SANGRE AZUL

Vivía en Londres, no hace mucho, el cielo celeste alumbraba ya el día, la paz reinaba en las calles su bullicio había desaparecido. Yo iba a caminar, todos los días a esta hora, me relajaba ver como el día empezaba, en el camino de vuelta a mi departamento divisé una muchedumbre unas cuadras más allá, nunca me había sentido más intrigado; así que decidí acercarme, cuando llegué, escuché unos comentarios que me dejaron atónito.
Se trataba sobre una muchacha que vivía en el frontis del museo que apareció muerta en la madrugada, su madre fue la que descubrió el cuerpo ya sin vida. Ella cuenta que al entrar a la habitación vio un violento desorden, muebles rotos en todas partes. Sobre la cama encontró un  pañuelo empapado de sangre, se asustó y se dirigió a la otra habitación con cierto nerviosismo y vio tirada a su hija con profundos cortes en la cara  y que apenas parecía conservar apariencia humana, sus  brazos y piernas estaban mutilados, definitivamente una carnicería. Ella empezó a gritar al ver la violenta escena, los vecinos se despertaron al escucharla,  allí vieron el salvaje asesinato y sacaron de inmediato a la madre, que no paraba de llorar, llamaron a la policía aún consternados.
Ya había amanecido, cuando llegó la policía, entre ellos un hombre robusto con arrogante caminar, mirada fulminante y espíritu indomable, que se notaban que tenía con solo verlo, era nada más ni nada menos que Enrique Barack un conocido detective famoso por haber resuelto “el robo del siglo”... en fin otra historia.
Inmediatamente se puso a interrogar a los vecinos y acercarse a ver la escena del crimen a ver si podía hallar alguna pista, debajo de la cama vio un objeto brillante y trató de alcanzarlo, notó que era un frasco en forma de diamante que le pareció haberlo visto antes…
La misma noche del asesinato de Marie así, se llamaba la fallecida, hubo un robo en el museo, se habían llevado un frasco valioso que contenía una antigua sustancia egipcia que volvía la sangre azul, lo usaban en las ceremonias sagradas…
El frasco que encontró Barack era el mismo del museo, fue entonces que pensó, por qué una mujer bonita, exitosa y con una vida por delante hubiera robado una reliquia, era tal vez porque valía millones… Su teoría fue adquiriendo veracidad cuando la sangre de la joven se volvió azul ante sus ojos.
Enrique se dio cuenta que el caso nunca se iba a resolver o al menos eso creía, iba a abandonar la investigación cuando de pronto se fijó en  algo que nadie se había fijado, era tan simple que hasta parecía broma, alzó un pequeño cuadernillo forrado con una delicadeza inigualable, a los pocos minutos su sonrisa delataba su descubrimiento…
Se dirigió el museo allí su mirada se dirigió a Antonio, el hijo del encargado del museo que según la propia Marie había confiado en su diario, haber tenido una relación y planeaban robar el museo para irse con el botín muy lejos de todo y de todos. Barack interrogó al joven, su mirada intensa ponían nervioso al muchacho quien terminó confesando el crimen. El joven dijo que había conocido a Marie unos meses antes, apenas la vio se quedó prendado de ella y su belleza, se acercó y empezaron a hablar, allí le contó que él era el hijo del encargado del museo, ella vio en él una oportunidad para huir del mundo en el que vivía. Cuando por fin le convenció de robar a su propio padre y huir juntos, se inició el plan todo salió como querían, entraron en la casa de Marie y allí ella le confesó por qué lo hizo… Había decidido huir de la vida decadente y miserable en que su madre, una mujer alcohólica le había dado. El desamor había endurecido su corazón. No, no huiría con él, sólo lo había usado para sus fines… él enloquecido de dolor cogió un cuchillo, rompió el frasco y roseó la mezcla en la sangre que brotaba de sus brazos… empezó a acuchillarla sin parar… Preso de miedo y con su ropa ensangrentada salió despavorido de la casa de Marie, realmente estaba loco por amor, después de confesarlo todo pasó lo de costumbre…el joven salió esposado, una vez más Enrique Barack hacía de las suyas…
                                                                                                              Seudónimo: Viana