LA CASA EMBRUJADA Y LA BICICLETA QUE HABLA
Terminó la hora de dormir y yo pensando que sería un día como otro; pero no, mis padres me dijeron  que no iría al jardín, sino que aliste mis cosas, que viajaríamos a Arequipa, yo pasmado le contesté:
—Pero nuestros animales morirán si nos vamos.
Ella solo me miró con una cara de tristeza y decía:
—El estudio es mejor allá, tendremos una mejor casa, y lo mejor ya no tendrás que ir a la chacra a dar de comer a los animales.
Ella con su don de convencimiento, me habló muy bonito de Arequipa que ya tenía ganas de llegar. Paso tres horas de viaje, dejé Chivay por Arequipa, el ómnibus se detuvo en un lugar raro, habían muchos iguales, cuando bajé pensé que entraba a una sauna, el clima era caliente, nunca vi tanta gente, el terminal de Arequipa era inmenso, creo tres veces más que de Chivay. Al salir no se podía cruzar la pista, no paraba de pasar carros, fue cuando un policía nos vio intentar cruzar e hizo detener a todos los autos, mi papá nos llevó en un taxi hasta un terreno que compró meses atrás, era un lugar seco y de full montañas. Mis padres me inscribieron en un jardín que estaba muy lejos de mi casa. Cerca de mi casa nueva, había una cancha que a veces me daba ganas de ir; pero como no conocía a nadie, no iba.
Pasaron los años, ya tenía mis doce años, ya me acostumbré muy bien al lugar, conocí varios amigos, empezaba a ir a la misa y en cuanto a mis estudios, era el mejor de mi salón. A fin de año, saqué un diploma, mis padres viendo esto me llevaron a un lugar extraño nunca lo vi a pesar que estuve ya un tiempo en la ciudad, no conocía que era eso que me dieron a elegir cual y que color quería, primero pregunté:
—¿Qué es eso? ¿Para qué sirve?
El vendedor con una cara de sorprendido me dijo:
—Qué, no lo conoces, nunca lo has visto.
Yo respondiéndole:
—Una vez lo vi que un chico lo estaba agarrando, pero nada más.
Él me miró y dijo:
—Pues te lo presento, esto se llama bicicleta y sirve para trasladarse de un lado a otro con tan solo moviendo los pies.
Yo pasmado tratando de creer en lo que me dijo, me miró devuelta, agarró una bicicleta se subió y empezó a andar, allá en Chivay no había esto.
Mis padres ya un poco aburridos de estar preguntando sobre la bicicleta, me dijeron por segunda vez:
—¿Cuál quieres?
Yo miré todas y había uno en especial, que tenía algo que las otras no tenían y dije:
—¡Esaaa!
Mis padres preguntaron cuanto costaba, me vieron con una cara de tristeza y les pregunté:
—¿Qué pasa?
Ellos me respondieron:
—Nuestra plata no alcanza.
Yo pensé un momento y dije:
—Entonces elijo otra.
Mi madre me explicó diciéndome:
—No imaginamos que costaba tanto y no solo la que elegiste sino todas.
Regresamos a casa tristes sin nada, mis hermanas preguntando ¿y el regalo? yo solo quería ver una forma de conseguir una bicicleta.
Al día siguiente, salí triste de mi casa a caminar, ya mucho tiempo que no caminaba, llegué a un lugar que había varias casas abandonadas y me di cuenta de eso porque no tenían ni una sola luz prendida, ya era de noche, pensaba en encontrarme plata para la bicicleta que tanto deseaba y fue en eso cuando Amir me hizo asustar y me dijo:
—Qué haces a esta hora de la noche por aquí, no sabes que acá hay fantasmas, que, ¿acaso te perdiste?
—Claro que no —le contesté— tú sabias de la existencia de la bicicleta pregunté.
Riéndose dijo:
—Hasta tengo una.
Solo lo miré y seguí caminado, miraba el cielo, las estrellas, iba distraído y fue de pronto, cuando ya acababa el camino, sin darme cuenta seguía caminando hasta caer al barranco, no me hice nada, caí a un colchón viejo, el lugar era como un tacho de basura. Ya era tarde, empecé a escalar, ya llegando visualicé un palo con una forma peculiar, me dio curiosidad y lo cogí, estaba enterrado, jale muy fuerte que salió volando hacia abajo y en el hueco que dejo había un papel, cuando lo cogí, me sentí el niño más feliz de la tierra, mis temores de perder la bicicleta se fueron, fui corriendo a mi casa y entré gritando:
—¡Me encontré plata! ¡Me encontré plata!
