[Volver al índice de obras]

¿Dónde estoy? ¿Cómo llegue aquí? ¿Estoy muerta? Ya no siento mis pies; todo está oscuro pierdo la conciencia es acaso mi fin…
—Despierta…
—¿Quién es? —pude divisar en medio de la oscuridad una luz tan blanca y pura que formaba la figura de un infante cuyo rostro solo se podría notar una sonrisa.
—¿Quién eres? —pregunté más, la extraña figura no contestó.
—Despierta…
Volví a escuchar esa voz de pronto el hombrecillo se para dispuesto a marcharse.
—Espera no te vayas —de repente sentí como si un remolino me absorbiera, todo se volvía negro, perdía la conciencia. Lo último que alcance a ver es como aquella figura se despedía.
—¡Nataly despierta!
—Mamá.
—Qué bueno que despertaste me tenías preocupada.
—¿Qué paso? ¿Dónde estoy?
—Te desmayaste, te trajimos de emergencia al hospital.
—Ya veo “habrá sido un sueño”.
—Disculpe. Es usted la madre de la paciente.
—Sí, porqué la pregunta.
—Soy el doctor encargado de su hija. Mmm puedo hablar con usted en privado “por una extraña razón el tomo que uso el doctor no me agrado”.
—Por supuesto, Nataly espera me un rato ahora vuelvo.
Vi como mi madre salía de la que supongo es mi habitación en el  hospital las paredes eran de color crema, los pisos estaban cubiertos de mayólica blanca y las grandes ventanas estaban resguardadas por gruesas cortinas que impedían el paso de la luz un lugar aburrido a mi parecer esperaba no quedarme tanto tiempo aquí…pero parece que la vida no lo quiso así…
En otro lugar…
—Esto no es verdad no puede ser cierto replicaba una señora
—Lo siento...Pero los resultados no mienten su hija tiene una grave enfermedad en el corazón y si no le realizamos una trasfusión en los próximos días es muy posible que muera.
—Nataly?
—Madre volviste que te dijo el doctor ¿Podré salir pronto?
—Bu… ueno cariño verás creo que te quedaras aquí por un tiempo —tartamudeó.
—Que,  bromeas, verdad.
—Solo será hasta que encontremos un donante.
—¿Un donante? ¿Madre que pasa? Pregunté ya al borde de la histeria.
—Cielo vera parece que tu corazón tiene un fallo .Pero no te preocupes conseguiremos un donante y todo se solucionará. Ade…
Ya no escuchaba la voz de mi madre la noticia había sido tan fuerte que no podía asimilarla. Es verdad que no se  mucho o nada de medicina pero si sabía que la trasfusión de corazón era una operación muy riesgosa no muchos sobrevivían y había tan pocos donantes… Tengo miedo… no quiero morir.
—Todo estará bien… esa voz —abrí los ojos rápidamente tratando de localizar al dueño de esa voz pero no lo hallé.
—Nataly, ¿estás bien?
—Ahhh
—¿Parecías perdida como si estuvieras en otro mundo?
—No te preocupes mamá no fue nada.
—Bueno ya me tengo que ir, verás que pronto te recuperarás.
—Sí, adiós mamá.
La noche cayó y la habitación se convirtió en un tétrico lugar el reloj que colgaba de la pared ya casi marcaba las 12.00 pm hora donde la animas camina. No podía conciliar el sueño miles de preguntas surgían y todas sin respuestas. De pronto un sonido me saco de mis pensamientos busque con la mirada el origen de sonido pero grata fue mi sorpresa al ver la misma silueta que horas antes había asaltado mi mente.
—¿Quién eres? —la duda me asaltaba no sabía qué hacer.
—¿Eres un fantasma? —más la extraña figura no me respondió y soltó una leve carcajada parecida a la voz de un niño y se echó a correr.
—¡Espera! —me paré lo más rápido que pude y lo seguí .Vi cómo se adentró por una puerta al costado de mi habitación ¿había una puerta allí? Como no la noté antes pero pese a todo cruce la puerta y lo que vi me dejo sin palabras.
