Prefacio
Este libro, como todo libro de poesía, admite (exige sería mejor decir) varias lecturas. En una de ellas, la más obvia, el texto cobra sentido como recuento poético de una dolorosa aventura existencial. Las palabras vienen desde el centro de una memoria que conserva intactas las huellas de una sensibilidad herida gravemente por el desencanto y la extrañeza. Estamos en 1991, España se prepara para el quinto centenario del descubrimiento de América. Pero los vastos proyectos, las grandes palabras, las pompas oficiales no logran lo más simple, que un joven escritor que viene precisamente del nuevo mundo que encontró Colón, se sienta bien en tierra española. Al contrario y a pesar del idioma común sabe, se lo hacen saber a cada instante, que es irremediable, insufriblemente extranjero.

En aquel año en efecto, el poeta Porfirio Mamani Macedo (Arequipa, Perú, 1963) decidió dar el salto a Europa. Su meta como la de tantos era París pero las circunstancias lo llevan a una forzada primera estación en Madrid. Comienzan entonces junto con el aprendizaje europeo los tiempos difíciles. Recuerda así: "Ojos que buscan en mis ojos una duda. Manos que buscan en mis manos/ un pasaporte no un saludo". Pero a veces "No les basta el pasaporte que les muestro/ miran mi rostro y sus palabras caen como lanzas encendidas". ¿Por qué lo miran así?, ¿Por qué lo hieren con sus palabras? Hay un verso admirable que lo explica. El poeta hablando de sí mismo dice: "Rostro que me procura la historia". Y aquí está en verdad el origen de todo. Su apariencia física (y también sus apellidos, uno quechua otro hispano) son consecuencia de la conflictiva y rica historia peruana en la que la mezcla de razas, lenguas y culturas ha determinado la conformación de la felizmente heterogénea y complicada sociedad del Perú de hoy. Y es precisamente por su faz oscura, por su habla que no es la castiza, que al poeta lo miran con extrañeza y le manfiestan hostilidad.

La conciencia de saberse mirado con desconfianza y sin amor alimenta sin duda una de las lineas fundamentales del libro que desde este punto de vista podría describirse como un ejercicio sobre la mirada ajena. La mirada de los otros dibuja una imagen de Porfirio y se la impone. Y aunque él sabe que esta imagen no es la suya auténtica termina por reconocerse en aquel ser que lleva en su frente el cartel de extranjero porque así, como a un extraño, lo han mirado tantos y tantos ojos.

El poeta camina por la ciudad ajena y halla "Sólo ojos y memorias/ para mirar de perfil mi piel y mis ojos negros" . Las miradas que se posan sobre él se convierten casi en una obsesión. Citamos versos al azar: "La sombra y la agonía/ y también una ciudad y gente que me mira./ Mirada, perfil, rasgos que debe soportar mi frente... Sólo calles cansadas de mirarme". Y en otro lugar "Raros mis ojos y el color de mis ojos/ para ti viejo enigma que me mira con recelo" y en otros "Serán los ojos que me ven sin verme"..."Y tocan a la puerta y miran a mis manos y a mi sangre"..."No hay lugar para ausentarse un instante del ojo que nos ronda". Los ejemplos podrían seguir indefinidamente dando cuenta reiteradamente del malestar profundo que agobia a Porfirio al sentirse mirado de continuo como "el otro", el foráneo, el intruso.

Los poemas de Voz más allá de las fronteras brotan sin tregua del recuerdo (vivo a pesar del tiempo transcurrido) de aquellos duros primeros meses en Europa. "Mas nada ha de callar este río de palabras" se nos advierte y así ocurre...El libro de Porfirio es en verdad como una corriente verbal que fluye impetuosa e incontenible aunque con remansos de puro lirismo. No se trata sin embargo de un lacrimoso memorial de las previsibles dificultades: no hay trabajo, no hay casa, no hay amigos, no hay dinero. Lo que le pasa al poeta joven es algo mucho más grave y lo afecta en lo profundo. Rechazado por extraño ("seré siempre un extranjero"), imposibilitado de incorporarse a la sociedad en la que vive, se siente por momentos en riesgo de perder su identidad: "apenas mi sombra débilmente me persigue". Y mientras tanto se debate en una cerrada soledad -"yo escribo estas soledades"- que encuentros fortuitos y fugaces disipan apenas.

