SIRENAS ASESINAS

Yo me llamo Adriana y les voy a contar una historia que a mí me ha pasado. Era un día lluvioso y yo estaba en una cabaña  con mis padres y hermanos. Todos estábamos  cenado y lo único que nos calentaba era la pequeña chimenea, pero por suerte la lluvia paró en unos  minutos.
Mis hermanos y yo éramos muy curiosos y  aventureros; por lo tanto, como había un bosque frondoso y misterioso, a nosotros  nos gustaba acampar y explorar el lugar. En algunas ocasiones por las noches, nuestros padres nos dejaban acampar en el bosque, pues siempre volvíamos  al día siguientes intactos, bueno hasta ese día. Nosotros decidimos acampar, fuimos con mi hermana y unos compañeros. Armamos la carpa en medio del bosque; de pronto, a Pedro uno de nuestros compañeros  se le ocurrió explorar  el bosque. De inmediato  todos agarramos  nuestras linternas  y nos fuimos  a explorar el lugar.
Estábamos  caminando como quince minutos y no encontrábamos nada  interesante y misteriosos, por ello yo sentía que estaba caminando  toda una “década”. Hasta que... Nosotros encontramos unas huellas de; entonces decidimos  seguir el camino que dirigía las huellas .Lo que encontramos  eran mujeres muy hermosas  nadando en una laguna, una era rubia y la otra pelirroja, pero yo me preguntaba, ¿no tendrán frío? Yo quise ignorar a ellas, pero mi hermano y mis compañeros  se dejaron llevar  por su encanto.
Pues no me había quedado de otra  y tuve que quedarme  junto a ellos con las chicas  que estaban nadando. Ellos se arrodillaron en la orilla del lago y empezaron a contemplar a las mujeres. Yo les pregunté a ellas cuáles eran sus nombres, entonces ellas me respondieron que la rubia se llamaba Rosa y la pelirroja se llamaba Celeste.
Celeste:   Chicos, métanse a la laguna 
Adriana: no podemos, porque hace frío y nos vamos a enfermar 
Rosa: nosotras no tenemos frío y no estamos enfermas
Esteban, uno de nuestro compañero  dijo: pero, ¿cómo es que no se han enfermado habiendo llovido hace unos momentos?
Celeste. Es que nosotras no estuvimos  todo el rato nadando.
Esteban: entonces, ¿Ustedes dónde  estaban cuando empezó a llover?
Rosa: nos habíamos ido  a comer algo 
-Esteban se queda conversando con Celeste y Rosa y yo me voy con los demás  a ver si encontrábamos  algo de frutos para alimentarnos.
Esteban: ¿por qué no salen del agua?
Rosa: nos gusta  estar en la laguna, además ya estamos acostumbradas al agua.
De pronto, Esteban vio que las chicas tenían aletas y no piernas. Él era uno de esos chicos que no creían en las sirenas, pero sus sospechas  eran cada vez más convincentes.
Esteban les  empezó a mirar con mucho temor a las chicas. Ellas al parecer se dieron cuenta que esteban se había enterado de la verdad.
Celeste: Esteban, te voy a contar algo que nadie sabe.
Esteban: Mmm… ¿es un secreto?
Celeste: sí, pero no le digas a nadie, “NOSOTRAS SOMO SIRENAS”, pero también podemos salir de agua y caminar. Nosotras queremos que  tú vengas con nosotras.
Rosa: no nos tengas miedo, no te va a pasar nada malo.
Las sirenas empezaron a cantar con  sus hermosas voces para atraer a Esteban  y llevárselo  con engaños. Lamentablemente ellas lograron sus objetivos y se lo llevan.
Cuando volvimos buscamos a nuestro amigo Esteban, pero no estaba, mis amigos me decían  que quizás se fue a otro lado  con las chicas  que estaban en la laguna.
Yo muy preocupada  lo seguía buscando; sin embargo, no lo llegué a encontrar  aquel día. 
Desde  ese día nadie no  vuelvo a saber nada de Esteban.
Todos volvimos al campamento  para descansar, pero nadie pudo dormir  tranquilo por lo sucedido en esa misma noche.
Al día siguiente  todos despiertan muy temprano y cada uno se va a su respectiva casa. Nadie sabía que decir a sus padres acerca de lo que pasó con su amigo. Cuando la mamá  de Esteban se entera que su único hijo  ha desaparecido en medio del bosque le da una profunda depresión lo cual ocasiona su muerte.
Desde aquel día nadie  podía entrar en  aquel lugar, porque la policía lo había puesto como un lugar prohibido de acampar por la desaparición de Esteba, pero un día yo voy  a aquel bosque a escondidas para investigar de lo que había pasado. El lugar  no había cambiado y todo estaba como antes. Me encontré con un anciano  que parecía estar loco, le pregunté si vivía  él en ese lugar  y me respondió que sí. Él me dijo que me vaya, porque  ese lugar era peligroso, pero ¿cómo el anciano  no se iba de ese lugar si era peligroso?
El anciano  me dijo que había visto unas sirenas que habían ahogado a un niño  de unos diez años más o menos, yo lo le creía al principio, pero después  me di cuenta que podrían ser unas sirenas esas supuestas mujeres.
Después el seguía hablando y me contó una pequeña historia: Había una vez un hombre que estaba navegando   cerca de una cueva subterránea, de  pronto  un monstruo que parecía como un troll con dientes afilados saltó sobre el bote y lo rompió en dos partes. El chico corrió  y se escapó de la cueva subterránea, sin embargo una bruja se le apareció y agarro su varita y lo quiso hechizar al hombre, saltó  por el otro lado, pero  el troll lo logra  atrapar y se lo come.
