Quien busca el oro, siembra la muerte

Entre árboles y ríos muertos
 suena humillada la voz del campesino,
 del hombre que vivió,
 olvidado entre ramas y ríos.

Quien busca el oro, busca la muerte

Suena la bala mortal 
en el pecho del hombre y su miseria.
 Herida está la selva
 rodeando con su aliento
 al cadáver del camino.

Quien busca el oro, siembra le muerte

Suena el río, rumoroso y duro:
 es un llanto que lo empuja hacia el mar.
 Suenan los árboles gastados de amargura:
 son pájaros que aterrados buscan una pluma,
 o se arrancan unas plumas
 para curar la herida de un hombre,
 de aquél que murió por defender sus nidos.

Quien busca el oro, busca la muerte.

Suenan los caminos
 de charcos y de sangre ya cubiertos.
 Y las entrañas de la tierra
 mueven los ríos, las montañas y los mares.
 Caen las hojas de los árboles tan viejos:
 son pesadas lágrimas
 que expresar no puede la tierra.

Quien busca el oro, siembra la muerte.

Exterminados quedan los caminos
 aquellos que construyó el hombre acribillado.
 El cadáver engendrará un árbol
 y el árbol un hombre
 para sembrar la paz en el camino
 y proteger bajo la infausta lluvia,
 la vida de los pájaros sin nido.

Quien busca la paz, busca el camino. 

(Porfirio Mamani Macedo - París, 10-6-09)