Así, pues, el libro de Porfirio Mamani es por una parte, el resultado de una operación de rescate del pasado por la memoria poética. Convertido en palabras de poesía ese pasado no morirá. Y el poeta lo sabe "Sólo quedas tú, palabra que no incendiará el olvido". Seguirá el ayer latente en estos textos y revivirá cada vez que un lector se acerque a ellos para iniciar el diálogo de alma a alma en que consiste esencialmente el ser de la literatura.
Decíamos al comienzo que este libro puede leerse de varias maneras. Una es la que acabamos de realizar. Pero también el texto se dejar leer como un discurso lírico con prescindencia (relativa) del sustrato táctico que lo origina El punto de partida de una lectura así podría ser el poema "m" en que se lee: "¿Cómo callar teniendo la palabra/ y la duda en la palabra?". Nos instalamos de pronto en el corazón mismo del poetizar: fe en la palabra y a la vez duda de la palabra. El poeta cuenta con un único medio de expresión, la palabra y se aferra a ella como a su tesoro primordial. Pero también le sobrecoge el temor de que la palabra no alcance a expresar fielmente lo que quiere decir que no aparezca cuando se la invoca para conjurar el fantasma de la página en blanco. Es la misma angustia que lleva a Vallejo a clamar "Quiero escribir pero me sale espuma, quiero decir muchísimo y me atollo". Pero sigamos con Mamani y sus meditaciones a la orilla de la palabra. Leemos: "Escasa palabra, viento que no nombramos"... Y más allá "Errantes la palabra y la mirada"..."Sólo me queda el sueño y la palabra. En ellos yo existo"..."Dejo palabras como piedras/ como polvo, como polvo humedecido"... "Palabra bastón de mi alma mi siglo y mi silencio"... "Palabra que construiremos en silencio"..."Palabra tierra que cultivo"... 

Amante, cultivador, respetuoso de la palabra, el poeta se hace palabra él mismo, se prolonga en ella: "Yo ser y palabra de mi mismo". Como todo poeta auténtico, Porfirio se siente realizado en y por la palabra. Seguir a través del libro los avatares de esa relación a ratos imprevisible con la palabra constituye otra de las muchas lecturas posibles de un libro que como el de Mamani Macedo, se ofrece como un haz de posibilidades significativas, como una invitación a una lectura gozoza y a la vez libre.

Es hora de concluir. Y decimos que Voz más allá de las fronteras no sólo da cuenta de aquella peripecia española del poeta sino que también es registro de su peculiar visión de la vida y del mundo, de su manera de entender la condición humana. De este modo el libro tiende a confígurárse como un discurso plural en el que aparte de las líneas que hemos comentado hay muchas otras como el sentimiento del tiempo, el amor a la tierra, el recuerdo de la infancia, la huella de la familia, la presencia del paisaje, el amor, la nostalgia. En suma, una excelente muestra de poesía anclada en la experiencia pero no atada a ella. Visto al lado de los otros que viene publicando desde 1988 en Perú y en Francia, este libro no hace sino confirmar lo que algunos supimos desde el comienzo: Porfirio Mamani Macedo es un escritor importante en el panorama de la literatura peruana contemporánea.Y su obra está sólo comenzando.

Lima, agosto de 2003
Jorge Cornejo Polar


Prólogo

Como un recuerdo olvidado navegamos en la memoria del tiempo. Al mirar la distancia de tus ojos no comprendo, el aura que huye en las mañanas de mis sueños. Cruzamos las alfombras sin saber. Queda el polvo que arrastramos con la tarde. Una voz interminable sacude nuestros pelos. Vemos la luz, la sombra de los ríos que soñamos. Esperamos a alguien que nunca llegará. Sentimos un extraño golpe en la mirada. Sólo un vacío y una ausencia indescifrable quedará. Unos volverán; otros, irremediablemente, dilatarán sus sombras en la nada. Yo preguntaré en mis sueños de todo aquello que no comprendo. Serán tal vez mis ojos los que busquen una puerta o un camino entre lo poco que me ofrece, la noche, la palabra olvido. Todavía queda tiempo en la ventana, del infinito ser, azar que nos espera y nos encuentra. De nosotros sólo quedará la palabra, la palabra aferrada al misterio que llevamos. Allá en el fondo queda nuestro ser, nuestro ser que peregrina. Nunca más volveré a ver lo que hoy he visto. Me llevo una palabra y horas que no encerrará la palabra. Será que no existimos para nadie.