La bruja al ver eso hechiza al troll y lo convierte en una sirena. Volví a mi casa y le conté a mi madre lo que me dijo  el anciano, pero ella  y poco creíble, también les conté a mis compañeros y estos se burlaron de mí, hasta me dijeron que el anciano era un lunático.
Nadie me creía  y me hacían sentir como una loca  que estuviera hablando tonterías, pues nadie  creía en las sirenas., pero yo sí creía; por eso, me puse a investigar  todo sobre las sirenas.
Una tarde yo me fui al bosque, justo en el lugar que desapareció Esteban. Me quedé horas esperando que algo apareciera u ocurriera, pero nada pasaba. Hasta que todo se puso oscuro y apareció  como burbujas  en la laguna.
Yo pensé  que eran peces, pero aparecieron  dos hermosas mujeres, las mismas de aquel día que desapareció mi amigo, ellas me miraban con una cara de amargas.
Yo me quedé asustada y con ganas de huir de ese lugar, pero no lo hice, porque tenía tantas dudas  y preguntas que resolver.
Yo les exigí que me devolvieran a mi amigo y ellas me dijeron:
Celeste: está muerto y nunca te diremos dónde está
Adriana: ¿por qué?
Rosa: porque ¡NO!
De pronto sus caras  hermosas cambiaron y se parecían caras diabólicas .Ellas me hablaron un lenguaje raro que yo no conocía  y con mirada amenazadora.
Me sentí con mucho temor y miedo a que ellas me hicieran algo feo.
Felizmente se fueron; pero nunca que dijeron dónde estaba Esteban. A pesar de ello.
Pues  tenía que saber  dónde estaba su cuerpo de mi amigo.
Vi a un perro que estaba escavando en la tierra y por curiosidad fui a ver que intentaba de sacar.
Justo me encontré una pala que estaba tirada  en el piso y me puse a escavar para ver que intentaba de sacar el perro.
Lo que encontré era primero una mano y a medida que seguía escavando encontré  a un cuerpo y era el de mi amigo, su cuerpo estaba podrido y olía mal.
Me asusté mucho al verlo en ese estado, no sabía  qué hacer y decir  se me venían muchas ideas a la mente.
Estaba apenado de que ya no esté vivo  y esté muerto, lo primero que se me vino a la mente  era decirle a mi familia, pero si les decía me iban a castigar.
Lo pensé mejor y se me ocurrió decirles primero a la policía  de lo ocurrido con mi amigo y su estado.
Al llegar a la comisaría  les conté todo y los policías me empezaron a interrogar. Pero yo no quería que me interroguen mucho, sino que vayan al bosque y vean el cadáver.
Policía:¿cómo encontraste al cadáver?
Adriana: estaba enterrado
Policía: ¿había alguien, más en la escena?
Adriana: no había otra persona más, solo estaba un perro.
Policía: ¿sabes de quien es el cadáver?
Adriana: creo que sí 
Policía: ¿de quién crees que sea?
Adriana: de un amigo que había desaparecido hace un tiempo en el mismo lugar
Policía: ¿quién crees que lo haya matado?
Adriana: mm...  es que no me va a creer y va a pensar que estoy loca.
Policía: solo es una hipótesis lo que vas a decir. Es importante tu respuesta Adriana:
Yo creo que fueron las sirenas, además me encontré con una de ellas y me dijeron que Esteban estaba muerto y yo supongo que debe ser por ellas 
Policías: tu hipótesis es incoherente, ya que las sirenas no tienes piernas y no puedes salir del agua, porque tienes aletas .Tienes mucha imaginación para creer en esas cosas.
Adriana: ya sabía que no me iba a creer, nadie me cree. Estoy diciendo la verdad y ella si pueden salir del agua.
Pueden cambiar su cola por un par de piernas humanas por unas cuantas horas, para mantener esta transformación, deben poder mantener secas sus piernas, si por alguna razón, mientras dure esta transformación sus piernas se mojan, vuelven a ser sirenas.
El canto de una sirena puede causar la muerte de quién lo escucha, y quizás mi amigo las escuchó y se murió.
 Ellas puede ser mala o bondadosa y por  lo visto a mi amigo le tocó una sirena mala.
Esas le engañaron a mi amigo para llevárselo al profundo del río y después matarlo.
Policía: llamaré a tus padres para que te recojan, mientras yo iré al bosque 
Mis padres llegaron a recogerme y estaban muy molestos. Cuando llegamos a casa mis papá me castigo y me dijo que ya no saldría a jugar durante una semana  por salir sin permiso de ello y encima a un lugar peligroso.
Madre: estás castigada  anda directamente a tu cuarto a dormir que ya son las 7 pm.
Me fui a mi cuarto a descansar. Pero no pude dormir tranquilamente sin saber la causa de la muerte de mi amigo.
Al día siguiente  me fui a la comisaría y le pregunté a los policías sobre la causa de la muerte de mi amigo. Ellos me dijeron que los resultados de la necropsia eran por ahogamiento. 
Misteriosamente el anciano apreció y dijo que él era testigo de lo que había pasado en esa noche. Él dijo casi lo mismo que yo dije, pero agregó algo más:
Anciano: en esa noche un par de sirenas trataban de llevarse a un niño a la fuerza, yo agarre una pala  y les intente tirar a las sirenas, pero no lo logré.
Las sirenas cantaron y lograron llevarse al niño. Al día siguiente ella salieron del agua y enterraron al niño.
Los policías  no le creyeron y como no sabían a quién culpar, lo culparon al anciano de homicidio.
Eso no era justo, debían seguir buscando y no culpar a cualquiera. Pasaron 50 años  y yo cuento esta historia a los que no creen en las sirenas, pero las personas no lo quieren aceptar.

Seudónimo: Jenny