AQUEL SER DESPRECIABLE

—Chicos salgan al recreo —dijo la maestra. Mi corazón se estrujaba y no tenía el mínimo deseo de obedecer aquel mandato, aun ello así fue. Salí e intenté pasar desapercibido por el pasadizo cuando súbitamente escuché:
— ¡Hey! ¡Gallinazo espera! —ese grito era para mí, pues me decían gallinazo desde primero de secundaria y no los culpo quizás lo parecía, era flaco, algo jorobado y mi vestimenta andaba remendada y vieja. Sentí como se acercaban por detrás hacia mí, tenía el deseo de correr; pero sentí una mano en mi hombro, ya no había escapatoria, era Ricardo y todos sus amigos; aun así intente huir pero me rodearon y empezó lo que cada día siempre sucedía.
—Eres un torpe —dijo Ricardo dándome un empujón.
Mientras sus amigos me escupían por la espalda, él seguía diciendo:
—Personas como tú no deberían existir, todos pobres y sucios, tan tontos e insignificantes, no comprendo cómo estas en este colegio.
Guardé silencio un breve momento aunque no duro mucho pues oí:
—Tu madre no vale para nada, es un estropajo, una sucia, seguro es una ladrona o quizás una prostituta ¿Eso es? ¿Por qué guardas silencio? Seguro que es así, me das lástima
En ese instante sentí cada parte de mi cuerpo secretar una rabia inexplicable y guiado por la ira alce mi puño y lo estrellé en la mejilla de Ricardo, él me miró, y con los ojos llenos de rabia me escupió, quizás ya muchas veces lo había hecho antes; sin embargo, esta vez no lo toleraría. Nunca más permitiría que alguien me trate de esta manera, y lleno de ira lo empujé; él intentó defenderse, entre tanto forcejeo logré arrinconarlo y empecé a golpear una y otra vez sin darme cuenta quizás de lo que estaba haciendo. 
—Nunca más vuelvas a expresarte de esa manera de mi madre.
—Por favor ya no me golpees, lo siento.
—Eres un ser despreciable ¿Dime que te crees? ¿Eres superior a mí? ¡Por tu ropa nueva! ¿Solo por eso te crees mejor que yo?
—Perdón, perdón —gritaba Ricardo una y otra vez.
—¿Debo tener consideración por ti? ¿Acaso la tuviste por mí?
—Perdóname, cometí un error —dijo  mientras un hilo de sangre corría por su barbilla, tuve miedo y recién en aquel instante me di cuenta de lo que estaba haciendo; esta vez era yo el ser despreciable que golpeaba a otros, paré un momento, pues estaba aturdido por lo sucedido.
Ricardo estaba con los ojos llenos de lágrimas y en aquel descuido escapó acompañado por todos esos cobardes que decían ser sus amigos. Nunca me creí capaz de ello; pero ahí estaba yo, frente a una pared vacía llena de manchas de sangre, sentí un ardor en mis nudillos, alce mi mano y los observé,  estos estaban enrojecidos y con sangre. Fue tanta la ira que tuve, que no solo golpee a Ricardo; si no que golpee en varias ocasiones la pared, en verdad no deseaba hacerlo pero fue intolerable lo que él dijo sobre mi madre, además iba ya mucho tiempo que soportaba sus burlas y esta vez no se podía quedar así.
Con los nudillos llenos de sangre avancé lentamente con dirección a mi salón, mi corazón aun guardaba aquel sabor amargo de odio, aunque sabía que aquel sentimiento había crecido cada día, por todo lo que me hicieron, ahora tenía la seguridad que Ricardo no volvería a molestarme, pero la nostalgia me abrumaba al saber que me convertí en aquello que siempre odie, me convertí en un ser despreciable.

Seudónimo: Nomy