CARIÑO

Esa pequeña y hermosa tarde, paseándome por la hermosa cubierta de paseo, me di cuenta, de que servía estudiar, si al  final todos los bienes de mi familia iban a ser heredado por mí o eso creía. Pedro Paulino Flores Dowson, sí soy el hijo de esa familia de primera clase que siempre vivía una vida de lujos, sí soy de descendencia peruana, pero a mi madre le incomodaba esa idea.
Viajábamos entonces en esa época con tal de huir de los problemas financieros que vivíamos en Irlanda y Gran Bretaña, por la muerte de mi hermano Pascual, el gerente de todas las empresas, llegaríamos hasta nueva york en un buque de vapor, después otro buque para cruzar el canal de Panamá hasta llegar a Perú, exactamente Arequipa. Mi madre por supuesto no estaría de acuerdo con esta idea, ya que no aceptaba la idea de que los antepasados de mi padre sean “Lonccos” o arequipeños, en fin lo único que a mi mamá le agradó fue los lujos de este barco. Ella siempre había vivido alrededor de personas refinadas, de lujos y  la relación de madre e hijo seguía  siendo muy distanciada.
Apenas llegamos al puerto de Matarani, mi madre no dudó en empezar a fijarse en “pequeños detalles”, la hacienda de mi padre se encontraba a varios kilómetros, en la provincia de Arequipa. Subimos al ferrocarril, y empezó nuestro viaje.
Cuando bajamos al terreno campestre, ese aroma fresco, no había humo, era tranquilidad, también había algo más, lo vi desde el tren, era ese hermoso Misti, era pintor,  y al verlo sentí esa sensación de algo desconocido, algo nuevo, los volcanes de gran Bretaña, no eran así de hermosos, es más, ni creo que los hubiera. El gran volcán estaba casi tapado  por nuestra casa, esta era también hermosa, pero, según ella, mi madre, no se comparaba a la de gran Bretaña, al lado había una pequeña casita, en el que solo cabían cuatro  personas, ¿Acaso era de los empleados?, no lo sé, pero la nuestra era grande, de color blanco, tal vez hecho de ese material llamado “sillar”.
Al entrar nos abrió una hermosa joven, Priscila, era de piel oscura u otro color que nunca había visto en mi país, tal vez era por la interculturalidad que tenía Perú, al verla sentí algo que nunca había sentido, amor, pero al ver el rostro de mi madre, poco a poco se desvanecía, su rostro expresaba un gran desprecio por la mujer. El interior de la casa era una maravilla, tenía cada lujo que se podía tener en esa época,1900, al ingresar se podía ver una gran escalera con una cúpula arriba, esta se dividía en dos  y en el centro había una estatua de un pequeño hombrecillo con una flauta, en la zona de descanso esta una pintura de Arequipa, todo está hecho de madera fina y bronce, cuando se subía se llegaba a los dormitorios, todo estaba iluminado con “telarañas”, pero por el día con la luz del sol que pasaba por la cúpula, pero no era lo suficiente para mi madre.
Subimos para instalarnos, mi habitación era grande, tenía una cama, y  una mesa de noche, también había varios lienzos, ¿acaso había alguien que supiera que me gustaba pintar o era la habitación del que pintó la pintura de la escalinata?, no lo sé, pero la habitación era muy bonita y tenía también varios cuadros y el piso presentaba un mosaico de blanco y negro, también tenía dos enormes ventanas acompañadas de sus cortinas, en una de ellas, se veía la presencia del gran Misti, era mi favorita, también tenía, un sillón en el que podía leer mis libros  favoritos también tenía el armario y un baño.
Salí directo a la habitación de mi madre, por curiosidad, a ver si sentía cómoda. Al ingresar estaba leyendo un libro,  parecía que le gustaba y vi a la empleada  desempacando sus cosas y acomodándolas en cada uno de los armarios, la habitación era de color rojo, todo, tenía la misma apariencia que la mía, pero tenía cuatro  ventanas, un baño más grande, un gran candelabro colgando del techo y varias plantas en cada esquina. Cuando terminó la joven, me preguntó:
—¿Quiere que desempaque su equipaje, joven? —dijo con gran cansancio.
Al verla así, le dije que no, yo solo lo haría.
Salí de la habitación, para visitar toda la casa, para visitar cada rincón, lo primero, los demás dormitorios, todos tenían la misma decoración, baje para ir a la cocina, y el comedor y la cocina, el comedor era una gran mesa con varias sillas alrededor, encima también había un candelabro, también tenía varias ventanas, en todo su alrededor habían mayordomos preparando la cena, ponían cada cubierto con delicadeza, estos estaban hechos de plata.
La cocina también estaba perfectamente decorada, y presentaba los alimentos necesarios, pero esta vez los cocineros cocinaban algo diferente, picaban papa, y hacían una mezcla de carne y verduras, después esta se rociaba en un gran  rocoto, no logre averiguar que era, pero su aroma demostraba que era un plato sin igual. Salí, hacia la sala, tenía varios muebles y una chimenea que daba calor, su piso era un mosaico de colores, pero había algo especial, eran dos retratos, uno era un hombre con un sombrero, y el otro, una mujer con trenzas, parecían de bajos recursos, voltee y vi la entrada hacia la biblioteca, tenía varios libros y grandes sillones, de repente se tocó el timbre de la cena. Pero nada era lo suficiente para complacerla.
Antes de cenar, las empleadas  y mayordomos se presentaron:
—Buenas noches, nosotros somos el  personal de servicio, y está a nuestro cargo, su comodidad y seguridad —dijo el representante.
