NUNCA HABRÁ PERDÓN


—¡Yo te dije! no ibas a poder, yo sabía que no lo ibas a poder hacer, y no confiaste en mí.
—Pagaste una a una tu culpa aquel día. Tu hermana murió en el accidente de carreteras aquella tarde de abril, ¿quién sabe, si fue tu culpa o no?, aun  las investigaciones no fueron esclarecidas.
Les contaré la historia de Felipe Carrasco. Como se sabe, todos tenemos historias ocultas detrás de cada uno de nosotros; algunas de estas las ponemos en evidencia ¡Esta fue una de ellas!
La familia era lo fundamental, en años pasados, aquel grupo  de personas unidos por un vínculo de amor profundo, se le llamaba la Carrasco Vera, era lo más importante del pueblo, en conclusión, la más respetada por todos, absolutamente todos.
Un par de jóvenes llamados Julia y Adrián. A julia le decían Blanquita, ¿todos se preguntarán porque? Julia era una de las mujeres más hermosas del pueblo, tenía  una belleza particular, era única, con buen porte y una figura esbelta, por eso la llamaban “Blanquita”, lo más lógico es que con tanta belleza ella se tendría que casar con un hombre a la altura de las  circunstancias. Les digo que se equivocan, Julia escogió al peor hombre, bueno casi peor, ¿peor por qué?
Adrián no era una persona bella ni nada de eso, era cualquier hombrecillo de aquel pueblo, pero tenía algo en particular, era inteligente, de gran capacidad para los estudios, aprendía fácilmente cualquier cosa que se le presentara.
Pero se imaginan a Julia teniendo tantos hombres para escoger y lo escogió a él.
Cómo habrá sido su vida durante tantos años, hasta que formó una familia, teniendo sus dos hijos producto del amor que se tenían, Felipe y Mirta. Ellos eran los hermanos más unidos del pueblo, eran inseparables;  andaban a cualquier lado juntos, siempre juntos, cualquiera que los veía pensaba que huían de algo, caminaban de una manera muy sospechosa, uno detrás del otro mirando a todos lados. Fue pasando los años, claro fueron creciendo, pero andaban juntos como cuando eran niños, no cambiaron su actitud, vestidos con prendas netamente elegantísimas, de acuerdo a cada ocasión, por supuesto solían viajar casi siempre a Tacna, a traer mercadería para la tienda de sus padres, eran grandes comerciantes de joyas y ropas, se solventaban de aquel trabajo que requiere  esfuerzo pero también trae una serie de beneficios o mejor dicho jugosas ganancias.
Viajaban, luego retornaban para estar cerca a sus padres y poder ayudar, cada vez que lo harían  su madre le encargaba a Felipe que tenía que ver el bienestar de su hermana, nada le podía pasar a Mirta, si fuera el caso, hasta tenía que dar la vida por ella.
Al parecer  a Julia le importaba más la vida de Mirta que la vida de Felipe, como la actitud de su madre le incomodaba a Felipe, él se daba cuenta que el afecto no era igual para los dos, como que se inclinaba a Mirta, pero a él no le importaba, igual la quería demasiado, era su única hermana, nadie le iba devolver la vida si no hacia lo que su madre le pedía. Así es que él siempre le cuidaba y no les pasaba nada malo, regresaban a su casa con bien, aunque la última vez no les fue tan bien, en el bus que viajaban, casi llegando  al terminal de Tacna, subieron al bus un grupo de personas totalmente desconocidas, un momento después Felipe escuchó una voz que venía de la parte de adelante del bus, ellos solían viajar en los asientos de atrás para que vayan más cómodos, escuchó:
—¡Saquen todo y no hagan ruido!
Resultó ser un par de esas personas que como no recibieron una lección apropiada de morales se dedican hacer daño a las personas inocentes, un par de ladrones. Felipe se asustó demasiado porque venían hacia él, fue un momento de tensión, pasaba una serie de cosas por su mente, quizás un recuerdo de todo su larga vida y momentos que pasó, ¿larga?, no fue larga, apenas tenía 20 años; tenía un futuro por delante, en el momento se acordó que su madre le había dicho que tenía que cuidarla sobre todas las cosas, salió de tremenda fantasía, lo primero que hizo, fue decirle a su hermana:
—¡Mirta ocúltate, vienen hacia nosotros! 
Mirta lo primero que pensó  fue ponerse debajo del asiento. Felipe encontró mantas y demás cosas al costado del asiento, las agarró y las puso sobre Mirta cubriéndola del todo, aquellos delincuentes se acercaban a las personas les pedían todo lo que poseían, sus objetos de valor y si no les daban lo que pedían los golpeaban con la parte baja de su arma que tenían en brazos, se acercaban a Felipe, el bus iba a gran velocidad, el chofer conducía lo más rápido que podía, hasta llegar a una gran curva;  perdió el control del bus y cayeron al abismo. No había cosa más atroz, la altura que cayó el bus era demasiado profunda, nadie podría salir vivo de ahí. Felipe salió volando por la ventana, resultó muy herido  por los golpes que se dio contra las rocas del lugar, en eso momento no le había importado las heridas y nada de eso, qué sería de Mirta, ella había quedado dentro.
Felipe vio como el bus caía destrozándose pedazo a pedazo cayendo al precipicio explotando al instante.
Mirta murió calcinada. Ya se imaginan todo lo que pasó con Felipe después de todo esto.
Seudónimo: Yasmin