MÁRMOL OSCURO
(Rodrigo José Sánchez Llanos)
[I.E.P. "Futura Schools"-2016]

Matías es como cualquier joven, tiene amigos, buenas calificaciones en casi todos sus cursos, es buen hijo,  buen hermano. Aparte de todo esto él también es un gran amante de la música clásica  y de todo lo que esta representa. Es por eso que para el hecho de vivir en una ciudad como Arequipa le queda como anillo al dedo.
El suele pasearse por la ciudad viendo las iglesias y el arte barroco de las fachadas, mirar el mármol de la catedral lo hacía sentir muy europeo y el hecho de que su ciudad esté rodeada de volcanes le daba cierto toque medieval que él disfrutaba y lo poco que juntaba en la semana se lo gastaba en visitas guiadas por la ciudad. A pesar de haber escuchado esas charlas cientos de veces no se aburría, en cada visita descubría algo nuevo: ya sea algún detalle en alguna pintura antigua, un hilo suelto en alguna túnica antigua o un ladrillo agrietado en algún muro.
Cierto día Matías ya harto de ver todo de la misma manera urdió un plan para realizar una insania: ver la ciudad de Arequipa en la noche desde el techo de la catedral, esa era una idea que le entusiasmaba. Día tras día cavilaba sobre su plan, hasta que decidió realizarlo. El plan consistía en tomar la hora de visita más tarde de todas y de ahí ocultarse en una esquina hasta ya entrada la noche, así quedaría solo y toda la catedral estaría a su disposición.
Todo salió de acuerdo a lo urdido y el joven previsto de tan solo una linterna empezó su visita privada. Empezó a recorrer los salones hasta llegar a lo alto de la catedral, le pareció curioso ver una paloma negra que caminaba por el techo, pero ello no llamó su atención debido a  la vista que tenía ante su mirada. Pudo ver la ciudad brillando y la silueta gris del Misti que parecía descansar como toda su gente. Minutos después decidió irse, al pasar por el altar se sentó en una de las bancas y decidió rezar. Como el silencio no era absoluto miró la silueta de las esculturas que se encontraban cerca. Pudo oír levemente las bocinas de algunos autos (para entonces aún pasaban por las fueras de la plaza de armas), en fin lo que apreciaba no era cosa del otro mundo. Pasados unos minutos creyó que había llegado la hora de partir, un pequeño suspiro exhala y al ponerse de pie de la dura banca sintió una presencia sumamente pesada y amplia que estaba detrás del joven, al principio no le dio mucha importancia hasta que el miedo aumentaba cada vez más. 
Al momento de buscar la salida tropezó sin saber con qué, cogió la linterna, sus manos temblaban, lo que hizo que otra vez haga caer la linterna. Gotas de sudor corrían por su rostro, sus ojos estaban encendidos. Una y otra vez intentaba encender la lumbrera de pilas, pero era inútil. Miles de Ave Marías pasearon por su mente, oía pasos hasta que logró encender la linterna.  Alumbró el piso y vio manchas de sangre, sorprendido se alumbró por todo el cuerpo pensando que la caída que tuvo provocó ello, pero no fue así. 
Más allá una sombra humana reía. Matías empezó a gritar y mientras  corría decía: “este es un lugar santo” y la extraña sombra dijo: “No para mí”.

Seudónimo: Alexander Llanos