—Yo soy Martina, la cocinera…
—Yo soy Agustino, el cocinero…
—Yo soy Justino, el mayordomo…
—Yo soy Priscila, la empleada…
Priscila, la empleada, hasta a su nombre fue que preste atención, Priscila, los demás siguieron, pro no los pude escuchar, de allí todos salieron y empezaron a servir la cena. Empezaron sirviendo un caldo muy extraño, era el “Chairo”, al probarlo sentí otra nueva sensación, simplemente era delicioso, terminando, recogieron el plato, pero mi madre ni siquiera lo había probado, trajeron otro plato, era un rocoto con papa picada al lado, lo pobre, una sensación superior a lo anterior , pregunté que era, el “rocoto relleno y pastel de papa” era ese plato, terminé y de postre nos trajeron un vaso muy raro, mucho menos era una copa sirvieron de repente un líquido morado, al probarlo, simplemente era un tipo de vino u otra cosa, su consistencia era un poco dura, era la chicha de jora, que se podía decir de la cena, gustosa, agradable, exquisita, no era mucho más que eso, era AREQUIPEÑA.
Recogieron los platos, pero mi mamá no había comido nada, de repente ella dijo a todos que nos dejaran hablar en privado:
—Te harás cargo de todo en lo que trabajó tu hermano y tu padre —me dijo con seriedad.
—¿En serio? —le dije.
—Sí, fue una difícil decisión —me dijo.
—Mañana iremos a la empresa de este lugar, para que te hagas a cargo —dijo mirándose sus uñas.
Me fui a dormir y no pensé en otra cosa que en esa decisión, al mirar la ventana me di cuenta que no iba a ser fácil, me iba a hacer cargo de todas las acciones.
Desperté lleno de emoción, me haría cargo de la empresa de Arequipa ¿Cómo la manejaría? ¿Qué haría?
Bajé y ella estaba ahí esperándome, hicimos varios papeleos, pero al final, fui el jefe de la empresa.
El primer día, trabaje desde la casa; pero a mi madre no le gustaba lo que hacía, sin duda fue un día agotador, ese día también había conocido bien a Micaela, era una mujer muy sencilla, y también le gustaba la pintura, ese día también conversó con mi mama por varias horas.
 El segundo y el tercero fueron iguales, pero el cuarto día, mi madre me dijo lo que quería, quería que fuera Pascual quien se ocupara de la empresa.
Pascual, mi hermano, siempre fue mejor que yo, tenía una educación superior, tenía más  dones, bailaba, cantaba y  siempre estaba ahí, trayendo logros, mientras que yo estaba ahí a un costado, yo solo había traído un logro, pero era suficiente para él, mi padre.
¿Qué podía hacer?, quería que valorara mi manera de trabajar, y que me demuestre ese afecto que nunca recibí, entonces no tenía una decisión.
Mi mama hizo que parara el trabajo hasta que tomara una decisión. No podía hacer nada hasta que tomara esa decisión.
Pero ella, Priscila, estaba ahí para ayudarme:
—¿Qué le pasa? —me preguntó.
—Nada, es solo que no se quien ser —le dije.
—Solo se tú —me respondió.
—Si fuera fácil —le dije.
Entonces mi mamá llamó a Priscila, ellas, al parecer tramaban algo desde la noche en que mi madre la llamó.
Necesitaba la ayuda de mi padre, pero ya no estaba, quien me podía aconsejar. Mi mamá, no, porque ella era la causante, Priscila, poco a poco  perdía mi confianza, no había nadie más, por lo que tome la peor decisión, ser Pascual.
Mi mama lo prefería, así que ¿Por qué no? No era difícil, pero eso solo hizo que nos separemos más. Los primeros días, fueron fáciles, pero los siguientes, se convirtieron en un infierno.
Mi mamá siempre estaría refregándome en frente mío que Pascual era mejor, pero lo único que hacía era hacer que me meta en un lugar del que no hay escapatoria, pero parecía haber una pequeña luz que se apagaría pronto, Priscila. Con ella me sentía bien, y poco a poco se podía decir que florecía una amistad, o el amor platónico, incluso la pinte al lado de ese hermoso Misti.
Me empezaba a dar cuenta de que aunque no esté Pascual, mi mama lo seguía queriendo, y me quería transformar en algo que no era, desprecio y sufrimiento.
No se hicieron tardar las discusiones, que se volverían insultos, nunca le había gritado, pero estaba harto de que me manipulara.
¿Acaso era tan mala, hasta de despreciar a su propio hijo? No lo sé, pero de que era mala, era mala.
Ya no me sentía su hijo, sino uno de sus mayordomos, que obedecían cada una de sus órdenes, ya no era yo, era su mezcla de desprecio y sufrimiento, el que creía un palacio de grandes lujos, se convirtió en un infierno de millonarios, ¿acaso así se sentía Pascual?, no lo sé simplemente entendí que no me quería como era, hasta llegar a un punto insoportable.
Esa noche, fue inolvidable, había hecho todo por gusto, de repente llamó a Priscila en frente mío, no tuvo que hacer otra cosa mejor  que cambiarme por ella, fue un corte muy duro, había trabajado tanto para que al final me botara como uno de sus empleados.
Salí de esa habitación, tome mis cosas y me fui de aquel hermoso palacio en el que parecía florecer el amor, pero no era así, el único que me quiso fue el Misti, que fue inspiración para superarme, pero de nada sirvió, ¿regresaré?, no lo sé , eso está en decisión de mi madre ¿no?

Seudónimo: Celin Robertson VII