Una brisa fresca golpeo en mi rostro frente a mí se alzaba un majestuoso jardín rodeado de grandes árboles de eucalipto, la luna en su máximo esplendor se reflejaba en una pequeña laguna, que reposaba en medio de tan glorioso jardín y en su orilla se encontraba aquel fantasma. Un impulso me condujo a sentarme en su lado a disfrutar de la paz que gobernaba en el lugar.
Los días pasaban y el mismo escenario se repetía al caer la noche  la misteriosa puerta aparecía y junto con el fantasma nos dedicábamos a disfrutar de la paz hasta que caía en un sueño y al despertar todo volvía a ser como era antes.
Pero en una noche todo sería diferente .Llego la hora indicada y al pasar la puerta encontré al  singular espectro como era rutina me senté a su lado a contemplar las estrellas.
—Gracias  por mostrarme un lugar tan hermoso antes de mi muerte —dije con un poco de pena en mi voz, porque la verdad ya había perdido las esperanzas cada día me debilitaba más y no aparecía un donante, me mantuve en silencio sumida en mis pensamientos hasta que un fuerte golpe me hizo volver a la realidad.
—Auch… porque lo hiciste —le repliqué, pero una mueca de enfado se posó en sus labios y se fue corriendo a la habitación.
—Espera a dónde vas —me propuse a seguirlo pero al llegar a la puerta que separaba el mágico jardín de la habitación un sentimiento de miedo me invadió por alguna razón no quería ver la que había detrás. Armándome de valor cruce el umbral un frio viento me recibió que me helo hasta los huesos la habitación parecía la misma pero a la vez algo no cuadraba en mi cama había un niño.
Un pequeño niño se encontraba postrado en mi cama conectado a varias máquinas que lo mantenían con vida .Su  piel estaba tan pálida que se le podía comparar con un muerto a su costado se encontraba el fantasma que lo miraba con una sonrisa melancólica sentí ganas de llorar y no sabía porque.
—¿Por qué me trajiste aquí? —interrogué al fantasma más este no respondió vi con sorpresa con desde el pecho de aquel ser, un corazón surgía tan rojo como la sangre. Empecé a entrar en pánico no sabía lo que pasaría mire a todos lados hasta que mis ojos se conectaron con el infante que reposaba en la cama su mirada era tranquila me infundía confianza pero a la vez tristeza vi con horror como una luz le cubría y un horrible ruido comenzó a   resonar  en la habitación, ese tan característico sonido que hacen las maquinas cuando una persona pierde el pulso. No… no quería que pase, algo tenía que hacer.
Una mano se posó en mi hombre alce la vista y vi como el fantasma se fusionaba con el niño mostrando en su pecho aquel ferviente corazón que poco a poco se opacaba.
—Nataly —de repente escuche la voz de mi madre y sentí como me arrastraban estaba despertando.
—No, ¡espera! —grité desesperada perdía la conciencia lo último que alcance a ver es como aquel niño me regalaba una cálida sonrisa mientras me susurraba “todo estará bien  yo estaré contigo…”
—Nataly despierta.
Desperté asustada.
—¿Qué paso?
—Cariño te tengo buenas noticias encontramos un donante.
—En serio.
—Sí, ayer un niño sufrió un accidente lamentablemente no pudieron  salvarlo pero su corazón está en buen estado y sus padres dieron la autorización. No es genial.
—Supongo que… de pronto los sucesos de la noche anterior golpearon mi cabeza lagrimas gruesas recorrieron mi rostro todo estaba claro aquel niño era…
—Nataly estás bien ¿Por qué lloras?
—De nada mamá —traté de tranquilizarme— es solo que estoy feliz.
—Tranquila veras que todo saldrá bien.
—Sí.
El día de la operación llego me llevaron en una camilla lejos de mi ahora tan preciada habitación cruce los pasillos del hospital hacia el quirófano.
—¿Habitación tienes miedo? —me preguntó el médico mientras se preparaba para operarme
—No —respondí con determinación el estará conmigo.
—¿Quién?
—El fantasma de mi habitación.

Seudónimo Rizu