A PESAR DE TODO LA VIDA SIGUE
(Ana Rosa Reyes Aranda)
[I.E. Ricardo Palma-Trujillo - 2016]
Hermosa es mi Tierra,
hermoso es el orgullo de 
haber nacido en ese lugar.
En algún lugar del país, donde la alegría va de la mano con el respeto y cariño por cada cosa y por cada ser que habita allí y donde irradia sus costumbres, comidas, tradiciones y lugares; en ese lugar llamado Huamachuco, nací yo.
Cada 10 hasta el 29 de agosto se celebra una de las fiestas más importantes en donde la música, comidas, danzas, castillos y artistas hacen presenciar un gran espectáculo y como ya es costumbre no podía faltar a dicha fiesta, así que me dirigí hacia la plaza  mayor para celebrar con mi hermoso pueblo. Se encontraba mucha gente y entre ellos muchos turistas comiendo la rica patasca, el chicharrón y  el rico cuy que se prepara en mi pueblo y observando la danza de los payos, la contradanza, los turcos y todas aquellas danzas que son típicas de mi pueblo. Allí se encontraba él, dicen que el amor a primera vista no existe, pero con tan solo su mirada y su sonrisa, logró llegar tan al fondo de mi corazón y en medio de tanta gente, él se acercó hacia mí y entablamos la siguiente conversación:
—Hola, ¿cuál es tu nombre?
—Mi nombre es Rosa, ¿y el tuyo?
—Mi nombre es Héctor.
—No te había visto antes, ¿es la primera vez que vienes? 
—Sí, vivo en Colombia, pero vine a este pueblo ya que me pareció muy interesante y quisiera conocerlo.
—¿Cuánto tiempo estarás aquí?
— Aún no lo sé, me temo que tan solo unos días.
Al escuchar eso de pronto sentí mucha tristeza pues sabía que Héctor se iría en cualquier momento, pero quedé en enseñarle los lugares que él estaba interesado en conocer. Nos dirigimos hacia la banda de músicos donde mucha gente se encontraba bailando y zapateando el huayno. Al llegar la noche, Héctor se encontraba muy cansado así que tuvo que irse. Yo me quedé, pues era la verbena y se iban a presentar muchos artistas de distintos géneros musicales.
Al día siguiente, me encontré con Héctor y nos dirigimos hacia el Edén, lugar a donde va mucha gente a pasar un momento agradable y sobre todo a bañarse con las aguas termales que son medicinales. Después de observar todo el lugar, nos dirigimos hacia la laguna Sausacocha, en donde se pesca la trucha. Héctor y yo teníamos mucha hambre así que, fuimos a uno de los restaurantes del lugar e hice probar a Héctor el ceviche, el apanado y chicarrón de trucha, los cuales le gustaron mucho. Al terminar el día Héctor me comentó que lamentablemente se iría al día siguiente y que quería conocer un lugar antes de su viaje a Colombia, el lugar sería Wiracochapampa ,donde cada año se celebra la fiesta del Inti Raymi , una fiesta muy tradicional en donde se hace un homenaje a los incas.
Al día siguiente, antes de encontrarme con Héctor, mi corazón ya estaba triste con tan solo pensar que ya no lo volvería a ver y no podía hacer nada para evitar eso; al instante recordé lo que la abuela me había contado acerca del agua de los pajaritos, que si una humachuquina o un huamachuquino da de beber esa  agua en  sus manos a otra persona de otro lugar entonces se quedaría con él o ella; así  que después de llevar a Héctor a Wiracochapampa, inmediatamente le dije que el agua de los pajaritos era un lugar que no debía dejar de conocer, entonces nos dirigimos hacia el lugar e hice lo que tenía que hacer, le di de beber esa agua en mis manos, lo abrasé muy fuerte para que no se fuese; pero él se despidió, en ese momento llegué a odiar a mi abuela por hacerme creer en ese mito o cuento que me contó, lloré toda la noche . Hasta que él  apareció, Héctor había vuelto hacia a mí y esta vez para decirme todo lo que sentía y declararme su amor no sé si era lo del mito, pero todo fue tan real y después de mucho tiempo juntos llegó el día más feliz de mi vida, mi casamiento; fue, es y siempre será el mejor día de mi vida  porque en la catedral San Agustín  frente a la Virgen de Alta Gracia, Héctor y yo  unimos nuestras vidas y nos volvimos en una sola persona; cada día, cada minuto y cada segundo con él lo era todo, y de repente todo terminó. El mismo día y el mismo lugar que me  trajo a Héctor también me lo quitó, no podía creer que se encontraba tirado y muerto solo por un maldito tiroteo que se llevó toda mi luz, mis fuerzas, mis esperanzas y mis ganas de vivir; era imposible volver a sonreír y comenzar de nuevo. Desde entonces mi casa era el único lugar en el que podía estar, porque temía que al salir de ahí, él se iría de mi vida; pero un día decidí salir; veía a mucha gente feliz, mucha gente sonreír, me parecía extraño, al parecer había olvidado la alegría de mi pueblo, me dirigí hacia el obelisco,  lugar dedicado a los héroes que ofrendaron su vida  en la famosa e infausta  Batalla de Huamachuco, en la guerra con Chile. En este monumento conocí a esa persona  tan especial que me hizo entender que la vida sigue y que me hizo ver que tenía  a alguien que me ama y nunca me faltará a pesar de todo, ese alguien es Dios, el único  ser que  es capaz de hacer y dar todo por nosotros sin recibir nada a cambio, el único ser que es capaz de hacer que tu mundo con un final triste tenga un final feliz y hoy gracias a él mi mundo es feliz y hoy y siempre le agradeceré  y al lugar  donde nací por hacerme pasar los  mejores días de mi vida junto a todo mi pueblo  y junto a Héctor que sé que hoy me acompaña desde el lugar en donde esté y también sé y estoy segura  que algún día lo volveré a ver.

Seudónimo: Anne