LAS PANTUFLAS

Estaba dormido cuando ring-ring sonó aquella alarma que con su vibración lo despertó,  a una hora muy temprana muy fuera de lo común, ¿alguien habría cambiado la hora de timbre?, se despertó muy asustado porque todavía eran las 3:00 am, empezó a tener sed y de un bostezo se sacó las abrigadoras sabanas verdes como las de su jardín.
Se puso las pantuflas de piel de tigre, aquel que había cazado hace pocos días,  caminó a paso lento con precaución a no darse un tropezón por que la oscuridad era llena, buscó como ciego aquel botón, lo toco para que el foco a paso lento encienda e ilumine el cuarto.
Se acercó a la puerta y la abrió mirando el pasadizo que lo guiaba a la cocina, encendió el último foco y se acercó a coger los vasos muy decorados con rayas que curvadas daban forma.
Se acercó al refrigerador a sacar un poco de agua helada, abrió aquella puerta y el agua no había, fue a ver si había algo de bocadillos aquellos que siempre están cerca al microondas, pero solo encontró las migajas que algunas horas antes alguien más hubo dejado.
El hombre tenía sed y hambre y a esa hora no iba encontrar  tiendas abiertas que lo atendieran, así que decidió ir al baño a llenar su vaso de agua, pero cuando abrió la llave solo se escuchó el sonido desesperante de la nada.
Ya con sed y hambre fue otra vez a su cuarto donde encontró el  brillo de la silueta de un felino en la cortina, corrió y abrió aquella cortina y no miró aquellas luces del posible felino.
Con sueño se acostó en su cama a las 3:30 am, ring-ring sonó la alarma a las 4:00 am y otra vez  fue  a buscar agua al baño ya que sabía que en la cocina no había y otra vez no había agua, cansado decidió ir a la terraza de su casa, se fue acercando a las gradas y de pronto escuchó un sonido  que no logro a diferenciar, no le tomo mucha importancia y pisó la primera grada y volvió a escuchar el sonido extraño, corrió por todas las gradas hasta llegar a la terraza y no vio nada,  de dónde provenía, se asustó un poco pero pensó que venía de la casa de sus vecinos ya que los Frenkyn les gustaba ver películas hasta altas horas de la noche y con un muy alto volumen, otra vez el sonido vino esta vez de su cuarto, él corrió rápidamente y llegó a su cuarto, llegó y vio dos resplandores debajo de su cama que lo miraba directo a los pies donde él tenía la pantuflas de piel de tigre.
Quien anda ahí, dijo atemorizado con la piel erizada, y otra vez el sonido ese, pero ahora lo escuchó mucho más claro, era un rugido, y miró otra vez esas luces y se dio cuenta que eran de aquella silueta que vio anteriormente entre las cortinas, una garra enorme salió debajo de aquella cama perfumada y sacó una más, eran dos patas fuera, el corazón del muchacho se aceleraba y su piel palideció, cuando empezó a salir un cabeza de rayas negras, entre la penumbra de la noche y la poca iluminación que emanaba la luna en su cuarto menguante, luego se vio un color anaranjado en esa cabeza, hasta que sacó el cuerpo completo, el hombre se dio cuenta que era un Tigre, era similar al que tenía como trofeo allí en su misma habitación y con la que también se hizo sus pantuflas, no tuvo tiempo para pedir ayuda, el tigre se lanzó y entre gritos desesperados y rugidos estridentes le desgarró la piel.
El silencio se apoderó de la noche, la luna iba perdiendo su brillo y era opacada por el alba, las pantuflas aun tiradas en el suelo, y el tigre, nadie sabe siquiera si existió dicho animal.
Los policías avisados de los sonidos y desastres ocurridos en el interior de esa casa, vinieron a la noche siguiente, entran a esa casa, revisan por todos los rincones y no encontraron nada en esa casa rara, ni al dueño,  pero al acercarse al cuarto vieron dos pares de pantuflas de bajo de aquella cama, se acercaron a ver su material, tocaron el primero era de tigre, tocaron el otro este era de hombre.
Y desde esa noche en la casa desde las 3:00 de la mañana se escucha rugidos y se encienden las luces de la cocina se abre las llaves del baño, y a veces los vecinos dicen que miran un hombre en la terraza.

Seudónimo: Isco