Era doscientos soles, mis padres me dijeron que mañana mismo iríamos a comprar la bicicleta que tanto quería.
Fuimos al mismo lugar de las bicicletas, y compramos. Llegando a nuestra casa, fui empujando mi bicicleta a casa de Amir para que me enseñara. Tarde un mes en aprender e incluso ya sabía algunos trucos. Salía diario a dar la vuelta a mi barrio y un día me decidí a llegar más lejos, sin darme cuenta llegue a un lugar donde los focos públicos no funcionaban, cuando de pronto me di cuenta, había una bajada muy larga y me decidí a cruzarla, cuando terminaba la bajada no sé qué paso que la bicicleta se detuvo muy rápido y me botó al suelo. Cuando me levante me di cuenta que la bicicleta andaba sola yo sorprendido por lo que miraba ella entro a una casa, solo me asusté pensando en perder mi bicicleta, yo decidiendo si entrar o no a la casa, y fue entonces donde llamaron mi nombre, la voz salía de la casa, aun mas asustado sin querer entrar, tenía que vencer mis miedos e ingresar a la casa.
Al entrar todo era oscuro, no podía ver nada y grité:
—¡Prendan las luces!
Una vela se prendió y visualicé a lo lejos mi bicicleta. Cuando empecé a correr hacia la bicicleta, ella me grito:
—¡Nooo!
Yo asustado le dije:
—Tu, mi bicicleta me estás hablando.
Ella devuelta diciéndome:
—¡Nooo vengas!
Yo sin hacer caso corrí y salté encima de ella, reprochándome sonó una explosión muy fuerte  y salimos volando hacia fuera, yo  pensé que la casa había quedado destruida pero al verla estaba intacta. Me subí a la bicicleta y me fui de allí, mientras manejaba le puse el nombre de Tito y le pregunté a la bicicleta que cómo podía hablar, ella hacía temblar la bicicleta y me empezó a contar diciendo:
—Yo fui armado como cualquier bicicleta y el dueño de esa casa me compró e hizo experimentos conmigo para que tenga vida pero el efecto demoró mucho y en un momento de ira me votó, un señor me encontró, me cambio algunas partes y poco tiempo después tú me compraste, y le pregunté, ¿por qué quería volver a esa casa? y el me respondió:
—Él está dando vida a las cosas y tenemos que detenerlo.
—Pero devuelta fallará —le dije.
—No te das cuenta —decía la bicicleta— ya dio vida a la casa
—Y qué se supone que tenemos que hacer —le dije.
—Esperar hasta mañana —dijo la bicicleta— ahora vayamos a tu casa.
Yo manejo; no estaba pedaleando y solito se manejaba la bicicleta.
Al mes siguiente, el brujo murió y yo le dije a Tito:
—Ya no hay de qué preocuparse —el brujo murió.
—Pero la casa sigue intacta —me dijo Tito.
Regresamos a la casa y se veía aún más grande y Tito gritaba:
—¡Habla sé que tienes vida y puedes caminar!
Yo pensando que en serio esa tremenda casa podría caminar, y fue de pronto que se levantó e intento pisarnos, Tito me decía:
—¡Sube que te pisa!
Íbamos muy rápido la casa por detrás tirando muebles hacia nosotros, Tito asustado me dijo:
—Saltas a la cuenta de tres.
Yo un poco asustado le dije:
—Yaaa.
Y fue cuando nos acercábamos más y más a un barranco, Tito empezaba a contar uno, dos y tres. Salté con todas mis fuerzas, caí al suelo y miraba como caían al barranco, la casa encima de Tito, se produjo una explosión muy fuerte, la casa voló en pedazos, yo pensando como estaría Tito, bajé corriendo y no encontré ni una parte de él. Me puse a llorar me había hecho amigo de él, regresé a mi casa triste con un dolor en el pecho.
Era ya de día cuando salí a comprar y vi a Tito alejándose, corrí tras él, cuando le alcancé se sorprendió y diciéndome, dónde estabas, te he estado buscando, mi cara se llenó de alegría y se me dio la idea de viajar con él a Chivay. Pregunté a mis padres si podía ir de vacaciones allá y me respondieron que sí, yo le di la buena noticia.
—Por supuesto —dijo Tito— vayamos mañana mismo.
Alisté mi equipaje y fue una travesía larga e inolvidable.
Seudónimo: Gus  Gus