IMPERFECCIONES PERFECTAS

Sentía ya una suave brisa, acompañado de un bello trino de dos hermosas avecillas, que revoloteaban juguetonas, de un lado al otro, saludando a la flamante aurora, el sol se asoma y sus potentes rayos acarician ya el cielo, la oscura y fría noche se había ido… era hora de levantarse, ojalá hoy, sea un día mejor.
Abrí mis ojos, con desdén, estaba sudoroso, mi cuerpo temblaba, fue en ese momento en que a mi mente vino el recuerdo de lo que había soñado, ese sueño que me atormentaba, y que se repetía noche tras noche…era madrugada, estaba corriendo, escapando, él me perseguía, no podía parar no dejaría que me alcance, mis ojos se empezaban a nublar, no podía más, total, solo era un niño, sentí entonces todo el peso de mi cuerpo, que caía sobre la fría acera, mi pequeño y frágil brazo sangraba por el inmenso corte, que me había hecho ese salvaje, era el fin, de pronto vi a un ángel, eso creí, me levantó, caí inconsciente en sus brazos… definitivamente era un hecho que había marcado mi niñez, levanté entonces mi mirada, y me calmé, al verla a ella, estaba allí mirándome con sus pardos  entreabiertos y una amplia sonrisa, mirándome callada; pero, sentía que me decía todo, justo a mi lado, sin tocarme, pero podría haber jurado que su tersa piel estaba arrullándome, suspiré ¡Cómo te extraño mamá!
Mi vida después de su partida había sido difícil, cómo quisiera me viera crecer, reír, caerme y  levantarme... Lo único que me quedaba de ella, era esa fotografía, un poco maltratada por el paso del tiempo…Realmente hermosa decía, mientras que unas gotas de dolor caían en mis mejillas, no podía negarlo, cómo la necesitaba.
Su recuerdo me mantenía vivo, podría dar mi vida con tal de pasar esta tarde con ella, mi más grande anhelo, agarrarnos de las manos y recostarnos en una pradera, viendo como el sol se ocultaría lentamente, dando paso a la luna; mientras que nuestros corazones, latiendo juntos en un mismo pecho, ¡Un sentimiento!, ¡Un corazón!,  su alma jamás envejecería, siempre viva al igual que su sonrisa, la amé al inicio y la amaré hasta el final, pienso en voz alta, ella es mi musa, mi hermosa madre, mi mayor adoración.
Sé, que algún día ella y yo nos reuniremos, y seremos felices en la eternidad…mientras tanto prometo tratar de ser feliz.
Me limpié  pues las lágrimas, sabía, que donde ella esté no le iba gustar que su hijo llore…debía ser fuerte, fue entonces que se me vino a la mente esta frase:
“Solo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, crecer y principalmente vivir”.
Dalai Lama
Había leído esta frase en uno de los pocos libros que tenía, que a duras penas había logrado conseguir.
Esa frase resumía todo lo que tenía que hacer; pero, vivir no era tan simple…
Salí entonces de la pequeña habitación, vestido ya para trabajar, Don Pancho, todavía estaba durmiendo, no le culpo, él ya era una persona mayor y últimamente se estaba quejando de un dolor del pecho, yo lo atendía y cuidaba, tal y como él lo había hecho cuando era aún más pequeño, si, él fue el ángel que me salvó cuando solo era un niño sin protección, lo quería mucho, me acerqué y lo besé en su frente, aun así no se despertó, ya era tarde, le preparé rápidamente un pequeño desayuno, y salí raudo a hacer lo que mejor sabía  hacer, robar sonrisas, gracias a ello la gente me daba un sencillo y no faltaba un pan que llevarme a comer, muchas veces la gente me preguntaba si iba al colegio o dónde están mis padres, sin dar mayor explicación me retiraba raudo. Tal vez no sea un lugar adecuado para un joven, pero era la única manera de poder ganar lo que todo ser humano busca, dinero, tal vez eso hace todo posible, pero al final terminaremos haciendo todo para conseguirlo…
Decidí descansar un rato en un parquecillo de la zona, llevaba allí poco tiempo cuando se me acercaron unos hombres no tan mayores, intimidantes; decidí salir de allí, no conocía sus intenciones, intenté hacerlo pero sentí que me jalaron el brazo, no sabía si gritar, o tranquilizarme y preguntarles qué querían, opté por el segundo, rápidamente me llevaron a un sitio menos público, allí el que parecía ser el mayor entre ellos me dijo que me habían estado vigilando y que yo era perfecto para un trabajo que me haría ganar mucho dinero, rápidamente pensé, la única manera de ganar dinero fácil era cometiendo un delito, me rehusé al instante. Ellos no insistieron; pero, antes de irse uno de ellos me arrojo un papel, mientras el líder decía:
—Sé que aceptarás.
