe. Unos años después, el niño le pregunto por ultima ves a su madre quien era su padre, y su madre lo respondió que debería de estar contento por no tener padre ya que si tendría uno le estaría gritando, el niño se calló y nunca más volvió a tocar el tema.
Esa noche el niño lloro toda la noche sin dejar de pensar si era verdad lo que había dicho su madre. Al día siguiente el niño amaneció con la idea de que tener padre era muy malo, pero seguía sin entender como otros niños siempre decían que sus papas eran los mejores.
Un día, su padrastro le pidió que trajera las llaves de su moto y el niño por casualidad encontró una foto donde estaba Enrique con otra familia y detrás de la foto había una dirección de una casa, Renato por fin había entendido porque su padrastro viajaba todos los fines de semana a Lima. Renato le dijo a su madre pero ella no le creo y fue tanta la insistencia de Renato que su madre decidió llevarle a Lima a una escuela militar, de tal forma, mejoraría su comportamiento y dejaría de inventar cosas.
Y así fue, Renato fue llevado a una escuela militar donde terminó su secundaria, allí tuvo tiempo de reflexionar y volver a ser el de antes. Al terminar su secundaria empezó a buscar a la otra familia de Enrique.
Al cabo de unas semanas Renato encontró a la otra familia de Enrique y decidió volver a Puno, al llegar visitó a su madre y le confesó que había encontrado a la otra familia de su padrastro. Esta vez su madre, llena de remordimiento, le creyó y lo acompañó a Lima aceptando el engaño de Enrique.
Al día siguiente regresaron a Puno, dándose con la sorpresa de encontrar a Enrique en la casa. Él los esperaba con un cuchillo en la mano, dispuesto a matar a Renato, se había enterado de los últimos acontecimientos y no estaba dispuesto a perder a Sonia.
Enrique atacó a Renato, ambos forcejearon por un buen rato, Sonia fue en busca de ayuda, sin embargo no podía defender a su hijo. Renato con el impulso de defenderse apuñaló a Enrique.
Unas horas más tarde llegó la policía y la madre de Renato se echó la culpa del asesinato de Enrique. Unos meses después fue puesta en libertad por haber actuado en defensa propia. Cuando Sonia salió de prisión, buscó a Renato para hablarle sobre su padre. Él no los había abandonado, era minero ilegal y había fallecido aplastado por un planchón, pero antes de morir, pidió a Sonia que no contará a su hijo que trabajaba de manera ilegal, no quería que se hijo se decepcione, sino que sea un hombre de bien.
Renato por fin había entendido que su padre no les había abandonado. Decidió continuar con sus estudios y se volvió un gran ingeniero de minas, sin olvidarse de apoyar a su madre y a sus hermanos.

Seudónimo: Jeison