a

Odio y Amor no nos abandonan
Nostalgia, palabra y beso
Lluvia, tierra y canto
Sombras que se acercan al parque
Papeles, agua, ruido que se pierde
Rostro, cara que nos devuelve el viento
La noche, el vuelo, un adiós olvidado
Hora que pasa y vuelve
Y tocan a la puerta y miran mis manos y mi sangre
Frontera, Enigma que me miras
Abrigo de todo aquello que ignoramos
Tú que me esperas con un ojo y con una linterna
Yo me alejo de tu vientre, mas otra tierra en invierno me recoge
El olor a lluvia queda
El hambre y la caída
El café no bebido
El dinero no cuenta, cuenta el rostro, la piel que nos envuelve
Caballos en los sueños
Cascos de caballos en los sueños
Estoy sentado en alguna parte que nadie ignora
Y una sombra salida de un caballo
me muestra la calle, no un parque
Mudo Cervantes
Mudo también don Quijote y su escudero
Mudos los muros de Madrid
Yo me alejo
Papeles, ruidos que empuja el viento
Más allá una puerta
y detrás de la puerta una mujer desnuda
La Plaza de los Toros y un teléfono que no suena
Son las nueve y las calles desiertas
Hojas de aquel otoño inolvidable
Ramas que cuelgan de la nada
Lágrimas que brotan de la tierra
Hospitalidad, semilla que no germina
Flores marchitas que no esperan a nadie
Viento que transpira
Todo no queda en ti, viejo Enigma que me sigues
Ni en tu sombra, ni en tu ruido nocturno
Es 1991, es noviembre o diciembre, quién diría 500 años ya
y yo y mi sombra detrás de la frontera
Y todo es nada en la memoria
Voces, miradas secas, indiferencia y desprecio
Tanto haber nacido
Tanto haber soñado
y no comprender nada
de aquel hermano extranjero que me mira
Otras escaleras, otros puentes nos esperan



b

Ruidos, ruidos de voces que derrama el viento
Mirada, estigma que se acaba
Dolor, agua que corre por mis venas
Silencio, palabra que me alcanza
y me abraza en secreto en el origen de la tarde
Montañas, ríos, rostros que difícilmente
ha de borrar el tiempo
Ahora soy y no soy nadie
Soy el centro de la nada, del abrigo que me falta
Por una calle que todos ignoramos
va el perfil de un desconocido
ese que mira su morada en cada puerta
Tú, Estigma, pan de todo cuerpo
Mirada que no recuerdo
Sólo hojas, hojas secas que amontona la mirada
Cuando bajo a la penumbra del día
extrañamente se baraja mi destino
No son sólo dientes
es también su lengua y su destino
Orilla, costra del tronco que no veo
Puerta del Sol, piedra que me esperas
puerta del sol, lugar que no frecuento
Sueños que se quiebran en la Vía
Pasos que interrumpen mi camino
Todo lo complica el instante
Hostal, palabra que olvido y recuerdo
Sufrimiento, dolor que no defino
Sólo puertas que se cierran
Vientos que precipitados me despiertan
Sol que espero con el Alba
Olvidados quedan los caminos
Calles que me muestran la palabra: extranjero
Voces, rostros que me miran
No me llevo nada de nadie
Apenas mi sombra difícilmente me persigue
El desconocido, el extranjero y yo nos alejamos
como tiempo desgarrado que pronto olvidaremos
Tú, tierra prometida, tercamente no me acoges
Tú que dices ser la madre y la palabra
El eje de Dios en este páramo y nada
Todo he de guardar en esta sombra
y la sombra en este sueño que me alcanza en la frontera



