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Había una vez dos hermanos, uno rico llamado Javier  y otro pobre llamado Matías. Javier, sin embargo, nunca ayudaba a su hermano Matías, el cual se ganaba la vida  comercializando maíz y a veces le iba tal mal que no tenía pan para darle a su querida esposa e hijos.
Una vez cuando Matías iba con su carretera  por el bosque, miró hacia un lado, y vio una montaña que nunca había visto.
Él se paró y la observó con gran asombro.
Mientras analizaba aquello vio de pronto  que venían 17 grande hombres  en dirección  donde él se  encontraba  y pensando que podrían ser asaltantes se escondió entre la carretera, entre la apresura se subió a un árbol  y espero a ver que sucedía.
Sin embargo 17 ladrones se dirigieron a la montaña, Y gritaron:
—Montaña sensi, montaña sensi ¡Ábrete!
De inmediatamente la montaña se abrió y los 17 ladrones ingresaron a ella y una vez ya dentro, la montaña se cerró.
Al cabo de un rato se abrió de nuevo, y los hombres cargando pesados sacos sobre sus hombros y cuando ya estaba a la luz del día dijeron:
—Montaña Sensi, montaña Sensi ciérrate.
Y la montaña se cerró completamente sin que dejara seña  de alguna entrada a ella y los 17 ladrones se marcharon de allí.
Cuando nadie estaba a la vista el Matías bajo del árbol y fue a curiosear que secreto había adentro de la montaña así  se acercó y grito:
—Montaña sensi  montaña Sensi ábrete.
Y la montaña se abrió a él también. Entró a ella y toda la montaña era llena de oro y plata, con grandes cantidades  de perlas y brillantes.
Matías no sabía qué hacer si llevarse el tesoro  o no llevárselo, pero al fin lleno sus bolsillos con oro, dejando las perlas y piedras preciosas donde estaban. Cuando salió grito.
—Montaña Sensi, montaña Sensi ciérrate.
Y la montaña se cerró, y regreso a casa con su carretera y su carga
Y desde entonces no tenía necesidad. Y podía comprar alimento y ropa para su familia
Pero mientras Matías tenía más dinero Javier tenía más envidia así que se ideo un plan lo siguió para ver de dónde sacaba dinero y vio que se iba a una montaña y gritaba
—Montaña Sensi ábrete.
Y se abrió la montaña y luego entro y luego de un rato salió y grito:
—Montaña Sensi ciérrate.
Y la montaña se cerró, luego que se fuera Matías, Javier gritó  lo mismo y se abrió y entro y  encontró monedas de oro perlas, y se agarró las perlas, pero  como la avaricia  tenía él se óvido la palabra mágica Pero como ese no era el nombre correcto de la montaña, ella nunca se abrió y permaneció cerrada. Entonces, se alarmó, y entre más trataba de recordarlo, más se le confundían los pensamientos, y sus tesoros no le sirvieron para nada.
Al atardecer, la montaña se abrió, y eran los doce ladrones que llegaron y entraron, y cuando lo vieron soltaron una carcajada y dijeron:
—¡Pajarito, te encontramos al fin! ¿Creíste que nunca notaríamos que ya has venido dos veces antes? No te pudimos capturar entonces, pero esta tercera vez no podrás salir de nuevo.
Entonces el hombre rico dijo:
—Pero no fui yo, fue mi Hermano.
Y lo dejaron rogar por su vida y que dijera lo que quisiera, pero al final lo dejaron encerrado en la cueva hasta sus últimos días.
Seudónimo: El Brayan