Recogí el papel del suelo, estaba anotado un número de celular, guardé  rápidamente el papel en mi bolsillo, no sabía qué hacer, decidí irme a casa, llegué y la puerta estaba abierta, pensé en lo que ese tipo había dicho: Te estamos vigilando, pensé lo peor, tal vez sabrían donde vivo, me desesperé y corriendo entré; al entrar solo estaba Raúl, mi vecino, me tranquilicé él venía muy seguido a hacerle compañía, a mi viejito, lo raro era que Don Pancho no estaba, le pregunté dónde estaba. Entre sollozos me dijo:
—Mateo tienes que ser fuerte, en la mañana vine como siempre, toqué la puerta pero nadie abría, entonces la tiré, encontré a Don Pancho, recostado, pensé que dormía, me acerqué para despertarlo, pero no reaccionaba, me asusté, llamé a mi mamá, ella también se preocupó y llamó una ambulancia, hace como cinco minutos se lo acaban de llevar, los paramédicos decían que tenía signos de haber sufrido, un paro cardiaco, mamá se fue con él en la ambulancia, y a mí me dejo esperándote  para avisarte, me quedé atónito, no podía creerlo, mi viejecito no, el no, lágrimas caían, no sabía desde qué momento pero mi rostro ya estaba bañado en ellas…
Llegué al hospital en compañía de Raúl, ya lo habían atendido, pero aún su estado era crítico, pasaban las horas ya era muy noche, y todavía el doctor no nos había dado un informe sobre su salud, ya no me quedaban lágrimas para llorar, mis ojos hinchados no mentían, de pronto el doctor salió, desesperado corrí a su encuentro, tenía que saber cómo estaba mi viejito, atento escuché como el doctor decía que ya estaba estable; pero, sin la ayuda de un marcapaso, su corazón y sus  latidos serían  cada vez más lentamente, así como una llama que se consume.  Necesita la operación oí decir, es de alto riesgo, puesto que es una persona mayor, pero lo puede lograr, esa palabra avivaba mi esperanza, necesito una persona mayor que autorice la operación dijo, la madre de Raúl rápidamente se ofreció, ya que Don Pancho no tenía una familia de sangre que respondiera por él, no la tenía, pero nosotros estábamos  allí para hacerlo, y algo más susurro el doctor casi como un lamento, este tipo de operaciones son muy costosas, sabía de nuestra condición, no era  difícil darse cuenta, nuestra sola vestimenta así lo demostraba, lo siento mucho dijo con una voy apenas oíble, me desesperé.
—No va hacer nada  —grité.
El agachó su cabeza, entonces supe que no estaba en sus manos…
Caminaba de un lado al otro, lo máximo que podía soportar Don Pancho sin un marcapaso era un día, dónde podía encontrar tanto dinero en un día, era una cantidad enorme para mí, fue entonces que me acordé de la propuesta, en donde si hacia lo que querían ganaría un buen dinero, no lo dudé y llamé del teléfono del hospital a ese hombre, su voz gruesa contestó, sabía que era él, con timidez, le dije que aceptaba su propuesta; pero, solo era por necesidad, de una manera burlona me dijo:
—Sabía que dirías que sí, al inicio se niegan, pero después, hasta te va a gustar. Te explicaré qué tienes que hacer, verás que es muy fácil, te  espero en una hora en el lugar de la mañana —acepté y finalicé la llamada.
