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Ella estaba muy apurada ese día, tenía que llevas unos archivos para una exposición en su clase, tanto así, que comenzaba a hablar sola de los nervios; y en el transcurso del camino. ¡Pom!. Sin darse cuenta se chocó con él. Los dos cayeron al piso, la chica se levantó rápido y comenzó a recoger sus archivos, y; él, la miró un largo momento, y se puso a ayudarla. Después de aquello no cruzaron palabras ese día.
Ella era Jazmín, una muchacha muy responsable y él Ethan, un chico que no era tan bueno, pero sí, muy inteligente, y solo abecés tonto. Ellos estaban en la misma clase pero solo ese día se dieron cuenta de que ellos existían y estaban en la misma clase. Ethan tuvo que disculparse en la hora de salda de clases. Estudiaban en el mismo colegio y ni uno de ellos se había dado cuenta de que estaban en la misma clase antes, pero ahora todo estaba comenzando a cambiar.
—Discúlpame —le dijo Ethan.
—De que, si prácticamente fue mi culpa, por andar de distraída —respondió Ella.
Los dos al mirarse a los ojos, quedaron perdidamente enamorados, anqué ellos trataban de ocultarlo casi siempre. Se pensaban y miraban todos los días, trataban de mirar a otro lado cuando cruzaban miradas. Trataban de evitarse, pero eso  acabaría pronto.
Ese día fue el día menos pensado para ellos, pues el maestro cambiaria de sitios en su salón de clases. El profesor menciono  sus nombres y los sentó juntos, los dos se pusieron demasiado nerviosos, estaban totalmente rojos. Obedecieron sin objeción. La primera semana ni se hablaban, todo comenzó de la nada, la segunda semana, parecían un par de loros los dos juntos, y ya se habían dado cuenta que estaban enamorados, se miraban y se coqueteaban, Jazmín trataba de no sonreír mucho para el para que él tampoco lo hiciera. No pasaban los recreos juntos, por qué los molestaban, y ellos se enojaban porque era verdad. Y los dos repetían que nunca tendrían nada. Pero nadie es dueño de su destino, y mucho  menos ellos.
Aquella noche no dormitaron muy bien, por qué en el día habían peleado de una tontería, claro que nadie sabe de qué, si ni siquiera eran enamorados, y ya se habían peleado. Algo raro no. Cada uno pensaba en como estaría el otro, que estaría haciendo. Se querían demasiado aunque no lo demostraban.
Ethan se puso a reflexionar y se propuso algo, que capas no lo lograría, ¡declararse!
Jazmín, estaba tan triste, Ethan pensó un plan e hiso que uno de sus mejores amigas la citara temprano al colegio. Jazmín aceptó.
Él se levantó temprano, se bañó, se peinó, por primera vez se echó colonia. La esperó unos 5min. Él se le acercó, ella quiso escaparse, pero algo lo evitaba. Lo vio y le dijo las siguientes palabras:
—Quiero que seas mi enamorada, quiero estar contigo, por qué te quiero Jazmín y no he podido soportar que te enojes conmigo, me duele que te enojes conmigo; por favor dime que sí —dijo Ethan, con su voz muy delicada y hermosa, muy nervioso.
—La verdad no sé qué  decirte, pues tú me gustas y no te quiero hacerte sufrir, porque también te quiero, pero te quiero demasiado y no quisiera —rompió en llanto, y cayó en sus brazos, y le dijo en el oído— Sí acepto, acepto ser tu enamorada, pero con una condición que nadie se entere, hasta que, yo me atreva a decirlo. Aceptas —y por primera vez caminaron una mañana juntos, agarrados de las manos.
A dos años de estar juntos, se separaron de un pequeño error, una mentira, una trampa del destino, y juraron nunca más verse ni hablarse. Pero siempre la llama que encendieron siempre estuvo prendida, aunque ellas la dieron por apagada.
Los dos se casaron con diferentes personas, nunca fueron felices, ambos no tuvieron hijos, jamás llegaron a querer como se querían. Siempre se recordaban.
Al tener ya 40 años ella quedó viuda y él se separó, porque ya no soporto más estar con su esposa. Se reencontraron, pues su destino fue estar siempre juntos; al mirarse se dieron cuenta que la llama del amor nunca se apagó y que nadie jamás la pudo apagar.
Meses después ambos murieron; no lograron casarse, murieron juntos; de una manera inexplicable y fueron enterrados juntos; pero su destino nunca fue estar separados; y su amor sigue presente hasta ahora pues “nunca te casas con tu verdadero amor”.
Cuida a tu corazón, y evita separarte de tu verdadero amor.
Seudónimo: Caren