c

Esperanza, grito, palabra que dejamos en alguna parte
Escasa la palabra, viento que no nombramos
Escaleras, montañas, senderos que tanto nos esperan
Agua, tiempo sin fronteras
Ya se pone la tarde sobre los muros y la gente
Sólo quedan conmigo las luces y la noche
No hay lugar para ausentarse un instante del ojo que nos ronda
Todas las calles no conducen a sus manos
Todo el dolor no cabe en la palabra
Sólo gente que camina
Ruidos que avanzan como espadas
Sueños que se acaban
Ojos que buscan en mis ojos una duda
Manos que buscan en mis manos
un pasaporte, no un saludo
Sombras que me acosan
Rayos que dibujan una pena en mi cansancio
Nada controlo por esta calle que no es mía
Gestos que se estiran para alcanzarme y herirme
en la tristeza y en las huellas que me marcan
No son sólo llaves, son también los libros que no leo
El tiempo que pierdo esperando noches de ternura que nunca llegarán
A un parque me retiro para comprender mi nombre
Cómo decirles no a las alondras que me miran
a las calles estrechas que me esconden
a la sombra desnutrida que me sigue
aquella que nada guarda en la memoria
Lluvia, canto que me procura el tiempo
Vía, cuerda que no me guías
Río que te acabas
Otoño que feneces, invierno que te pones
Hojas que marcan mi paso
Tiempo malogrado que no comprenderán jamás
Vieja ciudad que me muestras lanzas y no panes
Vuelvo para verte y no te veo
Ciegos tus ojos. Viejo Enigma, mas no tu linterna
aquella que dudosamente me vigila
Cómo remediar este sueño amargo
que un día reservaste para mí, sombra nominada
Oigo el ruido de este tren que me aleja
sin haber visto aquelrío memorable
que cruzó mi sueño y mi palabra
Corriente, Tajo que miras tierras lusitanas
Te esperaré en alguna parte
para construir en tus orillas
una casa sin fronteras



d

La sombra y la palabra y una puerta
Sentimiento, sueño inacabado
Perfil que te acercas y te alejas
como golpe que amenaza
y sólo ver estas aguas como serpientes enlodadas
Cómo entonces alejarme yo con nadie
Yo como blanco paradigma del silencio y de la nada
como aquella borrasca que se acerca con sus nubes
Sólo una mirada recordaré mañana
de ti, viejo Enigma
que has preferido mostrarme mis llagas y tu puerta
Ahora no voy a ninguna parte
Sólo mis ojos y la luz y también la noche
morarán como estrellas peregrinas
como silencio insoportable de los ecos
No digo nada de los umbrales y del tiempo
Nada de la tarde, ni del incipiente invierno de las tardes
Si me recuerdan algunos ojos
serán los que no me vieron
regresar con una carta por un túnel
Serán los ojos de aquel niño desde el vientre de su madre
Serán los ojos de su madre
que me sorprendieron despierto viendo una ventana cerrada
Serán los ojos de Dios cansado
de verme preguntar por una calle
Todo inútilmente
como piedras que resbalan al vacío
Sigo mirando como ciego peregrino de la vida
La noche y el reflejo de la noche
La esperanza y la palabra
Llanto que suprime sombras y caminos
Polvo que guardará mis huellas y mi nombre
Senderos, ríos, árboles, vientos
que me recuerdan a mi Padre
y también la memoria de mi Madre
No sé qué otros caminos seguiré
para alejarme de la sombra y de la nada
Tierra, canto que espero en alguna parte
Protege estos sueños que siembro desvelado
por los caminos y la noche
como raras melodías que me dicta el tiempo



f

Dolor, semilla que todos sembraremos
Mirada que se llevará el viento
Hoy siendo mañana
Somos todo aquello que nos falta
Amarga y dulce la memoria
Desconocida y vieja la palabra
Voces que nadie llevará como flores a mi tumba
Suspiros como noches derramadas de silencios
Recuerdos colmados de caminos
Desconocido, palabra que me inventa
Sueño como celestes melodías
Días que arrastraron mis pies y mi rostro
Tiempo que no volverá
Avenidas, ojos que observan mi cansancio
Número, tren que me aleja por campos ignorados
Edificios, salas con candados, indiferencia pura
Voces, olas que golpean; sombras peregrinas, piedras que resisten
Suspiro, grito del alma en la frontera
Somos también todo aquello que nos sobra
Sudor, sustancia que no nos deja



