EL MEJOR REGALO
Era lo que más deseaba en todo el mundo y lo tenía a unos metros de mí, al menos era eso lo que yo pensaba.
Miraba atentamente la caja que estaba bajo el árbol, sí esa caja; la roja; siempre era la mía. Algo me decía que dentro de ella estaba lo que todas las navidades había esperado…
—Pavo, ¿cierto?— dije.
—Sí, como a ti te gusta cariño —me contestó amable mi nana.
Todos los años nos reuníamos con la familia de papá; pero al parecer esta navidad no sería como todas las anteriores.
—Tic tac —sonó el timbre.
—Yo abro —dije alegre, estaba casi segura que era mi tía Lida, ella era la primera en llegar a poner la alegría todos los años, aunque esta vez traería a alguien más, estaba emocionada, ya quería conocer a mi nueva primita.
Abrí la puerta.
—Buenos días —dijo aquella mujer que al parecer no venía sola, un joven muchacho, este llevaba en sus manos unos regalos.
—Eh… disculpe, pero creo que se equivocó —lo pensé bien, quizás ellos pertenecían a un grupo social y llevaban los regalos a todas las casas, aunque esta no era una zona tan pobre.
—No, estoy segura que es aquí —me contestó rápidamente, su voz parecía transmitir seguridad, pero sus ojos, sus ojos… me pareció haberla visto en otro lugar antes.
—¡Cuánto tiempo sin verte! —dijo papá acercándose a la no tan joven mujer.
Se abrazaron durante un buen tiempo, yo estaba desconcertada, papá no podía ni debía reemplazar a mamá, claro que no podía.
Fui corriendo a mi cuarto. No podía alejar de mi mente a esa señora, pero ¿Por qué papá la había invitado? ¿Por qué sus ojos tenían ese brillo especial?
—Pero que tonta soy —me dije a mi misma, que hacía aquí, mientras ellos están solos abajo, ¡solos!, Salí presurosa de mi cuarto hacia la sala.
Al poco rato volví, esa mujer debía saber que hay una mujer en esta casa, y esa era mi mamá, así que saqué la única foto que tenía ella, una en la que estaba muy joven incluso antes de que yo naciera, y la llevé conmigo.
Lo pensé bien, tengo 14 años, no haría una niñería como esa, estuve a punto de dejar la foto, quizás mi hipótesis no era cierta, pero ¿Quién más podía ser? Si mi papá la abrazó y por un largo tiempo, claro que no era una simple amiga.
Lo haría, llevaría la foto conmigo, lo haría por mamá.
Regresé a la sala, mi tía Lida y mis primos ya estaban allí y esa señora, ¿estaba sentada en el sitio de mi mamá? Nadie se había sentado antes allí, todas las personas respetaban ese lugar. Me acerque a la señora y le dije:
—Disculpe, pero ese es el sitio de mi mamá —se lo dije  con un tono poco amistoso, papá vino corriendo hacia mí y se disculpó con aquella mujer.
Fui a saludar a mis primos, mi prima era hermosa, tenía una carita muy tierna, aún tenía 2 meses y medio, todos mis primos ya habían crecido.
Todo estaba bien mientras los saludaba hasta que me di cuenta de que… ¡me estaba vigilando! No separaba la vista de mí.
Fui hacia ella, no quería que se haga la idea de tenerme como hijastra, tuve que mentir, nadie podía ocupar el lugar de mamá.
—Le dije que era ese el sitio de mi mamá —esta vez se lo dije respetuosamente para que mi papá no se alarmara tanto— ella… —le aclaré— está de viaje, pero me prometió que vendría hoy a las cuatr…
No pude terminar de explicarle lo del “viaje” de mamá porque se echó a llorar y fue encima de mí a abrazarme.
Quise apartarla de mí, pero no sé porque todo el odio que había sentido minutos antes se había transformado en cariño. Me sentí rara, ¿Por qué me sentía así? Por un momento creí que era mi mamá, una lágrima se deslizó por mi mejilla.
—Así que ya lo sabes —me dijo papá.
—Shhh… —dijo nerviosa la mujer.
—¿Saber qué? —me intrigué.
—Mira mi vida —me dijo mi papá haciéndome sentar sobre sus piernas —el regalo que tanto esperabas. El primero, en la carta que escribiste, ¿lo recuerdas?
—¿Qué? —esto no podía estar pasando mi primer deseo era traer a mi mamá de vuelta; pero eso no era posible quizás papá confundió las cosas y habla del segundo deseo, el que sí se puede cumplir. Pero cuando esa frase sonó…
—Ella, es tu madre —mi reacción fue abrazarla y empecé a llorar sobre ella, siempre soñaba con ese momento aunque sabía que jamás se cumpliría.
Pero, ¿si mi papá mentía? No, no lo creo jamás jugaría con eso.
¿Mamá había estado en la cárcel? Me explicaron que fue una injusticia.
—Pero, papá ¿Por qué no me lo contaste?— le pregunté.
—Porque tú te sentirías mal, una niña de tu edad no va a las cárceles y tú hubieras querido hacerlo, así que decidí matarla de nuestras vidas.
Luego de reflexionar en mi cuarto salí feliz, ¿acaso no era ese mi mayor sueño? debía disfrutar al máximo con mamá todos los años que había perdido. Y esta era una fecha muy especial.
Ya no me importaban los regalos, solo me importaba el hecho de pasarla bien con mi familia.
Seudónimo: “Lugalaxy”