A Leyre Valeria, la primera nieta del sol

Afuera me espera el oleaje citadino 
Las pistas desatadas exprimen coches
Ando atajando la marea para que no suba
A la vereda.
Jamás me esperan las palabras
Siempre voy a buscarlas en cada misión iraquí
Antes de estirar el péndulo veo tristezas esperando
Me detengo pues así no se puede disfrutar del viaje
Hago cruzar de continente a continente la experiencia
Y a la tristeza la desaparezco haciendo malabares.
Entonces las palabras me siguen.
No es fácil abordar las nubes estos tiempos
Se escabullen al escuchar un gesto vulgar
Por eso llevo conmigo siempre un tótem
Extractor de sonrisas en cada bajada temporal.
Tienes suerte de leer manejando 
Muchos quisieran reposar sus rostros en el retrovisor
Se conforman con ser domino en una guerra a hombros
Gruñendo en sus adentros acerca del sol perfumado.
Me miro enganchado a un asiento salomónico
Y me miran como película a blanco y negro: mudos
Esperando avanzar la cola que sigue creciendo
Aprovecho para rascarme los dientes. 
Las rutas se estrujan en sus vientres por toda Arequipa
No hay una sola esquina sin servicio de transporte idílico 
Los cobradores te recitan versos borgeanos de memoria
Y si te subes a la Cotum allí prefieren a Melgar
Doy de vuelto dos Yaravíes 
Porque la ruta es larga y tengo que pagar esta vez
Así despilfarro poemas por las ventanas lunares
Impregnándose en las tiendas del centro prehistórico. 
(Christian Pastor Cervante)