¿UN ÁNGEL CAÍDO DEL CIELO?

En toda historia de amor siempre se encierran secretos, pues la que a continuación les contaré, no será la excepción.
Todo empieza cuando en un paseo con mis amigos por el valle me perdí, entonces caminaba y caminaba sin rumbo, era más de tres días de viaje, sin comer y descansar, hasta que llegué a descubrir un  lugar mágico, donde los caminos eran piedras al igual que las edificaciones, subía y bajaba las cumbres, todo era verdoso me sorprendí tanto que me quedé mirando asombrado más de dos horas y hasta me olvidé que no había comido, me desmayé y al abrir los ojos  vi a la mujer más bella del mundo, era como un sueño sus ojos parecían dos luceros  y su piel color canela, era de contextura delgada, alta y con una vestimenta extraña, poco después ella me habló en un diferente idioma que yo felizmente conocía, pues allá en el sur habíamos conquistado a los indígenas y ellos me enseñaron su idioma, tenía mucho miedo que ella me delatara, pues yo era un extraño, era un español.
Pero ella parecía agradable, amistosa; lo primero que me dijo fue:
—¡Hola!
Me puse muy nervioso y no le contesté, después me preguntó:
—¿Cómo te llamas? ¿De dónde vienes?
—Juan, soy uno más de los españoles —yo respondí con voz temblorosa.
Como me había transmitido mucha confianza le conté toda la historia, le pedí por favor que no dijera a nadie lo sucedido, ya que temía las represalias, entonces ella comprendió, me dio de comer y cobijo en un lugar que parecía una cueva, poco después me regaló esa ropa tan extraña que a la vez era suave.
Después era mi turno de preguntar y le dije:
—¿Cuál es tu nombre?
Ella me respondió:
—Asiri, soy hija del gran gobernador el inca QHARI, que significa varón, fuerte y valeroso.
Asiri me frecuentaba mucho durante cinco meses, hasta que nació en mí un sentimiento que nunca había sentido por ninguna mujer, estaba enamorado de ella.
Le confesé mi amor, ella me rechazó y con lágrimas en los ojos me dijo:
—Me está prohibido enamorarme, mi padre solo quiere lo mejor para mí y me casará dentro de poco tiempo con el hijo de uno de los ricos.
Esa respuesta me derrumbo, parecía que esas piedras grandes que existían en el Machu Picchu me iban a caer, Asiri y yo lloramos tanto como cual niño llora cuando le quitan un juguete.
Yo le propuse escaparnos de ese lugar mágico de donde la conocí, pero ella me dijo:
—¡Juan tengo que pensarlo no es fácil para mí!
A los pocos días Asiri, aceptó el amor que le tenía, pero este amor era oculto y desesperaba mi alma, pero a la vez era tan dulce por que pase los días más felices de mi vida.
Al poco tiempo ocurre algo muy terrible que me preocupaba  Asiri comenzó a desmayarse, ha estado cayendo muy seguido y camina de manera muy extraña.
Asiri no parecía darle importancia a lo que sucedía,  pero yo estaba muy frustrado, al poco tiempo ella ya no venía a visitarme,  entonces tomé la decisión de ir a buscarla, ella vivía en un palacio llamado Intihuatana, era un lugar sagrado  donde  habían guardias; entonces era muy difícil entrar a este palacio, hasta que me arregle la manera de entrar  al palacio y cuando entre me di una gran sorpresa, Asiri ya no podía caminar pues ella tenía una rara enfermedad  cuando la vi, la abracé, no sabía qué hacer, estaba muy asustado, nunca en mi vida tuve tanto miedo, era un presentimiento extraño.
Asiri me dijo:
—Juan tengo que hablar contigo.
Yo no quería escucharla, porque tenía un presentimiento muy malo.
Asiri me dijo, que me amaba y que era lo mejor que le ha pasado en la vida; pero era momento en que yo me tenía que alejar de ella, porque ella iba a morir.
De pronto, Sus ojos se cerraron. Y con ella mi vida se terminó, nunca olvidaré a Asiri, esa mujer tan alegre que me hacía feliz, ahora el mundo sigue andando, se apagaron los ecos de su reír melodioso y es cruel este silencio que me hace tanto mal. Y ahora que la evoco hundido en mi quebranto, ella ya no está, quise abrigarla y más pudo la muerte, ¡cómo me duele y se ahonda mi herida! Desde ese día subo a la cima de Machu Picchu a recordar a mi amada y no me canso de soñar aquellos momentos que un día fueron reales.
Seudónimo: “Gia”