k

Hora, silencio que renace cuando se abre una puerta
Ojos, ventanas infinitas que siempre guardan un secreto
Dura la piedra y la palabra
Los colores y el ruido nefasto de las cosas viejas
Silencio, laberinto soñado de mis labios
Todo vuelve a ti después del grito sin sentido
No todo acaba en la palabra
Hay el signo y la memoria
El polvo y el olvido
El círculo de oro que se pierde
Un abrazo que nadie me devuelve
La cortina y el cerrojo que olvidamos de correr
Todo se engendra en la noche
como piedras que arrastran las aguas de un río
Vístete viejo Enigma con sedas y no cardos
Que no se pierdan la voz y el monumento
En ti, divino Sol, dejo mi esperanza hablada
Contigo siembro un árbol que azotará el viento
En la memoria se perfilan los sueños y la duda
Voz, eco de mi sombra
Sed de mi sombra ciega
Palabra, bastón de mi alma, mi siglo y mi silencio
Será que en todo corazón hay un mar y un desierto
Acerco mis ojos a tu piel gastada
Tierra que mutilan mis manos y mi orgullo
Nadie me espera hoy cuando llego
Ni siquiera una lágrima
Estiro mis brazos y palpo el universo helado
La noche y el vientre de la noche
Sin dudar hundo mis pasos en el barro
Cruzo la frontera como se cruza un desierto
Espejo, mirada, tiempo que ignoramos
Y no saber cómo se cierran las puertas del insomnio
Siendo estas calles
intransitables a causa de mi rostro
Así huyen mis sueños y mi sombra
Rodan, se despluman mis palabras
Regresan como vientos que emergen de extraños mares
¡Cómo no recordar aquellas manos
que se precipitaron al vacío de mi ser!
Yo que siempre imaginaba al hombre y a la tierra diferentes
Encuentro palabras que me sobran
No hay secreto que se oculte en la memoria



m

Avanzamos como tiempo desnutrido
de pétalos sin forma
de voces sin sentido
de sombra sin materia
de sueño clavado de palabras
En ti, viejo Enigma
somos un rostro indeseado
somos un rostro y no otro
una mancha y no otra
Todo como hoy
que vemos un siglo y no otro
incierto y real
retrato de todo lo que hacemos
retrato de los sueños que se quiebran
Aquellos ojos que surgen como espadas
Piedras, esquinas, ojos que me miran
como polvo que arrastra el viento
como barro que se forma en las veredas
Allá quedan mis adioses
Allá quedan mis zapatos viejos
Allá queda el vuelo como negro paradigma
Parques que huyen de mi sombra
Perfiles que esquivan mi presente incierto
como inciertos van los pasos de la duda de todo aquello que florece
Noches interminables
Noches de aguas secas
Noches que cavan un hueco en mi destino
No mi tumba
Raíces que viajan como ríos
Hombres que buscan una aurora
Niños que huyen de la aurora
Todo permanece en el tiempo
en mis pelos que caen como desdichados monumentos
¿Cómo evitar la sombra
siendo sombra uno mismo?
¿Cómo callar teniendo la palabra
y la duda en la palabra?
Cielos como mares que se cruzan
Miradas que se buscan en el alba
Miradas que dispersan multitudes
Indiferencia, madrastra universal de mis sueños
A ti que te encontré en mi viaje
¿Qué atuendos ponerme
qué rostros inventar para mi suerte?
Nada
Nadie
Somos caminos que perfila el viento
Tierra que pisarán mis uñas y mi nombre



r

Silencio, piedra universal del olvido
Callas, pero no callan las piedras olvidadas de mi ser
Ni los cerros que nos miran
Ni siquiera los caminos que empolvaron a mis ojos
Hay la infinitud y el tiempo
y nada en la memoria que vaga en el vacio
Allá se busca un rostro y un laberinto
No la historia
ceniza y cementerio de sucesos
dudosamente dados
Rostros quemados por el sol
Rostros marcados por la mar embravecida
y también por un paisaje nunca visto
Sólo tierra que se hunde
Barro, basura y osamenta
y calles que abarcaron mi silencio
Calles que no me dieron alfombras
sino miradas y palabras como lanzas
Sólo ojos y memorias
para mirar de perfil mi piel y mis ojos negros
Llanto que no escribirán mis uñas
Ríos que no frecuentarán mis ojos
En alguna parte quedarán tus plumas
ave que tercamente me seguiste
Días que inventarán mis noches
Noches que labrarán mi manos.


