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Una tarde el caos cubría el calor del atardecer, el sonido del plomo  me cubrían entre llantos de seres humanos y ahí estaba yo desde el hospital Goyeneche, donde trabajaba papá, ayudando en lo que  podía pero a veces sin darme cuenta empeoraba las cosas. Dentro de mi había dolor por todos esos soldados que morían, papá no podía hacer nada más  que mirar y decirme: “hicimos todo lo que podíamos pero debes aprender a ser fuerte ya que nada es para siempre”.
 Caía la noche, las terribles tropas no visitaban las áreas de guerra de nuestros aliados, había silencio ¿Dónde estarían? ¿Qué irá a pasar?, parece que por un momento todo puede terminar.
Una mañana papá salió temprano dejando una carta, abrumada por la angustia y  las lágrimas que recorrían mi rostro  al saber que la única persona que  tenía se había ido para siempre, luego me tranquilicé  y leí la carta decía : “Hija yo sé que no te puedo dejar sola pero mis mayores me mandaron hacia el sur donde se concentra la guerra cuídate vas a ir a un albergue, pero cuando regrese vamos a estar juntos como siempre lo hemos estado, mi corazón sintió un vacío inmenso no pude soportarlo, luego un señor de saco y corbata tocó la puerta de la habitación, abrí y me dijo:
—Pequeña no te preocupes te llevaré a un lugar seguro donde estarás bien con otros niños.
Yo sin consuelo lo miré entre llanto y lo seguí.  Me llevó aun lugar gris lleno de tristeza y dolor yo no lo podía creer que estos niños vivían  sin tener sentido solo vivían por vivir.
Una señora media senil me miró y me dijo:
—Acá vas a vivir de hoy para adelante, no tengas miedo ni temor.
Pasaron los días, años y cada día me preguntaba si sabían algo relacionado con mi padre y todos respondían con ternura y una mirada de esperanza para darme animo a que yo esperó con fe.
Una mañana entré a buscar en la  recepción  algo que pudo haber dejado papá, era una carpa oscura donde solo habían papeles viejos, entré, rebusqué  y encontré una carta que decía el nombre de papá, la abrí para leerla, pero de pronto un hombre viejo y robusto con uniforme de militar me dijo:
—Pequeña ingenua que haces aquí vete al patio.
Y por el miedo dejé caer la carta.
No podía dormir sabiendo que papá escribió algo para mí y en todo estos años no me dijeron nada, mientras la luna salía y todos descansaban, agarré una linterna salí, caminé y busque la carta con la intriga de su contenido con lo que me podría llevar a papá, apenas lo encontré, lo tomé y regresé por miedo que me encontrara alguien.  Aliviada me acosté con la alegría de que podré leerlo en cuando amanezca,  pero de pronto soldados nos rodearon, estaba asustada  entraron a invadir la zona todos se despertaron yo tenía miedo temor y esa sensación de estar en peligro.
 Evacuamos, algunos no pudieron lamentablemente murieron, en  un pequeño carruaje nos llevaron solo a los que pudimos escapar, íbamos como animales   todos amontonados, fuimos muy lejos con solo pensar de que cada vez me alejaba más de él me ponía moribunda y así fue como todo comenzó para mí.
Abrí los ojos y no lo podía creerlo,  estábamos muy lejos de donde lo recuerdo, bajamos y lo primero que hice fue preguntar dónde estábamos y me dijeron:
—Muy lejos del peligro pequeña, puedes estar tranquila.
Una tarde entré a mi pequeño cuarto y de pronto un hombre borracho entró, yo llena de miedo le dije:
—¡Qué haces aquí! ¡Lárgate!
Y me respondió:
—Tranquila chiquilla no te haré daño, ahí fue cuando me di cuenta que ese hombre me mentía, me agarró el brazo y grite pero nadie me escuchó, miré a mi alrededor y había un pedazo de madera, lo agarré y sin pensarlo dos veces le pegué con el objeto, se cayó al suelo y en ese momento decidí escaparme, entre al cuarto del encargado saque todo el dinero que pude y me largue, librándome de toda esa esclavitud y abuso que había en ese lugar asqueroso y ruin entre sollozos me fui   pero no sabía a donde ir, y fue en ese entonces donde vi a una mujer le pregunte donde estábamos y me dijo que a este lugar le decían la perrera, me  vio que estaba sola y  un poco melancólica por lo que  me invito a  que la siguiera, la seguí y me llevo a un lugar donde había pocas personas entre niños y adultos, el cielo se tornaba azul se hacía de noche, todos tenían miedo pero yo no sabía a qué el miedo, imprudentemente trate de salir a la calle y la señora ,así le decían todos,  me jaló del brazo justo  en el momento en que pasó un carro tirando latas, la señora me dijo:
—Por nada te acerques  a esos objetos de aluminio porque son bombas camufladas.
—  Yo me sorprendí no sabía nada de lo que pasaba en la ciudad.
La  señora  me pregunto de donde venía,  pero yo no sabía con claridad,   le dije que venía de donde el cielo era azul y donde los soldados morían a cada rato. Entonces me dijo:
—Debes ser de las partes altas, estas en Arequipa ¿Arequipa? Debe ser una región,  la señora me conto que hay ciertas personas que lanzaban bombas y disparaban matando personas inocentes, se llamaban terroristas y  los que acaban de pasar eran los mismos, bueno a pesar de ello me sentía segura, dormimos augustos y a la mañana siguiente la señora me dijo:
—Ahora que vas a hacer.
—Creo que buscaré a mi padre —le dije— tengo suficiente dinero como para un mes, ya me voy, adónde vas no conoces a nadie ni siquiera conoces la zona eres una pequeña todavía tranquila que puedes confiar en nosotros estas personas te enseñaran a cómo sobrevivir, pero quiero buscar a mi padre él era un médico en ese momento recordé que todavía no leí la carta, me senté en las gradas y comencé a leerla y decía:
—Niña no soy tu padre, pero soy un amigo muy cercano, tu padre me dijo que te escribiera esta carta para decirte que busques a tu tía que vive en Arequipa pero tú no la conoces”
Y eso fue todo lo demás no lo leí por la alegría de saber que tenía alguien más, y dije alegre:
—Señora no puedo vivir así, tocaré de puerta en puerta buscando a mi tía adiós y gracias por todo.
Fui en busca de mi tía, no tenía muchos recuerdos que digamos, toque de puerta en puerta con la única pista que tenía, era su nombre, la noche se avecina y  triste sin consuelo volví a leer la carta y al final decía porque tu papa murió, llore sin consuelo tenía ganas de morir, porque no encontraba nada y perdí a mi padre, pero de sorpresa  un carro demasiado sospechoso venía a gran velocidad, yo lo vi y cori  pero no logré escapar, jalaron el gatillo me apuntaron  y morí sin saber nadie de nadie, al parecer el de arriba me escuchó.
Seudónimo: Diego