EXAMEN DE ADMISIÓN
(Yanpierrs Branco Figueroa Limaymanta)
[Colegio Mayor Secundario Presidente del Perú – COAR Lima (Chaclacayo)]

El examen era hoy, todos los años que estudió, se verían reflejados en este examen; bueno así lo supuso Dylan. Dylan era un joven huérfano, sus padres lo abandonaron en un albergue; su niñez la pasó con otros niños que, al igual que él, llegaron al albergue cuando eran recién nacidos. Durante su niñez nunca se preguntó porque lo habrían abandonado, ya que en el albergue sintió el calor de una familia. Desde niño le surgió el interés por las construcciones, ya que el albergue tenia uno muy peculiar, tenía una cúpula con pinturas religiosas. El albergue tenía un pequeño colegio, en donde se cursaban los mismos niveles que un colegio normal del estado; y ahí fue donde Dylan se convirtió en un buen alumno, siempre demostró su entusiasmo por aprender más; así fue por toda su niñez; mientras sus amigos jugaban, el veía todo tipo de casas, edificios, museos e incluso arquitectura antigua. En su adolescencia, fue más allá de ver, aprendió como se construían las casas, en cuales eran los diseños más adecuados para una casa, pero Dylan ya no solo observaba casas, sino estudiaba muchos libros en los que aprendía matemáticas; un curso que luego se dio cuenta de que era indispensable para su carrera. Los profesores del albergue veían cuán grande era el sueño de Dylan por ser un profesional, así que con mucho gusto le brindaban los libros que el necesitaba para educarse; además, le instruyeron hasta acabar su educación secundaria; pero hubo un profesor que había influido mucho en él, su profesor de matemáticas. Él le había dicho que en un examen, lo mejor era resolver las preguntas que sean fáciles, ya que con ello conseguirás confianza. Aún de adolescente, sintió la misma fascinación por las casas y se prometió que algún día haría un edificio que rompa las leyes de la física, claro que era una gran meta; pero para eso estaban hechas las leyes, para superarlas. De hecho empezó a conocer un examen, el cual definiría si te convertías o no, en un universitario.
 Así fue hasta el día de su examen para ingresar a la universidad. Llegó muy temprano al examen, debido a que el director del albergue lo llevó en su auto muy temprano, pero cuando llegaron, notaron que el reloj del director estaba adelantado por dos horas. El tiempo de espera le pareció eterno, fueron los minutos más largos de su vida, o al menos así lo pensaba, pues su mente no le permitía otra cosa que no fuera pensar en el examen.
Al ver el examen, supo que esa mañana seria larga. Al principio trató de ir al área que él dominaba, las matemáticas; al ver las preguntas, se acordó de los temas, mas no de las formulas y mucho menos la teoría; entró en un trajín nervioso. Por más que quería acordarse no pudo, vio el reloj y se dio cuenta que ya habían pasado más de media hora; en eso recordó lo que el profesor le dijo: “Si sientes que los nervios, la desesperación se ha apoderado de ti, ve a otra área y adquirirás confianza”, lo hizo. Al pasar una hora del examen, vio que había resuelto un poco más de una tercera parte de las preguntas en general. Volvió a matemática, pero seguía sin acordarse de lo que estudió, esta vez las sensaciones que más temía se apoderaron de él; pensó en que se diría de él si no ingresaba, además solo tenía una oportunidad, ya que el albergue se las había arreglado para conseguir dinero para que él pueda postular y dar el examen. Faltaba media hora, no hizo más quera llorar por dentro, pensó en su sueño, pensó en que pasaría ahora si no lograría ser un profesional; trató de resolver lo que pudo; pero no pudo resolver más de la mitad.
—No lo lograré —pensó.
Minutos después, el examen había finalizado, sintió que en ese momento la esperanza se le venía abajo. 
Decidió salir por otro lado que no sea la entrada principal, porque ahí le estaba esperando el director del albergue, y tenía tanta vergüenza, tanta frustración que sería mejor no volver a ver a nadie nunca más. Salió por una puerta trasera, estaba lloviendo a cantaros; corrió y se alejó lo más posible, paso por una calle estrecha y se sentó a llorar. Lloró tan fuerte como cuando una persona llora tras la muerte de los padres; sintió su cuerpo estremecerse, debilitarse, y en eso cayó sin fuerzas en un charco formado por tanta lluvia, se durmió. Soñó que todos en su albergue le gritaban fracasado, bueno para nada y muchos apelativos más que solo hicieron que hasta en su sueño no pueda sentirse bien. 
Al despertar estaba echado en una cama, parecía de alguien humilde, se levantó y busco a la persona que lo había traído así, allí. Él estaba sentado en el sofá, era un muchacho que aparentaba tener su misma edad, pero ese rostro le parecía conocido; ¡claro!, pensó, era el muchacho que estaba a su costado en el examen, su sorpresa fue inmediata, sin pasar mucho tiempo el muchachos se dio cuenta que Dylan se había despertado, entonces se  paró y le dijo que estaba en su casa, su mamá había salido a comprar algunas pastillas para Dylan, y que su té estaba sobre la mesa, enfriándose. Le pareció tan inesperado ese momento, pero le preguntó cómo se llamaba y él le respondió que su nombre era Benjamín. 
