EL BAÚL

— ¿Qué es lo último que recuerda?
—Recuerdo bajar corriendo las escaleras mirando ocasionalmente hacia atrás con la esperanza de que aquello que me perseguía no me alcanzase, recuerdo que llegué a la cocina e intenté salir por la puerta trasera, pero no pude debido a que estaba cerrada, me resigné a que aquella cosa me mataría en cualquier momento así que me acurruqué en un rincón de la cocina.
—Recuerda algo más anterior a aquella noche en que lo encontramos.
—No —le respondí.
El detective Ramírez se despidió y salió de la habitación. Quise recordar qué es lo que había pasado, ¿qué me había llevado a ese momento? El baúl que encontré en nuestra casa se me vino a la mente. Al día siguiente nuevamente me interrogó el detective Ramírez, esta vez decidí contarle lo que había recordado.
—Me dijeron que quería decirme algo.
—Si —respondí 
—A ver dígame, ¿qué es eso tan importante que iba a decirme?
—Para que me entienda debo contarle todo desde el inicio.
Cuando Rachel y yo nos casamos nos mudamos a un departamento que había comprado cuando aún era soltero, pero ese departamento nos quedó pequeño con la llegada de nuestro pequeño Isaac. Decidimos mudarnos a una casa más grande  y después de una larga búsqueda encontramos la casa ideal, una casa de fines del siglo XX con un patio inmenso, perfecto para que nuestro hijo jugara en él. El precio de la propiedad era más bajo de lo normal pero no le prestamos atención, nos mudamos de inmediato. Durante el primer mes después de la mudanza todo iba bien hasta que un día al regresar del trabajo no encontré a mi esposa; después de buscarla por toda la casa la encontré en el ático observando un viejo baúl.
—Me pregunto que habrá dentro —dije con una voz sarcástica y un tanto provocadora.
Por la sorpresa ella solo atinó a dar un salto y después decirme hola.
—Mira estos símbolos tallados en el baúl, a poco no son raros.
—Sí, son un tanto raros —respondí.
—Te parece si lo abrimos —propuso Rachel.
Así lo hicimos, pero cuando lo abrimos nos dimos con la sorpresa de que adentro no había nada, lo único que notamos fue que el ambiente de inmediato se tornó pesado y un frío espectral se apoderó de nosotros.
Al parecer solo yo me di cuenta que del baúl salió una figura oscura que posteriormente tomó forma de un demonio que se quedó mirándome fijamente durante un rato hasta que se desvaneció en forma de una nube oscura.
—Está usted burlándose de mí —me interrumpió el detective— en serio espera que le crea esa historia, cuando fuimos a su casa no encontramos ni un solo baúl con las características que describe.
—Se lo juro yo no lo hice, lo hizo él —exclamé apuntando a la puerta donde la criatura me estaba observando con cara burlona.
—Allí no hay nadie —me aclaró el detective.
Intenté convencerlo de que le decía la verdad, pero él no me creyó. Salió de la habitación y ordenó que me enviaran a mi celda donde permanecí hasta el día del juicio.
Al llegar la fecha me esposaron y llevaron a empujones hacia el juzgado donde nuevamente narré mi historia, aunque nadie la creyó.
El juez me sentencio a cadena perpetua por el asesinato de mi esposa e hijo, me trasladaron a un penal de máxima seguridad y donde  me encerraron en una celda solitaria donde todos los días el espectro me visita para atormentarme. Intenté ignorarlo durante un tiempo pero al final decidí enfrentarlo.
—Por qué lo hiciste —le reproche.
—Yo no hice nada —esa fue la primera vez que escuché la voz de la criatura.
—¿Matar a mi familia no es nada? —grité.
—Yo no los maté, fuiste tú —alegó la criatura.
—Eso es imposible, yo no podría haber hecho eso, ¿o tal vez si?
—Te mostraré lo que pasó esa noche —propuso.
Aunque dudé si en verdad quería saber lo que había pasado esa noche accedí. De inmediato vino a mi mente esa escena: yo en mi habitación durmiendo plácidamente junto a Rachel  y una nube negra sobre mí, que posteriormente se introdujo en mi pecho. Al suceder esto me levanté, aunque no estaba consiente, me levanté y salí de la habitación con dirección a la cocina donde tomé  un cuchillo con el que regresé hasta la habitación, me paré en frente de Rachel y de un golpe certero en el corazón, la maté.
Después me dirigí hacia la habitación de Isaac, cuando estuve frente a su cama y a punto de darle la estocada mortal despertó y mirándome fijamente a los ojos me preguntó: “¿papi que estás haciendo?”, no respondí nada y sin mayor demora le di la cuchillada en el cuello.
Después de la masacre me dirigí a la cocina donde lave la sangre de mi cuerpo y del cuchillo, me sequé y salí con dirección a mi habitación donde me acosté junto al cadáver de mi esposa. Ese es el momento en que la nube oscura sale de mi cuerpo y queda sobre mí. Cuando por fin recobro la conciencia me encuentro al lado del cadáver de mi esposa y con la nube sobre mí, salgo corriendo despavorido de la habitación en dirección a la cocina donde posteriormente me encuentra la policía.
La visión acaba y la criatura entre mofas se despide de mí, ya no puedo más, no puedo creer que en verdad yo fui quien los mató, ahora no tengo razones para seguir viviendo. Cuando lean esta historia probablemente ya esté muerto no puedo seguir con vida sabiendo que fui yo quien condenó a la muerte a mi familia. Si hay algo de lo que me arrepiento, más que nada es del hecho de haber abierto el baúl, ese  que desencadenó todas mis desgracias.

Seudónimo: Therminus