Plegaria por la vida

Dios mío, nos has dado la tierra,
de bosques, montañas y ríos,
de valles y desiertos 
de mares y lagos inmensos.
Nos has dado el sol,
la luna y las estrellas de la noche.
No has dado la vida,
los árboles, las flores y las ramas,
para vivir como hombres
y conservar lo que nos has dejado,
y cuidar las semillas que florecen 
en todos los rincones de la tierra.
Mas hoy que camino por selva oscura,
acosado por dientes y garras,
veo contaminados estos mares,
estas aguas, estos ríos ayer transparentes.
¿Dios mío, de quién son esas manos
tan blancas de sangre ya manchadas,
que perforan sin piedad
el mar, el desierto y la selva que nos has confiado?
Dios mío, están matando, otra vez,
las raíces del Perú,
las raíces de la tierra.
¿De dónde vienen esas fauces
a devorar los árboles
y la vida que en los árboles habita?
Oscuro está el camino para andar,
pero camino entre sudores y lágrimas terrestres,
preguntando por aquello que no veo
los árboles, los ríos, los nevados
y el manantial que irrigó toda mi infancia.
Se ha levantado un clamor en plena selva,
rugen los animales, los hombres y las plantas,
sólo desean vivir como vivieron los ancestrales días,
pero la mano aquella,
que escarba la tierra y los mares,
escarbar desea con furor bajo los árboles,
bajo el río de amazónicas aguas,
y matar la vida que nos has dado.
Dios mío, estando yo aquí,
en selva oscura,
oigo el rumor de los árboles que caen,
siento el dolor de los huérfanos que quedan,
siento el terror de las plantas
que a orillas de los ríos crecen,
de los pájaros que desde los orígenes 
viven en la selva que fenece;
son ellos quienes me sugieren la plegaria,
por la ventana de mi alma.
¡Dios mío, calma su dolor y su desgracia!

(Porfirio Mamani Macedo - París, 13-06-2009)