AMOR ENCERRADO

Un joven muy deprimido, tanto que ha cerrado su mente y se asila en su cuerpo, está en la cárcel de su pequeña ciudad que posee un clima cálido y de personas discretas, que da un ambiente de paz, su situación actual lo aleja de las personas que ama, que son muy pocas; pues siendo un niño quedó huérfano. Daysi la mujer a quien ama y Lourdes su única amiga, son las únicas personas por quien espera salir.
Los días en la prisión transcurren lento, trata de no relacionarse con los demás prisioneros, sabe que no es su mundo y no debería estar allí, fue acusado de asesinato, dicen que mató a una mujer y él lo va a negar. Cuando sale al patio trata de no llamar la atención, su único compañero es un joven con apenas 18 años cumplidos, pequeño robo, pequeña condena.
Tiene confianza que saldrá pronto, pero no hay pruebas en su contra, la única visita que recibe es de su amiga Lourdes, que sentada frente a él, solo le mira y de vez en cuando le dedica una sonrisa, no hay palabras de por medio y ese mínimo contacto con el exterior es lo que  le mantiene vivo. No sabe por qué Daysi no vino, ni viene a verle, tal vez sí, siente vergüenza, decepción.
Sabe lo que hará cuando salga, le irá a ver y hablará con ella. El lunes llega, el carcelero le dice que saldrá el viernes, que no hallaron pruebas en su contra, sonríe internamente, él ya esperaba esa resolución, los días son eternos y su desesperación aumenta.
A su salida, Lourdes le espera afuera, van a casa de ella, vivirá allí un tiempo. El Lunes muy temprano Lourdes elige el peor momento para su ansiada conversación con él, escucha los sonidos que salen de boca de Lourdes, pero no oye palabras, con desesperación sale y corre sin destino fijo, sus pasos lo conducen al cementerio, el único lugar que conoce bien, allí duermen sus padres, los visita múltiples veces. Allí le espera Daysi, inmóvil y silenciosa, él no puede mirarle al rostro, comienza a hablar, le reclama todo lo que guardó en su momento, sus palabras pierden sentido, cuando se ha desahogado y su ira ha disminuido, por fin, se permite llorar, el silencio que le rodea, la soledad que le inunda, nunca se sintió más solo en su vida, ser huérfano no dolía tanto, es más doloroso haber tenido amor y haberlo perdido, a que nunca se haya sentido y no sepa que exista.
Daysi está extrañamente recostada, fría en un ataúd, no creyó en las palabras de Lourdes, pero la realidad golpea duramente, ante lo que sus ojos ven, solo queda asentir.
Se rumorea en la ciudad que había una pareja de jóvenes enamorados, en un accidente confuso, el varón fue acusado como autor de un asesinato, él estuvo mucho tiempo en prisión, y la joven no lloró, siguió con su vida, eso hacía dudar de aquel amor, algo le atormentaba, más tarde se sabría que embarazada estaba y no del que se esperaba, llegando al límite, con su vida acabó.
Hijo del joven no era, la verdad la embarraba más, Daysi lo había usado para tapar su pecado, desafortunado amor, no sabrá, si alguna vez ella lo amó, si él único sincero fue él.
Viaja muy lejos, no volverá jamás, siempre tendrá la ayuda de Lourdes, que lo acompañará en su viaje. Lourdes siempre lo amo, pero no intentó nada, ahora sería buen momento para intentar ser feliz, por lo menos en el tiempo que él lo necesite, ella estará allí.
En la nueva ciudad nadie los conoce y el sentimiento mutuo de desconcierto los une más, es difícil predecir lo que vendrá, pero juntos piensan, cada uno por su lado estar.
Una semana había transcurrido, tiempo en el que él y Lourdes pasaron como simples visitantes en este nuevo lugar el doble de grande que la anterior ciudad, en lugares grandes las personas se vuelven indiferentes a los problemas ajenos.
Alquilar cabañas es un negocio muy rentable, cabañas convenientemente ubicadas en las afueras de la cuidad, separadas una de otras crea una propicia privacidad, es el lugar más conveniente para que él y Lourdes vivan. Sin muchas preguntas y sin un plazo fijo de estadía se firma el contrato.
La cabaña lo suficientemente amplia para que dos personas vivan, tiene dos cuartos, cocina, comedor y sala; con la residencia asegurada solo les queda conseguir un trabajo que les dé lo suficiente. Lourdes ama tocar el piano, un lado muy delicado suyo, puede impartir clases particulares, además coser le va muy bien. Él tiene mayores opciones, de pequeño fue desde limpia botas hasta albañil, todos estos trabajos alimentaban su única diversión, los libros.
Él camina a lado de Lourdes por las calles de la cuidad, las personas del lugar están acostumbradas a los extraños, no les prestan demasiada atención. Lourdes le dice que la mejor forma de conseguir trabajo es entablando conversación con las personas que se reúnen en la plaza, allí mismo van, Lourdes sabe cómo agradar a la gente, acuerdan reunirse en la biblioteca de la cuidad a las 4 de la tarde. Él se dirige a las bancas en donde se encuentran tres hombres conversando, sin la intención de incomodarles se sienta en la banca siguiente. Muy tranquilo él respira el aire a su alrededor, siente sus sentidos adaptarse al ambiente, no puede evitar escuchar la conversación que se desarrollaba muy cerca de él, hablan de libros y autores un tema que conoce muy bien, le llama la atención. Cuando se ha percatado, tiene una acalorada conversación agradable y divertida con esos hombres, al final del día consigue empleo, el bibliotecario de la cuidad, un hombre mayor, se va a jubilar. Álvaro, el Alcalde de la ciudad, uno de los tres hombres, le ofrece el puesto, él no se niega, es un buen trabajo.
Son las 4 de la tarde, él espera sentado en una de los escalones de la biblioteca, Lourdes apura el paso y se detiene frente a él.
—Donde estamos —pregunta él.
—En la entrada de la biblioteca —le responde ella.
—No logro entender.
—Este será el lugar donde trabajaré —él sonríe al responder.
Lourdes admira su rostro, el impulso nace de su interior, sus brazos le rodean, yo también conseguí empleo dice ella, él ríe y Lourdes se emociona por dentro, no fuiste a la única a quien le funcionó el hablar con las personas de la plaza dice él.
Toman el camino de regreso a su nuevo hogar, conversan como nunca, o como siempre, antes de que conociera a Daysi; al llegar la noche el sueño los golpea, se despiden e ingresan a sus respectivos cuartos, la alegría que siente Lourdes le hace mantener la sonrisa intacta en su rostro, siente que ha recuperado a su amigo. El tiempo hará lo demás.
(Bustinza Jacinto, Alisson Luzbi)
I.E. León XIII - CIRCA