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1
Aún recuerdo esos días de felicidad,
cuando era alegre de verdad
en aquel mágico lugar de verdes hierbas 
parajes místicos que nunca podré olvidar.
2
Juegos y risas  veíase a mi alrededor
entre buenos amigos y amigas, 
que dicha la mía 
hasta el alma se me iluminaba de alegría.
3
Era un niño todavía 
acostumbrado a vivir esa rutina,
más no me di cuenta que esto algún día acabaría 
fue la mejor etapa de mi vida que más pediría… Yo.
 4
Así perdí el sentido del tiempo cruel
pensando que esos días serian una eternidad, 
que pensamiento tan iluso,
producto de mi inmensa felicidad.
5
A través del pasar del tiempo,
mi felicidad se fue desvaneciendo 
y mis más grandes temores
me iban consumiendo… y
royendo el alma de a pedazos.
6
El miedo en mí se sentía, como el amor por lo ajeno,
temía irme de aquel hermoso paraje, 
temía no volver a sentir esa sensación de felicidad,
temía el cambio después de todo esto,
temía terminar con la inmensa infancia mía…
8
Recuerdo la voz de mi dulce madre
que decía: “ya se acerca tu despedida” 
 aquellas palabras me partían el corazón,
mis miedos se apoderaron de mí por completo 
porque aún recuerdo 
la noche  desolada en la que dormir no pude
mis ojos sentían la tristeza de mi ser, 
fue la primera de tantas noches oscuras y tristes,
en la cual, la nostalgia hizo añicos de mi presencia.
Desde aquel día,
la tristeza entre sus garras me tenía 
y mis días se volvieron grises 
pues ya no veía caras felices,
es más, creo que ya no las veré
así pueda ver el cielo azul convertido 
en un inmenso espejo llena de almas sin vida.
10
En aquella inesperada despedida 
Mis emociones en dos se dividían
 Alegría y tristeza, 
diversión sin medida, ocasiono mi alegría
Pero todo esto se acabaría, 
que tristeza la mía
 que injusta es la vida
al utilizarnos, cuan títeres del destino, 
seguimos de camino en camino
el cruel destino que la vida nos depara…
11
Ya han pasado mucho tiempo desde aquel día
¿días?,  ¿meses? o tal vez ¿años?
En verdad no lo recuerdo
Más mi mente ignota me indica que hoy 
hoy solo recuerdos intangibles en mi quedan  
de esa fugaz pero alegre vida de la infancia. 

Seudónimo: Jerry el Sabio