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En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas.
El tablero los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero caballo,
armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy el subconsciente.
Como el otro, este juego es intimidado 
pieza que se mueve dando un golpe de suspenso
con escondidos trucos que detrás lleva
no se sabe ahora que pieza mover.
Seudónimo: El Sebas