Salí del hospital y fui a su encuentro, allí él me explicó lo que ya yo suponía, que eran una banda que robaba casas, y el robo iba ser mañana por la noche a una familia rica, lo único que tenía que hacer era alertar si la policía venía, una especie de “campana”, acepté todas sus indicaciones, de allí le planteé mi situación, y le dije la cantidad de dinero que necesitaba, él se ofreció a dármelo, pero tendría que pagarlo con trabajos similares a los que me había indicado, no me  quedó más remedio, el robo era durante la operación lamenté no poder estar con él;  pero pagar su operación era esencial.
Antes de hacer todo pensé en mamá, sabía que ella no hubiera querido eso, sentí que la defraudaba; pero, no había más remedio, hice todo lo que me pidieron, y salió tal y como lo planeado, me dieron mi dinero, raudo fui al hospital, y pagué lo indicado, dando la excusa  que el vecindario más los ahorros que teníamos habían logrado cubrir la operación, está ya había concluido, vi aparecer a lo lejos al doctor, no parecía muy contento, en mi rostro ya se dibujaba la tristeza; se acercó a mí y me dijo que Don Pancho había caído en estado de coma, no comprendí, con más calma me explico detalladamente, comprendí entonces que tal vez no volvería a escucharlo…
Había pasado un año desde que no que no despertaba, yo estaba más solo que nunca, mantenerlo en el hospital, me había obligado a seguir “trabajando” para ellos, sabía que estaba mal pero no me quedaba otra opción.
Todas las tardes iba a visitarlo, sabía que despertaría, él lo haría…
Una de las tardes ya no lo soportaba, quería que me hablara, que me escuchara, un sentimiento de tristeza profunda, recorría mi cuerpo, lloré junto a él, lloré con todas mis fuerzas a sus pies, entonces, alguien acarició mi cabeza, levanté la mirada, al verle me calmé.
—Mateo, Mateo, ¡estás aquí…! —llamé al doctor, al instante entró y lo examinó, sabía que desde ese instante las cosas iban a mejorar…
Después de unas semanas de terapia, le habían dado de alta a Don Pancho, la pesadilla había terminado, eso creí…En casa las cosas trascurrían de lo más normal, no había querido contarle nada, de cómo había conseguido el dinero, tal vez se decepcionaría de mí, no lo iba a permitir.
Había ido a comprar medicinas, cerca ya de llegar, me cerraron el paso, sabía quién era.
—Te tenemos un trabajito —lo miré, sus ojos  reflejaban su vida tan miserable, y me rehusé, no lo haría más, salí corriendo tenía que escapar; raudo llegué a la casa, huiría muy lejos con mi viejito y empezaríamos una nueva vida, saqué lo más esencial y le dije que daríamos un paseo, le mentí. 
Caminamos cuadras, sabía que tal vez me seguían, de pronto se escuchó un sonido fuerte, me miré el abdomen, salía sangre; él todavía estaba a mi lado… entonces caí en sus brazos hacia la fría acera, tal y como hace años, cuando me encontró herido. Le conté todo con el único aliento que me quedaba, lo siento susurré, le dije que no era perfecto, había cometido un error; pero por amor, él me dijo que nadie era perfecto, que sí, muchos lo deseaban, pero la perfección no es más que la propia imperfección, que la única perfección del ser humano, es el amor, el amor vuelve las cosas ordinarias en extraordinarias, lágrimas bañaban su rostro y el mío,  pensé en mi madre, al fin me reuniré con ella, veía mi fin tan próximo, todo se empezaba a ver borroso…Con el ultimo suspiró, me despedí, él me abrazó, en uno lleno de amor, de puro amor, de repente todo se oscureció… mientras la primera  lluvia de muchos años azotaba ya,  las calles de Londres.

Seudónimo: Viana