En ese momento Benjamín lo invitó a su comedor, y le pidió que tome el té; luego, Dylan le preguntó porque él estaba allí y Benjamín le dijo que él se sentó a su costado y notó el nerviosismo que lo atestaba en esos momentos, y que al terminar el examen, lo siguió, pues estaba preocupado por lo que Dylan pueda hacer. Dylan le confesó que él era huérfano y que vivía en un albergue, y que no contestó más de la mitad de las preguntas y que más que seguro no ingresaría, concluyó diciéndole que no podía volver pero tampoco tenía a donde ir. En ese instante entró la mamá de Benjamín y él le dice que Dylan ya había despertado y no presentaba nada extraño. La mamá de Benjamín, le preguntó si se sentía bien o si quería comer, Dylan respondió cortésmente que no le apetecía nada de comida, pero si una taza de té más pues estaba haciendo demasiado frio. La mamá de Benjamín se llamaba Ana. Entonces Benjamín le pregunta si él podía quedarse en la habitación vacía de su hermano, y le conto los motivos. La señora Ana aceptó, pero después de muchos segundos, y le contó que ese cuarto era del hermano de Benjamín; pero que en un asesinato, su esposo y su hijo, que tenía 11 años, murieron; la señora Ana se puso algo triste por recordar, y que a pesar de 5 años desde el incidente, ella no podía olvidar a su hijo ni a su esposo; además Dylan podría darle uso a un cuarto que representaba mucho para la familia, pero que ya nadie lo ocupaba. Dylan estaba desconcertado por como personas que hace pocas horas no existían para él, lo podían ayudar. Dylan pregunto por qué ellos hacían esto por él, entonces Benjamín se sienta en el sofá y le cuenta que el también paso por lo mismo que él, no había logrado ingresar el año anterior pese a estudiar en varias academias; se puso nervioso; además, experimentó los mismos sentimientos que él, decepción, frustración, entre otras más y que al verlo, sintió que un deber resguardarlo y cuidarlo de que no cometiera una locura; y además de todo, su mamá y él eran personas que  no se negaban en ayudar a personas que lo necesite.
Entonces, Dylan lo comprendió y aceptó quedarse en su casa… por mucho tiempo. Durante ese tiempo, Benjamín, que ya había ingresado a la universidad, le enseñó muchos temas, diferentes áreas haciendo que Dylan aprenda más, y es así como Dylan pasó a formar parte de la familia de Benjamín; pero eso no fue todo, ya que Dylan tuvo que conseguirse un pequeño trabajo para mantener sus gastos personales, porque todo lo demás, la señora Ana se lo alcanzaba. En realidad, Dylan realizó mucho esfuerzo para poder vencer el miedo, los nervios y otras sensaciones que afectarían a su próxima postulación, porque si, Dylan volvería a postular, gracias a lo que pudo ahorrar en su trabajo, pudo pagar los gastos para volver a dar el examen de admisión. 
Y llegó el día, un día en el que Dylan se volvería a encontrar con el examen; esta vez no sintió nervios, más bien, sintió ganas de volver a ver un examen de admisión. Esta vez no llegaron tan temprano; junto a Dylan venían Benjamín y su mamá; y Dylan sintió una sensación de empezar a resolver las preguntas. Durante el examen, Dylan recordó lo que le había mencionado su profesor, sobre que siempre empieza por las fáciles, para acumular mayor confianza en ti mismo. Resolvió todas las áreas menos matemáticas, porque estaba esperando al último para poder relajarse y hacer lo que mejor sabía hacer. Fue como si solo estuvieran él y si mesa, las matemáticas lograron hacer que todo el tiempo se paralizará y que la tranquilidad del mundo se haya puesto de acuerdo para converger en ese minúsculo espacio del universo. Las resolvió todas, sintió un gran alivio y satisfacción al terminar el examen. 
Algo curioso pasó ese día, al salir Dylan se encontró con Benjamín, quien le preguntó cómo le había ido, y luego se dirigieron a casa. Pero al llegar, vio que estaban; aparte de la señora Ana, algunos amigos de su albergue, el director del mismo y su profesor de matemáticas. Dylan sintió la máxima alegría y felicidad que se puede sentir, luego de ver los resultados del examen y saber que quedó en el primer puesto de su facultad. Junto con los invitados y su familia; lo celebraron como se celebra aquí en el Perú le raparon el cabello, porque esto significaría su ingreso a la universidad, y por fin tener la gran oportunidad de cumplir sus sueños, incluido romper las leyes de la física, aunque eso sea una historia aparte.   

Seudónimo: The last writer