x

Soy este y no aquel
Aquel y no este
Pasos que se mezclan en el crepúsculo y la aurora
Unos entran, otros salen
Otros se quedan a soportar la indiferencia y el desprecio
Aunque nos separen los mares y la muerte
Seremos siempre toda una voz
Todo un sueño que no acabará jamás
Un día exploraremos la palabra
Otro, un río
y todavía otro, la tierra y las semillas
Universo innominado
llegarán las golondrinas con su vuelo ya cansado
Se posarán en las orillas de mi ser
Yo las oiré cantar
Yo las veré volver
Sin hacer ruido cortaré las ramas de la nada
En silencio me acercaré a su canto peregrino
Mas el odio caerá como una tempestad inesperada
Para no ser un camino que no conduce a nada
Que sean otros los adioses
Otras las puertas que se cierran
No brindo la fatalidad a nadie
Sólo dejo mirar la realidad a mis ojos negros
Aquella, esa, esta
Muros que golpea la memoria
Y todo un mar que se abre
Voces que se cruzan como vientos
Ruidos y miradas y nadie detrás de todo esto
Yo y toda la lluvia de la tierra
el fuego de la tierra
y también la ternura que nos falta
Aquello que se pierde como ceniza al viento
Vuelve, noche, día, hora y tiempo
a liberarme del silencio
Paz, palabra, utopía eterna
Guerra, esencia de todo lo que somos
Sombras que se arrastran
para verme cruzar toda la tierra
Vacío que te ensanchas
Río que te secas
Niño que me esperas en alguna parte
Arbol que creces en mi ausencia
Camino que gravarán mis huellas
Soy este y no aquel
Aquel y no este


Epílogo

Todavía hemos de regresar por el camino tantas veces ya andado. Seguiremos siendo ser y ausencia al pie de la frontera que siempre encontraremos. En el ancho mar y en el unánime desierto escribiremos la voz que nos traerá el viento. En ti, polvo, no se perderán las raíces de mi árbol. Bajo la luz miraremos la sombra que dejamos. El ayer seguirá siendo el ayer, mas no habrá olvido en la memoria. Viejos desiertos irrigarán mis manos. Inconfundibles nuestros sueños pasarán como destellos de la lumbre de la noche. Las lejanas aves vigilarán el crepúsculo y la aurora. Incansables quedarán la piedra y la montaña. El mal tiempo pasará como pasan las tempestades azotando a los mares. Un día seremos todo aquello que soñamos. Encontraremos la piedra que nos falta y perderemos aquella que nos sobra

Epilogue

Et il nous faut encore revenir par ce chemin dejà tant de fois parcouru. Etre et absence est ce que l'on sera toujours au pied de l'incontournable frontière. Dans la vaste mer et le dèsert unanime, nous écrirons la voix que nous apportera le vent. En toi, poussière, ne se perdront pas les racines de mon arbre. A la lumière, nous pourrons voir l'ombre que nous aurons laissèe. L'hier sera toujours l'hier, mais il n'y aura pas d'oubli dans la mémoire. De vieux déserts irrigueront mes mains. Uniques, nos rêvés passeront tels des éclairs de la lumière à la nuit. Les oiseaux lointains surveilleront le crepùscule et l'aurore. A jamáis infatigables la pierre et la montagne. Les temps mauvais passeront comme passent les tempêtes fouettant les mers. Un jour nous serons tout ce dont nous avons rêvé. On trouvera la pierre qui manque et on perdra celle qui pèse trop.
Voix au-delà des frontières
Porfirio Mamani Macedo
Préface de Jorge Cornejo Polar
Traduit de l' espagnol (Pérou) par Elisabeth Passedat

L´Harmattan, 2003
Poètes des cinq continents

Porfirio Mamani Macedo ha nacido en Arequipa (Perú) en 1963. Doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona. Se ha graduado también de abogado en la Universidad Católica de Santa María, y ha hecho estudios de Literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa) y en la Sorbona. Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas en Europa. Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica.

Ha publicado entre otros libros : "Ecos de la Memoria" (poesía) Editions Haravi, Lima, Perú, 1988. "Les Vigies" (cuentos) Editions L´Harmattan. París, 1997. "Voz a orillas de un río/Voix sur les rives d'un fleuve" (poesía) Editiones Editinter. 2002. "Le jardin el l'oubli", (novela). Ediciones´LHarmattan, 2002. "Más allá del día/Au-delà du jour" (poemas en prosa), Editiones Editinter. 2000 "Flora Tristan: La paria et la femme étrangère dans son oeuvre", (Ensayo), Ed. L'Harmattan, 2003. Voix au-delà des frontiéres. (Poesía), Ed. L'Hannattan, 2003. Actualmente Reside en París y enseña en la Universidad de Marne La Vallée.

Fotografía: Olivier Arezki